D. Quijote y la comercializadora de energía

Por Manuel Millera - Miércoles, 26 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

“Cuando soplan vientos de cambio, unos levantan muros, otros construyen molinos”

Proverbio chino

No sabemos qué hubiese dicho D. Quijote sobre la ecología…, pero los sucesivos gobiernos de Madrid no se han atrevido hasta ahora a atajar los privilegios de las empresas de energía. Pareció que los nuevos molinos de viento iban a traer otro aire a lxs consumidorxs: si hay mayor producción eléctrica, según la lógica de mercado imperante, la tarifa debería bajar… pero no. Todo lo contrario. El recibo de la luz ha subido en el último año un 12%, y los últimos 10 años cerca de un 100%. Un escándalo. Qué le voy a contar que usted no sepa… El negocio de la energía es el único en todo el entramado capitalista en el que, al firmar el contrato, no sabemos el precio que vamos a pagar. Estamos aceptando de antemano pagar la cantidad que las empresas nos quieran cobrar… ¡Es el colmo de la extorsión económica!

Cuando empezaron a florecer los gigantes de hierro en las siluetas de nuestros montes nos dijeron: “No tenéis por qué preocuparos, es por vuestro bien”. Pudimos perdonar el impacto visual porque tuvimos una gran esperanza en la nueva energía renovable, pero ya es momento de hacer balance y la conclusión es clara: una vez más, nos han engañado. La tarifa española es una de las más caras de Europa. Greenpeace publicó el jueves 13 un ilustrativo informe titulado Ayudas opacas a las energías sucias en tu factura que ayuda a entender por qué.

El precio de la factura eléctrica viene determinado sólo en un 40% por el consumo del usuario y en un 60% por los llamados costes regulados (sólo los precios de la subasta eléctrica diaria suponen un 35% del recibo final), entre los cuales hay que incluir los 800 millones anuales con los que el Estado subvenciona actualmente a las centrales eléctricas, una energía sucia y altamente contaminante.

La organización ecologista denuncia que en los últimos 20 años el Estado español ha subvencionado con 18.000 millones de euros a las empresas que mantienen centrales eléctricas. O sea, usted y yo regalando dinero a las empresas más poderosas del país. El Gobierno regala cientos de millones a las empresas más contaminantes, las que provocan el calentamiento global y el riesgo nuclear, incluso aunque no estén funcionando, ahí está la gran trampa. Porque estamos produciendo un 30% más de energía de la que necesitamos. Se han construido decenas de centrales nuevas, pero no se han cerrado las más viejas y peligrosas.

Estas subvenciones se denominan Pagos por capacidad y empezaron a funcionar con otro nombre, a finales de los 90, con Aznar I, el Humilde. Envalentonadas por las altas expectativas, las eléctricas se lanzaron a construir centrales de forma masiva bajo el padrinazgo del gobierno. Pero “no se cumplieron las previsiones y la burbuja eléctrica explotó. La crisis económica precipitó el descenso de la demanda, cuyas previsiones de crecimiento ya estaban infladas”.

Pese a ello, estas ayudas han sido permanentes en los últimos años y todavía hoy se siguen concediendo, independiente de que las centrales generen o no electricidad, según Greenpeace, en su papel de Sancho Panza sensato. En 2017 la Comisión Europea abrió un expediente a España por uno de sus pagos por capacidad, el de inversión medioambiental,al considerar que estas ayudas pueden ser ilegales “porque no están enfocadas a garantizar el suministro, sino al cumplimiento de los límites de emisión y, además, falsean la competencia en el mercado de la electricidad al beneficiar una tecnología por encima de otras”.

También es denunciable la opacidad de este sistema, ya que el Estado no publica a quién concede las subvenciones ni qué instalaciones en concreto las perciben. Oscuridad = sospecha. Con esos 18.000 millones que han recibido injustamente las eléctricas se podría haber solucionado de golpe la pobreza energética de 1,5 millones de personas que la sufren en el Estado español durante 15 años. Y aparte, a la electricidad se le sigue aplicando el IVA estándar del 21% a pesar de ser un producto de primera necesidad. El sector acumuló el año pasado más de un millón de quejas de consumidorxs.

¿Puede una ciudad mediana como Iruña luchar contra los gigantes del monopolio energético? Sí, con una comercializadora municipal donde se garantice que la soberanía energética no es un eslogan, como la que diseñara Aranzadi durante su mandato en la concejalía. Tomando decisiones democráticas podemos limitar los abusos. Podría decidir a quién le compramos la energía y qué tipo de energía es. Podemos comprar y consumir sólo energías renovables. Podemos premiar a las suministradoras que no utilicen energía nuclear. Y podemos, sobre todo, conectarnos a la producción de energía local y sostenible, empezando por la propia Mancomunidad de la Comarca de Pamplona: los pantanos de Eugi, Egillor y Urtasun producen 16 mill de KW/h que, en este momento, se venden a Iberdrola para que saque beneficio y continúe cortando la luz a quien no puede pagar.

Pero, además, una comercializadora así podría decidir que la vida de nuestro vecindario es más importante que la rentabilidad económica, y establecer que no se cortará nunca la luz a personas en situación de vulnerabilidad. Y que pague más por su energía quien más dinero tenga o que pague más quien despilfarra un bien común como la energía.

Bienvenidos sean los molinos y las energías renovables, pero lo importante, sobre todo, es quién controla la producción y distribución, y en menor medida, la comercialización. En este caso, D. Quijote tenía razón: no son molinos;son los gigantes de la energía disfrazados de ecologistas. Mientras no derribemos con nuestra lanza popular y colectiva el monopolio de las empresas de la energía, repletas de gente del régimen, con un amplio currículum de políticas antisociales y unos sueldos escandalosos, no conseguiremos revertir la tendencia en nuestra infladísima factura, tener soberanía y acabar con la pobreza energética. Rocinante asiente esperanzado con la mirada y un casi imperceptible movimiento de cuello.

El autor es concejal de Aranzadi

Últimas Noticias Multimedia