El rincón del paseante

De cuestas, puentes y clausura

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, ¿qué tal va la vida? ¿Sonríe? Bien, aunque sea un esbozo, por leve que este sea, la vida siempre tiene una sonrisa. A veces amarga o irónica, eso también es verdad.

Esta semana me he dado un paseo largo. El miércoles hacía una noche fresquita, de las que me gustan a mí, 14º C y viento fresco. Así que con viento fresco me fui y me planté en la Plaza de Toros para bajar hacía el río, en el semáforo de Telefónica me tocó esperar y a mi lado había dos chicas y un chico. Una de ellas, muy mona, hablaba y los otros dos escuchaban atónitos. Ella, muy acalorada, decía “… que no, que es inútil, que está enfermo, a ese lo único que le motiva y le hace feliz es meterla en un agujero nuevo”. Se ha puesto verde y ya no me he enterado de más, no he podido saber a qué se refería, pero a ella se le veía, digamos que… molesta. Parecía no ser partidaria de la postura de su pareja, por el tono lo digo.

He bajado la cuesta de Labrit dejando en mi derecha uno de los dos abrevaderos urbanos que quedan. Me gustan. Me gusta que se conserven cosas tan importantes en otros tiempos y tan inútiles ahora. He seguido al abrigo de la muralla y he llegado a la cuesta que lleva al río, donde se encuentra la que se llamó Villa Regalada y ahora se llama Villa Maltrecha y desalojada. Sigo la calle del Vergel y enseguida llego a lo que llamábamos la cuesta de rompeculos. Ésta era una fuerte pendiente de barro que bajaba desde la carretera hasta, más o menos, la entrada del Club Natación y en ella disfrutábamos como enanos con el consiguiente cabreo de nuestras madres al llegar a casa, que veían el pantalón hecho unos zorros y nos ponían la retaguardia a tono con la zapatilla.

He seguido bajando a buen paso y he llegado al cruce con el puente de la Txantrea, puente que crucé durante un curso para ir a clase al Instituto Irubide donde cursé COU. Allí recalábamos lo mejor de cada casa pero había gente muy principal, por ejemplo El Drogas. Era 1977, la asambleas y las huelgas eran el pan nuestro de cada día.

He tomado el camino hacia San Pedro dejando a mi izquierda el impresionante Baluarte de Guadalupe, enseguida he topado con el segundo abrevadero que queda en Pamplona. Pena no haber tenido un jamelgo sediento para dar razón de ser a la reliquia. La casita que hay después de la entrada a la residencia El Vergel, era, y es, creo, una casa de comunidad donde vivían algunos maristas. El hermano que daba Ciencias Naturales y Física, apodado El Nonio por su afición a la segunda escala o escala de Vernier, nos solía llevar los sábados a la mañana a enseñarnos su colección de minerales: piritas, galenas, cinabrio, jade, aragonito, cuarzos cristalizados en macla y muchas cosas más que a mí me fascinaban, las veía como joyas inalcanzables.

Antes de la entrada de Aranzadi queda en pie, pero cerrado, lo que fue un centro psicopedagógico para niños al que solíamos ir con la tuna del instituto a darles la matraca, cosa que, por increíble que parezca, agradecían muchísimo.

Continuando el camino he desdeñado pasar el río por el nuevo puente del Vergel y he hecho derecha para tomar el románico puente de San Pedro. Durante años, antes del puente, la carretera acababa en la preciosa casa, de estilo art-decó, Lorea Etxea. Hoy continúa un camino por detrás de las flamantes piscinas de Aranzadi , junto a un canalillo muy coqueto y bien resuelto que lleva a un cuidado sendero de paseantes.

He atravesado el maravilloso puente, ¿recordáis cuando se pasaba en coche y había un semáforo para regular el turno?, y me he plantado en Errotazar. He seguido corriente arriba y he pasado junto al discreto, antiquísimo y recoleto convento de Nuestra Señora del Rio. Conocido por los pamploneses como Monasterio Viejo de San Pedro, fue residencia de las madres agustinas desde el siglo XIII. Transcribo la orden de cesión del edificio por parte del obispo.

Navardún, octubre de 1247.

Donación del obispo de Pamplona, don Pedro Ximenez de Gazolaz a favor de la priora y seroras de San Miguel de Valle Claro, en que les dona el monasterio de San Pedro de Ribas para que sirvan a Dios con más quietud.

Fue otorgada en Navardún el mes de octubre de 1247, siendo priora doña Berenguela, hermana del rey de Navarra, don Teobaldo.

Una tía-bisabuela mía ingresó en ese convento con el nombre de sor Camino. Su padre, mi tatarabuelo Gervasio Udobro Sanz, dejó narrado en su diario (esto de escribir, por lo visto, me viene de raza), cómo fue el día que se quedó sin hija, aunque no se quedó del todo sin ella ya que cuando quería verla y darle un abrazo, soltaba la mosca a la superiora, San Agustín se relajaba y se abría la clausura.

Así lo dejó escrito:

El día 2 de diciembre de 1888 Jacinta entró religiosa en el convento de Reverendas Madres Canónigas Agustinas, siendo su entrático a las 2 y ½ de la tarde y madrinas su tía Salustiana y su tía Amalia, celebraron la ceremonia o toma de habito D. Tomás Farnesio, Canónigo Majestad de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona y el capellán de la comunidad, el sermón estuvo a cargo de D. Tomás, fue tanta aglomeración de gente que no había memoria de una cosa igual.

Aporto este texto, que no tiene ningún interés fuera del ámbito familiar, para que os hagáis una idea de que cosas eran importantes en la sociedad de la Pamplona finisecular del XIX.

He llegado a las antiguas casas de San Pedro y he recordado dos cosas: la vieja fábrica de Copeleche que había en una esquina y unos sanfermines que pasé allí. Siendo yo un infante de 5 ó 6 años mis padres me colocaron en casa de una amiga de la familia a la que llamaba Tía Jerónima. Me lo pasé bien, cada tarde me daba un bocadillo de sardinas en lata y yo mataba el tiempo con una azada haciendo hoyos en una plaza de barro, hoy embaldosada, que había frente a su casa. Ella y su familia tenían un bar en el barrio, el Boston. Eran de Cáseda. Encantadores.

Ya era tarde, he girado sobre mis talones y he desandado lo andado. Otro día más.

Aun nadie me ha dicho que va a pasar con la fuente de la Diputación. Yo seguiré preguntando.

Hasta la semana que viene, que disfrutéis.

Besos pa’tos.

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