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Osasuna se merece un premio mayor

EMPATE EN ZARAGOZA | El equipo de Arrasate, siempre superior a su rival, falla un penalti en el primer tiempo y en una segunda parte brillante se queda a las puertas de la victoria tras una gran reacción

Javier Saldise / Patxi Cascante - Martes, 9 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Brandon agradece a Torres el pase del gol que permitió a Osasuna empatar en La Romareda.VER VÍDEOReproducir img

Brandon agradece a Torres el pase del gol que permitió a Osasuna empatar en La Romareda.

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Brandon agradece a Torres el pase del gol que permitió a Osasuna empatar en La Romareda.ReproducirBrandon agradece a Torres el pase del gol que permitió a Osasuna empatar en La Romareda.Clasificación de Segunda.Rubén García mira cómo el balón que ha superado a Cristian Álvarez se marcha hacia la puerta. El defensa Lasure evitó un tanto cantado.
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pamplona- Osasuna se trabajó el premio mayor en La Romareda, una victoria incluso holgada, donde fue superior al Zaragoza y en donde sólo los problemas en los que se metió él solo le hicieron ver peligrar la consecución de, por fin, un resultado positivo fuera de casa. Precavido y milimétrico en el primer tiempo, atrevido y desatado en el segundo, el accidente del gol, antes el del penalti fallado por Brandon, construyeron una imagen de Osasuna como equipo con las ideas claras, con planes preconcebidos y disposición a aceptar los cambios en el guión.

Dispuesto a entregar el mando al rival durante el primer asalto, las circunstancias le llevaron a Osasuna a asumir todo el protagonismo del partido y a dar entrada a futbolistas determinantes en la historia del partido. Con Íñigo Pérez lesionado, la aparición en el terreno de juego de futbolistas como Fran Mérida, principalmente, y también de Roberto Torres cambió radicalmente el perfil del conjunto, que mantuvo siempre un alto grado de combatividad que, medido en puntos, sólo uno, ofrece un premio muy pequeño pero que abre la puerta de la esperanza tras algunos encuentros con dudas.

Con luces avisando que había que hacer algo en este equipo irregular en su juego y falto de chispa, Arrasate optó por meterle músculo y talla al centro del campo y dio entrada a Luis Perea por primer vez entre los once elegidos. Semejante tallo en el eje parecía anunciar un refuerzo en el meollo, tareas nuevas para otros y, en la forma, una disposición distinta. Con Oier por delante de la defensa y cuatro más allá por detrás de Brandon, Osasuna se comportó como un equipo ordenado, sin excesos en el juego de ataque, pero seguro y firme a la hora de organizarse.

El primer tiempo se iba desarrollando con tranquilidad y sin sustos hasta que Osasuna volvió a saltar por los aires por otro incidente. En esta ocasión, fue un penalti a favor lo que sacó de sus esquemas a los rojillos. El árbitro concedió la pena máxima por una caída en el área de Brandon -una acción para la polémica por la situación del rojillo al recibir el balón- y el propio delantero, aparentemente seguro, se pidió el lanzamiento. Cristian Álvarez, un portero que le tiene tomada la medida a Osasuna, adivinó el disparo y liquidó la ocasión más clara y casi única de los rojillos en el primer tiempo.

Sólo a partir de esa acción hubo un guión sin control de los rojillos. El Zaragoza se sintió impulsado por el final feliz de la pena máxima y, pese a que Osasuna no flaqueó, sí le metió una marcha mayor al partido. Su gol no le llegó en jugada, sino en un córner en el que volvió a brillar un desajuste defensivo. Verdasca remató de cabeza solo y con toda la puerta para él, no falló. Un latigazo de Brandon, en el último minuto del primer tiempo, fue la despedida de un Osasuna que se estaba haciendo en hara kiri en las dos áreas, fallando un penalti, no sabiendo contener un córner en la jugada del gol.

Íñigo Pérez, renqueante tras una jugada en la recta final del primer tiempo, dejó a Osasuna sin una de sus cabezas pensantes para la reanudación. Pero salió otra mente preclara.

No cabe duda de que Fran Mérida es un pelotero en toda regla y que con el balón en sus pies, espacio y una suspiro de tiempo para pensar es capaz de mover engranajes y hacer funcionar la máquina. Con Fran Mérida en la batuta, esfuerzo a mansalva y unos metros más adelante, Osasuna compuso una segunda parte brillantísima, en la que lucieron por igual el orden, el compromiso, el rigor en defensa y la chispa en el ataque.

Con el Zaragoza noqueado, con una sola aparición de peligro por el área de Osasuna y tan sólo centros sin peligro, el equipo de Arrasate jugó en el campo rival todo lo que quiso e hizo oportunidades de sobra para haber ganado incluso con holgura. A la inclusión de Fran Mérida siguió a los quince minutos la de Roberto Torres para definir un perfil absolutamente ofensivo, creativo, con el que Osasuna gozó y trituró a su rival. El primero en avisar fue Rubén García, que cruzó de cabeza por muy poco el balón fuera… Pero es que la gloria del gol estaba reservada para otro en una noche que le pintaba nubarrones.

A Brandon, atrevido y sin tacha en la entrega, bombeando oxígeno en carreras sin fin, la fortuna le echó una sonrisa porque le estaba esperando para que se erigiera en el autor del gol del empate. Medió un robo de Roberto Torres en la zona caliente, junto al área, y el delantero mallorquín certificó la reacción de Osasuna con el tanto de la igualada.

Hasta el descanso con un plan. Con el gol en contra, en el segundo, otro. No había dudas acerca de quién ejercía superioridad en la contienda. Y así continuó Osasuna hasta el pitido final, con mucha ambición y con la portería del Zaragoza entre ceja y ceja, lamentándose porque en los últimos lances, en medio del torbellino, a Rubén García se le marchó un disparo al poste y un defensa le sacó otro balón que se iba a la red, ya con el minuto 90 brillando en el marcador.

Con mando, ambición y brillantez, con esa imagen Osasuna se marchó de La Romareda, anunciando, quizás, que las dudas se han marchado.

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