A la contra

Orgullo malentendido

Por Jorge Nagore - Jueves, 11 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Dijo Javier Esparza (UPN) el fin de semana que “se está perdiendo el orgullo de ser navarras y navarros”. Y que, como es de ley, hay que recuperar ese orgullo. Esto, la sola existencia de un orgullo que nazca de ser de donde se es -navarro, vasco, español, francés, neozelandés- es algo que hay que cuidar y mimar, porque a la que te descuidas te quedas sin orgullo y no sabes cómo funcionar por la vida ni a qué atenerte. Esto no es como estar orgulloso de ser honesto o solidario o empático o positivo o buena persona, no, porque eso tiene muchos inconvenientes y exige mucho esfuerzo aunque finalmente sea la base de la vida. Estar orgulloso de ser navarro, en cambio, no te exige nada, no hay casi nada especial que hacer. A mi abuela, por ejemplo, le bastaba con abrir el periódico y ante la cifra de donaciones decir “¿sabes que somos los que más donamos a los pobres, michico?” y así con 100 cosas más, como cuando íbamos a San Juan de Pie de Puerto y nada más ver la muralla soltaba su célebre “todo esto antes era nuestro”. A eso le sumas un par de posters de aquellos que sacó Diputación -básico llamarle Diputación, nada de Gobierno de Navarra- con pimientos de Lodosa colgando de una casa o una imagen de Roncesvalles, la radio siempre puesta en emisora local, nada de ver TDT ni cosas raras, el parte de aquí y poco más y viajar lo justico -que los viajes ya no sean para millonarios o casi ha hecho mucho mal al navarrismo y a muchos ismos- y si viajas parar en la gasolinera y pillar dos casettes de los Hermanos Anoz y de las Hermanas Flamarique. Cocinar ya es más complicado, porque el ajoarriero tiene mucho curro y un kebab o un chino o un Pizzavoy son apaños tan dignos. En todo caso, le reconozco a Esparza que se está perdiendo ese orgullo. O quizá lo que se esté perdiendo es querer ser la clase de navarros que ellos son, que es muy diferente. Que lo piensen. Si quieren.

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