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Juez de línea

La sombra de Mendi es alargada

Por Félix Monreal - Domingo, 23 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Roberto Torres entró en el partido y el resultado cambió.

Roberto Torres entró en el partido y el resultado cambió. (Foto: Patxi Cascante/Mikel Saiz)

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Roberto Torres entró en el partido y el resultado cambió.

En el vestuario comparan a Jagoba Arrasate con Mendilibar. Dicen que algunos de sus métodos, la forma de expresarse como entrenador, recuerdan, con matices, al técnico vizcaíno, ahora en el Eibar. El propio Arrasate ha reconocido en entrevistas que le gustan cosas del fútbol que practica el equipo armero. No sé si fue por ahí, por el lado de la intensidad que Mendi exige siempre a sus futbolistas (y por la que él mismo despliega con desbocada energía desde el banquillo), por donde comenzó a recomponerse Osasuna durante el cuarto de hora de pausa. La energía que exhibieron futbolistas como Unai, Barja o Brandon era contagiosa;era imposible no acompañar esa presión al rival, no comprometerse en la pelea por cada balón o quedarse parado aunque el pase llevara dirección a Mutilva. Ese equipo evolucionaba como un ejército bien adiestrado, con movimientos acompasados y cumpliendo una orden tácita: el rival no cruza la línea de medio campo. Hay un dato relevante que manifiesta ese compromiso del grupo: la entrada en el partido de Roberto Torres. El centrocampista taciturno y protestón de otras tardes, desquiciado de sí mismo, puso una velocidad más a la presión;nada más pisar el verde, tomó el balón, recortó y buscó el gol con un disparo raso y pegado al palo. Casi de forma inmediata, arrancó decidido con la pelota para asaltar el área y sufrió una falta. De ahí vino el gol de Rubén García. Es una certeza que mirando a la cara de Roberto Torres basta para saber cómo le va a Osasuna. Por eso es tan importante verle en el campo y verle contento. Luego entró Perea exhibiendo músculo y colocación;y Lillo por si alguien del Sporting cometía la temeridad de acercarse al marco de Rubén Martínez. Cambios de manual. También del que maneja Mendilibar.

Barja, por donde la cal.-Barja robando el balón, Barja rematando de cabeza, Barja asistiendo a Íñigo Pérez, Barja protestando al árbitro por una zancadilla no sancionada al borde del área... Al chico de Noáin debió motivarle el homenaje a su vecino Javier Flaño, o simplemente que hay tardes en el que el futbolista que lleva dentro revienta las costuras. Arrancando de donde la línea de cal, la añorada figura del extremo se hizo carne: gambeteo y balones al área. Su intensidad sacó del partido a Molinero, su marcador, que solo lo paraba con faltas. Comprometido en la presión alta de esa primera línea, lo kilómetros que corrieron también Brandon, Rubén García y David Rodríguez asfixiaron los pulmones de los futbolistas del Sporting.

Y la portería a cero.- Tan lejos jugó el Sporting del área de Rubén Martínez que hubiera sido cosa de milagro que marcara un gol. Aridane y Unai no cedieron un centímetro de terreno ni un gramo de balón. Nacho Vidal pudo desdoblarse en la segunda parte como a él le gusta y para Clerc fue una bendición la orden de jugar en terreno del enemigo porque en la primera parte ya provocó un serio contratiempo en su defensa en un despiste que casi termina en autogol de Unai. Ese cero en el cartón del rival también suma porque pone una venda en la sangría de goles recibidos. A Mendilibar le gustará este partido.

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