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Sección Segunda de la Audiencia Provincial

Condenado a 5 años de prisión por atracar con una navaja una librería del centro de Pamplona

El acusado fue encarcelado en enero tras apoderarse de 900 euros y salir huyendo

Enrique Conde - Jueves, 27 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Leyenda que corona el Palacio de Justicia de Pamplona.

Leyenda que corona el Palacio de Justicia de Pamplona. (OSKAR MONTERO)

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Leyenda que corona el Palacio de Justicia de Pamplona.

PAMPLONa- La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra ha confirmado la condena de cuatro años y nueve meses impuesta a José Luis S.P. en el Juzgado de lo Penal número 1 de Pamplona por atracar con un cuchillo de grandes dimensiones una librería en el centro de Pamplona, donde consiguió apoderarse de 900 euros. El acusado, que lleva encarcelado desde hace ocho meses, recurrió la sentencia, pero la Audiencia avala la condena al entender que no existen dudas suscitadas acerca de si era el procesado quien vestía las prendas que usó el atracador.

En los hechos probados de la resolución se recoge que el acusado actuó “con ánimo de obtener un ilícito enriquecimiento” y, por ello, el 17 de enero de 2018 entró hacia las 18.55 horas en la Librería Leoz, situada en la plaza del Castillo de Pamplona. Lo hizo tras cubrirse la cabeza con una gorra oscura y la cara con un buff que le tapaba la boca y la nariz, dejando visibles únicamente los ojos, y vistiendo un anorak rojo y azul, así como portando guantes en las manos. El procesado llevaba en ese momento además un pantalón vaquero y botas de media caña de color marrón. La descripción física, posible gracias también a las imágenes de videocámaras del lugar, resultó clave en la identificación del procesado, puesto que para el dependiente del establecimiento era completamente irreconocible la figura del atracado debido a la cantidad de prendas que usó para ocultarse.

completamente encapuchadoEl acusado, según recoge el fallo, se dirigió al propietario del establecimiento y se dirigió a él exhibiéndole por encima del mostrador una navaja de grandes dimensiones, con un solo filo y cierre manual. Únicamente le dijo: “La caja”, por lo que el dependiente, “atemorizado por la situación”, le entregó la recaudación que tenía en ese momento. Tras coger el dinero, el acusado se dio la vuelta, se detuvo en la entrada de la tienda a guardar la navaja y salió de la librería en dirección a la calle San Nicolás. El librero llamó de inmediato a la Policía Municipal de Pamplona, que avisó a una patrulla que se encontraba en la plaza del ayuntamiento.

Una vez en la calle, el procesado se bajó el buff, se quitó los guantes y el anorak que portaba y, tras bajar las escaleras de acceso a la plaza del Castillo desde San Nicolás, tiró el anorak y los guantes a una papelera existente en la confluencia de esta última calle con Pozoblanco, a la altura del bar El Tinglado, donde fueron recuperadas escasos minutos después las prendas por agentes de la Policía Municipal de Pamplona. El atracador siguió su camino con la gorra puesta, el buff en la mano, la navaja oculta en la cintura del pantalón. Lo hizo por la calle San Nicolás hasta que a la altura del bar Río se detuvo y accedió a los servicios. El acusado fue identificado ocho días después de estos hechos en las inmediaciones de la calle Comedias por agentes de la Policía Municipal de Pamplona, que registraron su domicilio. En el mismo se encontraron, entre otros efectos, un pantalón vaquero y una botas de media caña marrones, así como tres navajas, una de ellas con idéntica descripción a la que se había usado en el suceso, además de 195 euros en metálico.

Una vez que se obtuvieron todas esas evidencias, se consiguieron muestras de ADN del acusado, cuyo rastro estaba presente tanto en el anorak como en los guantes que se encontraron en la papelera. El procesado recurrió alegando que dichas prendas se las habían robado días antes del atraco en un bar, pero no pudo aportar ningún indicio de que así fuera, y en las ropas el único ADN que figuraba había sido precisamente el suyo. La sentencia es recurrible ante el Supremo.

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