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Una mecha prendida en femenino

Elisa Chacartegui fue la primera mujer en lanzar el Chupinazo, a sus 40 años y tras haber sido también una de las primeras concejalas en el Ayuntamiento de Pamplona en 1979

Virginia Urieta - Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Elisa Chacartegui, con el traje que vestían las concejalas el día que lanzó el Chupinazo en 1981.

Elisa Chacartegui, con el traje que vestían las concejalas el día que lanzó el Chupinazo en 1981.

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Elisa Chacartegui, con el traje que vestían las concejalas el día que lanzó el Chupinazo en 1981.

“En el 78 parecía que los Sanfermines se habían terminado, teníamos que hacer que resurgieran”

Para ella los Sanfermines auténticos son “los de antes. Los de cuando Pamplona era pueblo... Y tenían su razón de ser”. Elisa Chacartegui (1941), contundente pero emocionada, se remonta con cierta nostalgia a las fiestas de ese 1981 que la convirtieron en la primera mujer en prender la mecha de un Chupinazo hoy multitudinario y mucho menos íntimo de lo que era entonces, cuando en plena calle y a ras de suelo, sin grandes despliegues, la fiesta se encendía de una manera “más personal y única”. Las fiestas que vivió ese año, como las de 1979 -cuando fue una de las primeras mujeres en formar parte de la corporación municipal (por UCD)- fueron especiales y sentidas. Sobre todo, dice, porque salieron adelante en común, con la participación y la ayuda de todos.

“La del 79 fue una concejalía maravillosa, y eso que el año anterior ocurrió lo que ocurrió. Después de haber tomado posesión en abril, las cosas estaban un poco revueltas”, señala Chacartegui. Asume que fue un año difícil porque tras los sucesos del 78 “parecía que los Sanfermines se habían acabado para siempre. Teníamos que conseguir que resurgiera ese espíritu de las fiestas de antes, en positivo. Y nos volcamos en ello pero fue algo real gracias a que la ciudadanía colaboró muchísimo: todo el mundo quería que salieran bien, y eso fue mérito de los pamploneses. Todos y todas se volcaron”, recuerda.

Las peñas ya demandaron ese año que Pamplona se convirtiera en una auténtica “explosión de fiesta” pero sin olvidar los trágicos sucesos del 8 de julio, que pidieron esclarecer, denunciando la “campaña discriminada de la policía contra los ciudadanos” por las continuas detenciones injustificadas, además de expresar su preocupación “por las agresiones que está sufriendo la cultura vasca en general y el ‘eusquera’ en particular”, recogían algunos periódicos.

TIEMPOS MODERNOS No fue hasta 1981 cuando Chacartegui lanzó el cohete. Y al día siguiente publicaba la prensa que con ella se introducía en el rito del Chupinazo “un nuevo aditamento, acorde con la modernidad de los tiempos”, resaltando precisamente el hecho de que fuera una mujer quien prendiera la mecha de la fiesta. La primera en hacer historia. “A Elisa, que estuvo nerviosa durante toda la mañana, no le tembló el pulso ni se le quebró la voz cuando, desde el balcón principal del Ayuntamiento y ante una multitud que se agolpaba en la calle, gritó en castellano y vasco: ‘Pamploneses, viva San Fermín. Iruñarrak, gora San Fermín’ -plasmaba la edición impresa de El País-. Ella misma lo recuerda, nítido, como un suceso que se ha mantenido siempre fijo e inerte en su memoria. Y destaca esas palabras en euskara que todavía hoy le acompañan, unas que, aunque ya pronunciadas por otras muchas bocas y con otras tantas frases, siempre despiertan en Chacartegui un sentimiento especial. Esa morriña implícita en cada seis de julio que le sobreviene ahora sentada con su “vinico” y su almuerzo sobre la mesa, a casi 800 kilómetros de Iruña. “Todavía me emociono, y lloro, cada vez que pongo la tele y veo el Chupinazo”, confiesa.

Explica que el cohete se tiró por primera vez de manera institucional “en el año 41”. Ella prendió la mecha 40 años después y en su 40 cumpleaños. “Fue especial. Tuve la suerte de ser la primera, antes no había prácticamente mujeres en sociedad o como concejalas, así que tampoco podían tirarlo. Es una manera de abrir camino y eso me hace sentir orgullosa”, cuenta, asumiendo que fue una decisión del alcalde. “Le tocaba tirar a mi partido, y a otro compañero, pero no pudo y decidieron que lo hiciera yo”. Emocionada, relata que es “como cuando invitas a todo el mundo a tu casa y quieres que todo salga perfecto. Empieza la fiesta y eres la anfitriona… Es algo precioso”.

El primer encierro de las fiestas ese año corría a cargo de los toros de la ganadería de Pablo Romero y asegura que es algo que no se pierde nunca. “No lo perdono, me gusta verlo desde casa esté donde esté”, apunta, aunque explica que su momentico es otro: “La subida del Santo, cuando termina la procesión y llega al pórtico de la Catedral acompañando al obispo. Con la banda tocando, empiezan a sonar todas las campanas, se oyen hasta las de la Cuenca. Es precioso. Yo me quedo con eso”.

a bocajarro

¿Cuanto gasta el día 6? Ni lo sé. Ahora, jubilada, nada.

¿Recuerda alguna juerga memorable en San Fermín? En las escaleras del bar Bearin, con unos amigos riéndonos toda la noche.

¿Un acto fuera del programa? Creo que el programa es muy completo.

¿Su momentico? La subida del Santo y su llegada a la Catedral.

¿Un remedio para la resaca? Comer mucho y... pasarla.

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