la carta del día

La cultura relegada a la periferia

Por Natxo Barberena - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Ya la periferia ¿quién acude? Nadie va a la periferia a pasar su tiempo de ocio y disfrute salvo que vaya a consumir a un gran centro comercial. Donde realmente se da el encuentro, allá donde más gente acude y se concentra, donde pasan cosas, donde gusta ir y pasear, es al centro de la ciudad. Si consideramos el Casco Antiguo de Pamplona como el centro histórico de la comarca, ¿con qué nos encontramos?

En palabras de Paco Roda (artículo publicado el 25 de junio de 2018 en DIARIO DE NOTICIAS) con un “barrio-negocio”, “un hipermercado al servicio de empresas privadas (...) todo lo que huela a pasta gansa”. Y la cultura precisamente no reporta beneficios monetarios inmediatos. Por eso, fijaos bien, los espacios culturales importantes se han llevado a la periferia: el Centro de Arte Contemporáneo en Huarte, la Fundación Oteiza en Alzuza, el Museo Universidad de Navarra en el campus con dificultad de acceso, la Biblioteca General, la Filmoteca y la Escuela Superior de Música en el extremo de Mendebaldea, ninguna facultad universitaria en el centro, hasta el Museo de Navarra queda en el borde del centro. ¿Cuántas veces habéis acudido a uno de estos lugares, por ejemplo, en el último año?

Estos espacios están vacíos de público, sobre todo, por tres causas principales: no generan programaciones atractivas para el público, no enganchan;la ubicación en la periferia los convierte en invisibles;y su excesivo individualismo elitista viviendo ajenos a la realidad que les rodea.

En marketing de ventas se dice que lo difícil es que una persona entre en tu negocio, si consigues eso lo conviertes en posible cliente y si le resultas atractivo en un comprador. En cultura no es tan distinto, si conseguimos que la gente entre a los espacios culturales y se le entusiasma, tendremos público cultural y la gente inquieta demandará más y visitará los espacios culturales periféricos generando una red cultural de primer orden.

“Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Si la gente no se mueve a esos espacios, si esos espacios no generan atracción, habrá que plantear un gran espacio cultural en pleno centro de la ciudad, allí donde acude la gente en su tiempo libre y engancharlo a pie de calle con programaciones atractivas y dinámicas partiendo del impulso del arte local, aquel que es capaz de movilizar porque es el que más conecta con su propia gente.

En palabras de Marta Gili (actual directora del museo de arte contemporáneo Jeu de Paume de París), “se trata de promover un espacio de libertad, abierto y plural, como lugar de deambulación activa y no como un trayecto vencido por todo un arsenal de repeticiones, palabrería y presunción”.

Vaciar de contenido cultural el centro de la ciudad es dejarla sin alma, solamente como un espacio de ocio basado en el consumo puro y duro, en una barra gigantesca donde no hay otra alternativa. Porque a la gente le gusta ir donde está la gente, la propia humanidad contagia buen rollo, pero quedarnos en el botellón es quedarnos solo en la fiesta y la fiesta desahoga pero no hace crecer.

Todo lo que no se haga por inacción, olvido o pereza intelectual, será adelantar una muerte dulce(amarga, diría yo) de la cultura propia.

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