El rincón del paseante

De comercios, vida y opiniones

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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hola personas, ¿Qué tal va esa vida?, bien, seguro, por muy mal que estemos, solo con pertenecer a esta sociedad occidental, que tanto criticamos, ya estamos bien, hemos de considerar que en esta vida todo es relativo y la comparación de nuestras vidas con las del resto de gran parte del mundo es de una diferencia ofensiva, dolorosa. Somos los pijos del planeta. Así que… a no quejarse.

Bien, dicho lo dicho diré que esta semana he vuelto a mi querido casco viejo y he ido a unos sitios muy conocidos y muy interesantes.

Comme d’habitude he bajado por Carlos III y he visto una escena alucinante: sentadas en las escaleras de la iglesia de los capuchinos había seis zangolotinas, como hay casi todas las noches, pero en esta ocasión algo era diferente, algo lo hacía de Cuarto milenio: ¡estaban hablando entre ellas y ninguna llevaba el móvil en la mano!, una hablaba, las demás escuchaban y de vez en cuando intervenían en la conversación, sin un puto móvil a la vista. ¡¡¡¡OS LO JURO!!!!

Hay futuro, me dije.

He llegado a la plaza del Castillo y he bajado por mi querida Chapitela que tantos recuerdos de infancia me trae. En esa calle mi familia tenía un negocio por lo tanto la frecuenté y pasé muchas horas jugando en la plaza y en los porches de la esquina;y pedí caramelos de “tírame la pesa” a la señora del quiosco que había al final, esquina con Calceteros, y la quiosquera se ciscaba en nuestras madres y ponía en tela de juicio la integridad moral de las mismas y, al grito de : que os los de vuestra puta madre, cabrones, nos perseguía Chapitela arriba;y tomé muchos chocolates con churros en Alfaro;y compraba tabaco para mi padre en un estanco que regentaba la novia de Popeye;y me compraron mi traje de primera comunión en la Madrileña;y el reloj que con tal motivo me regaló mi abuela era de Onsalo;y de mozuelo los Reyes Magos me trajeron una pelliza de piel que mercaron en Dimas Ibáñez;y nunca necesité gafas pero de haberlo hecho serían de Rouzaut;y compré mis primeros discos en Elur, un primer piso donde se vendía cultura, modernidad, apertura de miras y donde, empezando por el portal que tenía un precioso mural con una portada de Osibisa, ponían una nota de color al blanco y negro de la Pamplona del 72, Lola se encargaba de los discos, Antonio de los libros, aquel piso fue el embrión de la añorada Librería El Parnasillo (RIP), templo de la cultura y la libertad;y vi desfilar a las Majorettes de Nimes con unas escandalosas minifaldas;y muchas cosas más, calle muy vivida, muy querida, en ella nació mi madre. Además.

Pasito a pasito me he presentado frente al Ayuntamiento .

La casa consistorial se encuentra en Pamplona ubicada en el mismo sitio desde 1423, ya que el Privilegio de la Unión, dictado por Carlos III el Noble, lo señalaba como lugar idóneo por estar en tierra de nadie y equidistante a los tres burgos que se acababan de unir, Navarrería, San Nicolás o de la Población y San Cernín o de los Francos.

Para albergar el regimiento se levantó un edificio que con los siglos pasó a ser un viejo y destartalado caserón. Se derribó en 1751 para construir uno de nueva planta según los planos del arquitecto Juan Goyeneta. Nada queda de su obra ya que en 1951 fue derribada para construir el actual edificio consistorial. Lo que sí se salvó fue la fachada barroca, pero ésta no era de él sino de José de Zay.

En Pamplona tenemos a dicha fachada por una de nuestras joyas arquitectónicas, y para mí indiscutiblemente lo es, y estamos muy orgullosos de ella. No solo es eso sino que además es seña de identidad de la Ciudad, elemento común a todos, casa de todos.

Sin embargo no todo el mundo está de acuerdo en semejante apreciación tan valorativa de la misma. A lo largo de los siglos han pasado por Pamplona viajeros de muy distintos lugares, tiempos y tendencias y aunque hay alguno que la aplaude a la mayoría no les parece obra de gran mérito ni de gran valor.

José María Iribarren tiene un delicioso libro titulado Pamplona y los viajeros de otros siglos, (Institución Príncipe de Viana, Pamplona 1957), en el que se leen algunas perlas que traigo hoy a colación.

Dice, por ejemplo, Victor Hugo en su viaje por España de 1843 : “El ayuntamiento de Pamplona es un pequeño y elegante edificio del tiempo de Felipe III (gran error por parte de Victor Hugo, reinaba Carlos III de Borbón). La fachada (…) es a base de arabescos y volutas aplanadas que parecen cortadas en la piedra con un sacabocados. El frontón está coronado por leones, campanas y estatuas que forman un tumulto agradable a los ojos.”

No es mucho decir, yo diría que le dejó frío al bueno de D. Victor.

Justino Cenac-Moncaut, escritor francés que nos visitó en 1856 dice de la fachada que le parece “pesada”. Juan Mañé i Flaquer, periodista catalán que vino por aquí en 1877, dice que el edificio del ayuntamiento resulta “poco recomendable”. Pedro de Madrazo y Kuntz, perteneciente a una gran saga de artistas, abogado, erudito, académico de Historia, fue el más crítico con nuestra querida fachada, decía de los Hércules con porras que coronan el ático y de la estatua de la fama que triunfante con su trompeta se yergue sobre la ciudad que eran “ de vulgarísimas formas, con escudos a los lados entre las zarpas de sendos leones tenantes que más parecen perros que leones”, y se extiende largo y tendido no dejando piedra sobre piedra. Y, por último, veamos que decía el también escritor francés Gilberte Guillaumie-Reicher: “…es una obra del más perfecto mal gusto…”

En fin, como veis, no les causaba gran sensación la joya de nuestra corona.

Quizá sea verdad que es una obra con gran mezcla de estilos, tiene capiteles, dóricos, jónicos y corintios, tiene volutas rococó en los vanos, tiene un ático con un tímpano netamente neoclásico, y la Prudencia y la Justicia que flanquean la puerta principal, junto a los Hércules y la Fama que junto a los pobres leones rematan el edificio, quizá no sean las mejores esculturas del mundo, pero a nosotros nos gusta y que no nos la toquen, si no les gusta que no vengan, oye.

He abandonado el consistorio y he seguido Santo Domingo para abajo, hasta llegar a la plaza del mercado, iglesia de Santiago, seminario de San Juan etc, etc, pero como aquí el espacio manda y éste ya se ha acabado, lo dejaré para el domingo que viene y nos daremos un baño de casticismo pamplonés.

Hasta el domingo que tengáis una semana de esas de no creerse.

Besos pa’ tos.

Facebook: Patricio Martínez de Udobro

patriciomdu@gmail.com

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