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Inversiones necesarias, bilateralidad y autogobierno

Por Joseba Santamaria - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

la aprobación en el Parlamento de Navarra de la nueva ley foral para invertir 113 millones de euros en necesidades sociales y locales sin votos en contra -UPN, PP y PSN sólo se atrevieron a abstenerse- evidencia su importancia para el interés general de Navarra. Que el PSN colocara como portavoz en este debate a la parlamentaria Ainhoa Unzu en lugar de a Chivite, quien tras haber protagonizado los días anteriores una absurda sucesión de dimes y diretes contra estas inversiones prefirió la espantada y quedarse en un segundo plano en la Cámara, solo confirma su mala gestión política en este asunto. La aprobación de ley debe impulsar la negociación definitiva con el Estado para dar luz verde a un amplio abanico de medidas que afectan a las políticas sociales, la mejora de los servicios públicos en sanidad y educación o a infraestructuras en entidades locales. El consejero Aranburu dejó claro que todo el ruido organizado por el PSN no era más que una larga columna de humo hacia la nada. Y también dejó en evidencia los vaivenes políticos de los socialistas respecto a la Ley de Estabilidad y a las restricciones al gasto del superávit. No sólo Chivite animaba hace apenas ocho meses, cuando gobernaba el PP en Madrid, a ser valientes y gastar el superávit de Navarra procedente de la devolución por parte del Estado tras la renovación del Convenio Económico -el total de esos 215 millones de euros, no sólo 113-, lo contrario a lo que ahora dice sobre esta ley de inversiones, sino que la actual ministra de Hacienda del PSOE, María Jesús Montero, fue como consejera de la Junta de Andalucía una de las voces más activas contra las restricciones de la regla de gasto a las comunidades. Sin olvidar que esta es una cuestión de relación bilateral entre Navarra y el Estado que afecta el autogobierno fiscal y financiero y que debe resolverse en el foro de negociación entre ambos gobiernos. Actuar como correveidile ha terminado desgastando la imagen de la propia Chivite. Se equivocó en las formas y también en el fondo al adoptar un tono amenazante en lugar de utilizar su reconocida influencia política ante Sánchez para facilitar los contactos e impulsar el acuerdo. Lo contrario, no sólo supondría la posición política absurda e injusta de negar la posibilidad de que Navarra pueda mejorar las condiciones y calidad de vida de sus ciudadanos, sino que evidenciaría de nuevo, también con el PSOE de Sánchez, que la descentralización tiene apenas un alcance administrativo y cuando las decisiones políticas no gustan se rompe la baraja y la bilateralidad entre Navarra y el Estado queda en agua de borrajas. Y tampoco parece que Sánchez quiera buscarse un problema añadido a los muchos que ya tiene con los partidos que le auparon al Gobierno. Podemos, IU y PNV son ahora los principales apoyos de Sánchez en el Congreso y ambos partidos respaldan al Gobierno de Barkos y la ley de inversión de estos 113 millones en Navarra, una realidad política que a buen seguro se encargarán de trasladar a Sánchez y que Sánchez deberá tener en cuenta le guste más o menos a Chivite. Mejor antes que después. En realidad, con esta inversiones lo que está en juego es un debate de alcance sobre la personalidad política de Navarra y la construcción de un modelo social, económico y fiscal de prioridades presupuestarias, redistribución de la riqueza y equilibrio social para el siglo XXI a través del autogobierno foral.

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