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Juez de línea

De lo justo y lo injusto

Por Félix Monreal - Martes, 9 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Brandon hizo el gol, pero también derrochó energía durante 90 minutos.

Brandon hizo el gol, pero también derrochó energía durante 90 minutos. (Foto: Patxi Cascante)

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Brandon hizo el gol, pero también derrochó energía durante 90 minutos.

Tampoco es el día para escribir un tratado sobre la justicia deportiva. Entre otras cosas, porque bastante jaleo tienen en los juzgados con corruptos, maltratadores y explotadores como para andar metidos en pleitos por una presunta malversación de puntos. Un largo pliego podría redactar Osasuna para reclamar la propiedad de los tres puntos que se ventilaban ayer en La Romareda;por ocasiones en la segunda parte, por el despliegue físico del minuto 1 al 90, por el criterio con el que sus futbolistas manejaron la estrategia tejida por el entrenador, por, en fin, ir a buscar al contrincante en su propio campo;por todo eso y más (la rivalidad, las cuentas pendientes, el orgullo, los tuits faltones de cada semana...), por tantas cosas, ya digo, que ningún tribunal medianamente imparcial después de visionar el vídeo del encuentro daría por cierto que esos puntos o son para Osasuna o no son para nadie. Desgraciadamente, ¡qué injusticia!, ocurrió esto último. Pese a albergar esa certeza, hoy es de esos días en los que el osasunismo queda instalado en mitad de otra duda, en ese terreno que le es tan común: ¿va el equipo a más o solo ha sido un fogonazo? Porque las buenas sensaciones ya han aparecido en otros encuentros pero luego ha faltado continuidad. Sin embargo, es posible que estemos asistiendo a un cambio de tendencia;y hay varios argumentos para valorar.

El primero, que Jagoba Arrasate maduró una táctica (4-1-4-1 y presión muy alta) a la que fue fiel incluso cuando el partido se torció por un penalti fallado y un gol recibido en un córner regalado. Fue una fe compartida con los jugadores, que siguieron creyendo que ese y no otro era el método para no volver a Pamplona con más lamentos que puntos. En ese desarrollo táctico, Osasuna cobró fuerza con la presencia de Fran Mérida (aunque fuera forzado por la lesión de Íñigo Pérez antes del descanso). Mérida quiso el balón, le dio velocidad al juego, vio los espacios y no dejó descansar ni un segundo al Zaragoza, que no encontraba ni reposo ni posicionamiento. Vino después la decisión de meter a Torres en el partido, lo que generó todavía más problemas al cuadro local. El canterano (otro de los de la eterna duda: ¿va a más o...?) fue tan eficaz como altruista y le cedió a Brandon el balón para que se reivindicara después de pifiar un penalti que no debió ejecutar. Torres, como el equipo, estaba a lo que hay que estar cuando las urgencias aprietan.

Fue el de Osasuna un ejercicio coral, de equipo, que es lo primero que quiere la afición (e imagino que también el entrenador) antes que de individualidades. Pero seamos justos al aplaudir la media maratón que se marcó Brandon corriendo tanto en el desmarque como en las ayudas;y el rigor defensivo en todos los cortes del siempre discutido Aridane;las apariciones estelares de un Rubén García que pudo evitar este pleito y hasta el título de esta columna;y, en fin, al capitán que lleva el brazalete y que es el primero en todo. Un punto, repito, que no recompensa tanto esfuerzo. Pero esto es fútbol y como escribió John Carlin: “El fútbol, sin injusticia, no sería fútbol, sería un deporte más”.

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