UNO DE SUS TRABAJOS 'MÁS EMOCIONALES'

Entre dos orillas, pasado y presente

El pintor pamplonés Fermín Alvira expone en el Batán de Villava ‘El Puente de la vida'

Virginia Urieta / Oskar Montero - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Fermín Alvira, frente al puente de la Trinidad de Arre, con el cuadro que dibuja la misma construcción en acuarela y papel.

Fermín Alvira, frente al puente de la Trinidad de Arre, con el cuadro que dibuja la misma construcción en acuarela y papel. (OSKAR MONTERO)

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Fermín Alvira, frente al puente de la Trinidad de Arre, con el cuadro que dibuja la misma construcción en acuarela y papel.

“Es una muestra especial por el momento vital y porque me la he tomado de manera terapéutica”

Pamplona- Hay puentes que sirven para tender caminos. Para conectar vidas, unir historias y para ser testigos, aunque mudos, del paso del tiempo, del agua y de todo lo que la corriente lleva consigo. El pintor pamplonés Fermín Alvira sabe bien de estas metáforas, que ha recogido y plasmado en acuarela y tinta china para conformar El Puente de la vida,su último trabajo ymuestra que se puede visitar hasta el 9 de septiembre en el Batán de Villava. Cuenta con 24 obras (también algún óleo) que recogen diferentes estampas de la ciudad y sus pasarelas, y el escenario no podía ser otro, coronado por el puente de la Trinidad de Arre, que se alza imponente engalanando un paisaje salvaje pero apacible.

El puente, señala el artista, supone un cambio de perspectiva. “Estoy en un momento en el que, por motivos familiares, la lucha por la vida ha estado y está muy presente, y cuando me propuse esta exposición eso me llevó a pensar en ello, de ahí el título”, relata. Un viaducto “es eso que nos encontramos en la vida, en su camino. Unos nos ayudan a seguir adelante, otros a ver las cosas de otra manera, a valorar el momento. Ver el río desde él es una práctica normalmente muy relajante, que te sitúa en el momento, en el instante”.

Pero Alvira va más allá y precisamente esa temporalidad le lleva en su reflexión a fundir diferentes recursos, con el agua no sólo como tema sino también como técnica, disolviendo en ella el óleo cuando lo utiliza. “El agua me da azar: hay una parte que tú mismo no controlas, y esa es otra metáfora en la vida. En la medida en que podamos ser aliados del azar, verlo como algo positivo y aprovechable, eso que ganamos”, valora.

También juega en sus trabajos con las manchas, que le sitúan en un instante “único e irrepetible” del proceso pictórico, y le conectan con la emoción del momento. “Hay que saber respetar el tiempo de ejecución, porque el agua se tiene que secar. Muchas veces combino la obra en vertical y en horizontal, esperar el tiempo de la obra también te pone en otro plano”, señala, abogando por dejar que las cosas fluyan. Como el río, al fin y al cabo.

Los puentes viejos de Sorauren, Arre o Burlada, los de Ugalaldea, Santa Engracia o Cuatro Caminos y La Magdalena son algunas de las pasarelas que ha recogido, trabajando con fotografías hechas por él mismo a las que después ha dado forma en casa, sobre lienzo y sobre papel.

Completan la exposición, además, las series Rincones y Marinas, con cuatro y cinco trabajos respectivamente, sobre diferentes lugares relacionados con el mar. Hay incluso un pequeño txoko para que los más pequeños participen de la muestra e incorporen a ella “los puentes de sus vidas”, tal y como ellos los ven. La encabezan dos dibujos de la hija de Alvira, Marina, de 7 años. Y ha heredado los genes de su padre. “Las exposiciones no deben ser algo ajeno al público, a ninguno, y también es interesante acercar el arte al infantil. Es una oportunidad para participar de otra manera”, revela el pintor.

La muestra, que le ha llevado unos tres meses de trabajo, ha sido elaborada en primavera. Casi “instantánea” y de vivos colores, aunque la tinta china le ha llevado también a combinar el blanco y el negro.

Emocionalmente cercanos Los puentes, por su parte, también tienen cierta conexión con la ciudad y su historia. Despiertan para él sentimientos y por eso ha elegido los que ha elegido, ya que -asegura- no ha intentado hacer un catálogo sino simplemente recoger los que emocionalmente son para él más cercanos. “Mis padres me cuentan anécdotas de cuando eran niños y vivían cerca de estos puentes. Es algo bonito, forma parte de nosotros. Antes se convivía mucho más con el río que ahora: bañarse, caerse, pescar, lavar la ropa… Puente y río son testigos de la historia, de lo personal. Como arquitectura antigua que es, guarda un valor añadido”, valora el artista. Uno de sus favoritos es el de San Pedro, aunque no sabría con cual de todos quedarse.

“Ha sido mi exposición más emocional. He hecho muchas, pero esta tiene algo especial en ese sentido. Lo es por el momento vital y porque me la he tomado de una manera terapéutica, es un proceso. La elección de los temas, el momento y la forma de hacerla ha sido autobiográfico y emocional”, confiesa. Sobre trabajos futuros, asegura que siempre está pensando en lo siguiente, pero sin una pretensión concreta. “Seguiré en la línea de la síntesis, de trabajar el vacío, porque una parte importante en mi obra tiene que ver con parte de esa esencia”, avanza.