la carta del día

Pamplona acojona (en materia de tráfico)

Por Xabier Aquerreta - Viernes, 5 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Me van a permitir que me disculpe por el título, pero no se me ocurre mejor expresión para definir la situación de nuestra ciudad con respecto al tráfico. Y lo digo en el contexto de la última víctima mortal del tráfico pamplonés, un niño de 5 añitos que salía del cole, atropellado por un coche en un paso de peatones. Pasada ya holgadamente la decena de muertos atropellados por coches en Pamplona esta legislatura, hay que plantearse si esta situación es o no evitable.

Pamplona está recogiendo los frutos de décadas de planteamiento pro coche. Aparcamientos subterráneos, autopistas de varios carriles por sentido en el corazón de la ciudad, aparcamientos en rotación, facilidades para ir a todos los lugares metidos en nuestro coche. Nos han creado una necesidad de utilizar el coche como símbolo de estatus, comodidad y progreso. Mientras otras ciudades del país apostaban decididamente por fórmulas de movilidad distintas, Pamplona ha seguido primando la fluidez y la capacidad de aparcamiento de vehículos privados sobre todo el resto de la movilidad de la ciudad.

Esta situación que vivimos ahora, de aumento de los atropellos y los muertos, es consecuencia de la completa incapacidad de nuestro Ayuntamiento para manejar una situación que hace tiempo se le ha ido de las manos. Ni habiendo muertos de por medio se materializan medidas de contención y mejora de la seguridad de los más débiles en la pirámide de la movilidad: peatones y ciclistas. Los calmados efectivos de la velocidad del tráfico, verdadera causa de la mayoría de los muertos, son una utopía en esta ciudad. Simplemente teniendo en cuenta que a 30 km/h la tasa de supervivencia de un atropellado es de un 95% frente al 60% de los que son atropellados a 40 km/h, debería ser la regla a seguir para hacer Pamplona más segura para el peatón.

Por otro lado, la obsesión endémica por maximizar la capacidad de aparcamiento de la ciudad hace que cientos de pasos de peatones cuenten con una pésima visibilidad por tener coches aparcados hasta el borde de los mismos. También existe una falta de pasos peatonales en muchos puntos de la ciudad, en lugares de deseo para los viandantes, que cruzan por mitad de la calzada para seguir su recorrido lógico a pie. Es el peaje a pagar por la máxima fluidez motorizada. Basta echar un vistazo a la avenida del Ejército para comprobar que sólo cuenta con 3 pasos peatonales, como claro ejemplo.

Pamplona necesita con urgencia un plan integral de humanización vial que contemple medidas de calmado de tráfico efectivas, basadas en el urbanismo táctico que tan buen resultado está recogiendo en otras ciudades como Vitoria. Medidas con carácter rápido, económico y efectivo, utilizando en la mayoría de los casos jardineras, pivotes y pintura que impidan el desarrollo de grandes velocidades de aquellos que se mueven a motor. Medidas que primen al peatón y su seguridad sobre todo lo demás. Que aumenten la seguridad de los pasos de peatones. Pero también medidas orientadas a devolver el espacio público excesivo que ocupa el vehículo privado en la actualidad (70% del total) a quien nunca debió perderlo, el peatón.

Esta situación actual, en que los ciudadanos quedan heridos o mueren por dar un paseo por la ciudad, atropellados en muchas ocasiones por conductores borrachos y/o drogados que se dan a la fuga tras la fechoría, no son accidentes. Es auténtica violencia vial consentida. Se les ha advertido en muchas ocasiones a lo largo del último año a los responsables municipales de que la próxima víctima mortal estaba al caer, de que había que actuar y empezar a mover las medidas necesarias para minimizar las probabilidades de atropellos, pero nuestros políticos no han sabido reaccionar. Ahora se rasgarán las vestiduras proclamando a los cuatro vientos que no puede ser que en Pamplona atropellen a niños y los asesinen. Pues no sólo no puede ser, sino que no será el último si seguimos por esta senda pasiva y consentidora. Estaba en su mano desde hace tiempo y no se han dignado a hacer nada.

El tiempo de mirar para otro lado se ha terminado, hay que ponerse a trabajar desde ayer ya para hacer de esta ciudad un lugar humano y de calidad para futuras generaciones. Y para ello hace falta un gran consenso político que lo lleve a cabo, porque, lo crean o no, es perfectamente posible. La senda de Pontevedra, Vitoria o Copenhague se puede recorrer si se quiere. Si no por convicción personal, sí porque el próximo muerto puede ser usted, señor alcalde, señora concejala, señor técnico municipal, o alguno de su familia. Todo lo demás son excusas. D.E.P.

El autor es divulgador, consultor e investigador en movilidad. Policía Municipal de Pamplona

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