El peor final posible

Lander Santamaría - Sábado, 7 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Se veía venir. Trasladado a Pamplona el menhir de Soalar, joya de la corona arqueológica cuyo deterioro era fiel reflejo del abandono y desidia a la que se había llegado en el museo, defenestrado estudiadamente su grupo impulsor a causa de la acción en especial de una enredadera trepadora cuya trayectoria cultural y mayor mérito ha sido ni hacer ni dejar. En el fondo, subsiste larvada y absoluta la falta de sintonía entre las partes principales y ya no cabía algún o ningún optimismo. El pintor Javier Ciga y su obra valiosísima y expresión como ninguna otra del sentimiento de este pueblo, vuelven al armario del abandono y el olvido institucional.

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