Estudiar

Por Josemari Sexmilo - Martes, 2 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Antonio Prat, Iker Gaztambide y Álex Martínez, tenistas pamploneses, han disputado con notable éxito el Campeonato de España de selecciones infantiles de Comunidades Autónomas. Dejando atrás a Aragón, Comunidad Valenciana y Cataluña, se plantaron en la final, perdiendo por la mínima ante el equipo de la Comunidad de Madrid. Para un infantil eso es tocar el cielo con los dedos, es ver el tenis de verdad y es enfrentarte a jugadores que, sin ninguna duda y en algunos casos, van a estar en un futuro en la élite nacional y, seguramente, mundial. En definitiva, es algo así como sentirte muy, muy importante por unos días.

Cuando descubres que tan sólo uno de cada 16.000 deportistas llega a vivir profesionalmente del deporte, uno duda sobre el consejo que hay que dar a un joven cuando quiere tomar el camino de dejar los estudios para llegar a ser profesional. Aunque no hay datos oficiales, cada año miles de deportistas de todo el mundo (aún niños), dejan el colegio, la familia, los amigos y su ciudad para lanzarse a un mundo profesional que tiene tanto de atractivo como de incierto. En ese momento, el entorno del joven es fundamental y sería de agradecer que hubiera voces sensatas que pusieran a deportista, padres, directivos y entrenadores en el mundo real, en un mundo en el que muchos de los que se han lanzado deberían haber sido más realistas por muchos motivos, especialmente porque hay que pensar que el deporte se acaba algún día. Y el mejor seguro para que todo termine como un cuento de los de antes es estudiar, formarse y llegar a ser una persona que sepa hablar de algo más que de balones y raquetas, y lea algo más que el Marca cuando acabe su recorrido deportivo.

El tenista no tiene demasiado tiempo para estudiar. Ni para nada. El tenista está obsesionado por su proyecto y por esa clasificación tan cruel que no le deja respirar. El tenista, salvo las dos o tres semanas de descanso a final de calendario, entrena todo el año porque si no lo hace no rinde. Ni más ni menos. Es un deportista que sale a la pista horas antes de su partido para ajustar ese golpe en el que ayer no estuvo fino y luego vuelve al vestuario y unas horas más tarde sale a calentar y afronta su partido del día. Y gane o pierda, mañana tiene que volver a entrenar. Y esto lo hace Federer y el 547º del mundo. En esto no hay diferencias.

Además, al deportista que tiene que entrenar, competir y viajar para cumplir su calendario deportivo, no se le apoya ni en el colegio ni en la universidad, y recibe más palos y trabas que ayuda, lo que impide también que destaque en el plano académico. Ésta es la triste realidad de este país.

Por todo esto, y partiendo de la base de que lo importante en esta vida es llegar un día a ser feliz, esperemos que estos infantiles pamploneses tengan un entorno sensato (que lo tienen) y sepan valorar dónde está lo que tienen y lo que quieren tener. Porque seguramente se puede tocar el cielo con los dedos de muchas formas.

El autor es entrenador nacional de tenis

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