Miguel Ángel Remírez Hermoso

35 años de servicio en la Policía Municipal de Estella

El jefe de la Policía Municipal de Estella-Lizarra, Miguel Ángel Remírez Hermoso, se acaba de despedir del cuerpo, en el que ingresó en 1983

R. Usúa - Sábado, 29 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Miguel Ángel Remírez, posando junto a uno de los vehículos de la Policía Municipal de Estella-Lizarra estacionado en el exterior de la casa consistorial.

Miguel Ángel Remírez, posando junto a uno de los vehículos de la Policía Municipal de Estella-Lizarra estacionado en el exterior de la casa consistorial. (R. USÚA)

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Miguel Ángel Remírez, posando junto a uno de los vehículos de la Policía Municipal de Estella-Lizarra estacionado en el exterior de la casa consistorial.

“Intuía que la gente me tenía estima, pero me he sorprendido gratamente”

estella-lizarra- Ayer viernes fue el último día de trabajo para Miguel Ángel Remírez, natural de Dicastillo y que justo mañana, día 30, soplará las velas de su sesenta cumpleaños. Con tan redonda celebración a la vista llegará también el momento de la jubilación, cuya aprobación le notificaron casualmente el pasado Viernes de Gigantes apenas una hora antes de lanzarse el cohete.

“Aquí dentro he vivido toda una vida. Entré con 25 años y aquí me casé, aquí tuve mis tres hijos... He vivido de todo como policía: momentos buenos, momentos malos y también muy duros a nivel personal cuando falleció mi mujer. Pero me he sentido siempre muy apoyado en esta casa, tanto por los compañeros como en la calle. Por eso me voy contento, con la satisfacción del deber cumplido y de haber intentado solucionar siempre los pequeños problemas del ciudadano”, explica Remírez, que no esconde tampoco que, llegado el momento de despedirse, tiene “sensaciones contradictorias”.

Quién le iba a decir a él hace 35 años que un día se convertiría en policía tras haberse formado como maestro industrial mecánico y foguearse en un par de talleres. “Nunca lo hubiera pensado, pero nos tocó vivir un momento laboral complicado y de lo mío no había trabajo”.

Un día, estando de excursión, Esteban Atienza (compañero muchos años en el cuerpo y además familiar político), me comentó que iban a sacar plazas. Aprobé la oposición y entré. Es cierto que este es un trabajo vocacional y, aunque hasta los 25 años nunca me había planteado ser policía, esto engancha”, comenta.

Nunca se lo había planteado “porque en aquellos años de complicada Transición veíamos a la Policía como un cuerpo, digamos, represivo. Corrimos mucho, al menos yo, delante de aquella Policía. Con 17 años y aquella sangre caliente salíamos a protestar cuando había cosas que no nos gustaban y que queríamos cambiar”, rememora. Eso sí, estando al otro lado “nunca le he puesto la porra encima a nadie”.

otro mundoLa suya, la del 83, fue la primera promoción en pasar por la academia, ya que ni siquiera existía entonces la Escuela de Seguridad. En aquella promoción entraron cuatro agentes (Alfonso Barandiarán, José Miguel Acha, José Cruz Valentín y él), “y un poco después Juan Aguirre -recuerda-. Éramos 18 entonces, casi como ahora, que andamos por 21”.

Eso sí, los medios no tienen nada que ver. “Los partes de servicio se hacían a mano, con bolígrafo. Teníamos dos máquinas de escribir y las multas las hacían los cabos con la máquina para luego notificarlas. Tenía tela aquello. Y solo teníamos un vehículo, un 4L, con una malla de alambre duro para separar la parte de atrás. Aunque entonces no patrullábamos casi en el coche, siempre andando. Y qué decir de aquellos uniformes, aquellos abrigos grises con boina roja...”, detalla.

En estos 35 años, Remírez dice que se ha guiado por una máxima que aprendió en la academia. “Nos enseñaron que esto es un servicio público, que el cliente es el ciudadano y que nos debemos a él. Con el ciudadano hay que convivir, compartir..., y lógicamente eso se hace con cercanía”, asevera.

Este agente ha ejercido como jefe en dos etapas (de 1995 al 2000, con José Luis Castejón y Mª Jose Bozal como alcaldes), y desde 2015 hasta ahora. “En el 2000 decidí dar un paso atrás porque este puesto no es para siempre, hay mucho estrés. Y en 2015 no me esperaba volver, pero tenía un compromiso con una persona que ya no está y a la que tenía mucho cariño, Joseba Domblás. Tras las elecciones me lo ofrecieron y acabé aceptando, aunque no quería, entre otras cosas porque sabía que no iba a agotar la legislatura”.

Eso sí, confiesa que en esta última etapa “he estado muy a gusto, lo he vivido de una forma diferente, con muchos más medios. Y cuando tienes una edad te das cuenta de que se tienen muy en cuenta tus criterios”, explica. Remírez cree que Estella es una ciudad bastante tranquila, “y ahora más. Tuvimos momentos muy duros por temas políticos y de terrorismo (el atentado de 1988 fue terrible), y también años muy complicados a finales de los 80 con el tema de la heroína. A nivel de trabajo fue difícil además la custodia de los calabozos, porque éramos el depósito comarcal de detenidos y pasaban igual 500 personas al año por ahí. Aquello nos generó mucho estrés, pero cuando en 2010 hicieron los Juzgados la competencia pasó a Policía Foral y ya no tiene nada que ver”.

Como jefe y compañero, lamenta la polémica creada hace unas semanas entre los cabos y Alcaldía, pero no tiene duda de que su sustituto, Pablo Salvatierra, va a tener el apoyo de toda la plantilla. También espera que tenga el aprecio de los ciudadanos, como él. “Intuía que la gente me tenía estima porque he sido siempre cercano, pero me he sorprendido de forma grata. En los últimos dos meses ha venido gente a darme las gracias al ayuntamiento al saber que me iba. También me emocionó mucho el homenaje que me hizo la Comparsa de Gigantes en fiestas y cuando el alcalde puso aquella foto mía con la bici en las redes sociales los comentarios de la gente me costaron muchas lágrimas”, recuerda emocionado.

Por eso, no se queda con un momento concreto de estos 35 años, sino con “un conjunto de sensaciones” y, sobre todo, con el sentimiento de que “la gente me aprecia a pesar de que nuestro trabajo a veces es impopular”, concluye Remírez, a partir de ahora un asiduo más a los mercados de los jueves.

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