Mesa de Redacción

Placeres marítimos

Por Víctor Goñi - Martes, 7 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Para que no nos dé un mal al aterrizar abruptamente en el tajo por mucho que el trabajo nos agrade, conviene retener en la memoria el compendio de las dichas acumuladas en el descanso estival, de modo que opere como un depósito vitamínico de orden emocional. El salitre en las mejillas bañadas al sol, la brisa siempre de cara. El flotar en piscina boca arriba, la ducha fría sobre la testa. La observancia del horizonte celeste, la escucha del romper de las olas susurrantes. El amanecer sin despertador y la siesta larga al tacto de un cuerpo rico. El sabor de la fritanga sabrosa, el aroma a fruta fresca. O el trago de cerveza gélida a mediodía, ese primer sorbo al mojito cuando otra tarde se nos fuga. Y más allá de los concretos placeres tangibles, el indescriptible gozo de instalar la mente en off, de relajar el cerebro a mínimos de actividad sensorial, casi vegetativa. Consagrándonos con fruición a las relaciones interpersonales, a poder ser con la jacarandosa ingesta de delicias de mesa líquidas y sólidas, reduciendo el visionado del móvil hasta prácticamente olvidar su absorbente existencia mientras atendemos con interés verdadero a las historias cotidianas de la gente próxima y a sus íntimos sentimientos. Deleites a orillas de los mares que rememorar cuando la rutina se imponga hasta robarnos el aire.