Republicanismo

Nadie hablará de nosotros

27.02.2022 | 00:50
Nadie hablará de nosotros

Con toda probabilidad, la pasada Navidad Pablo Casado y Teodoro García fabularon sobre cuántas más les quedaban para comerse los turrones en Moncloa. Las encuestas iban bien, desde que en el mes de mayo, tras las elecciones de la Comunidad de Madrid, el PP comenzó a aventajar al PSOE recurrentemente en los sondeos. Parecía que daba sus frutos esa política contemplativa, roma, poco arriesgada, apostándolo todo a que lo de Sánchez irreversiblemente acabaría en fracaso. En un escenario así, modorro pero almimso tiempo exaltado, lo fácil es empezar a creer que hay cosas que acaban pasando porque no puede suceder su contrario. Apenas ocho semanas después, Casado y García están, de hecho, fuera de la política, arrumbados de la historia y tiznados como representantes de una época inútil para ellos y para los suyos. Siete días han bastado para su ejecución, lo que tiene un mérito tremendo en un partido presidencialista como es el de la calle Génova, en el que controlar la organización constituye el principal valor del líder y su adlátere.

Que los mismos que fueron nombrados por Casado -comité de dirección, grupos parlamentarios, presidentes autonómicos- hayan sido los que le han pasado a cuchillo constituye toda una constatación de hasta qué punto el defenestrado era un incapaz. Resulta que él, que ocupó antes de ser presidente de su partido la vicesecretaría de comunicación, la cagó bien cagada en una entrevista en la Cope, ahí donde creyó que le iban a poner una alfombra. Hablábamos la semana pasada aquí mismo que alardeó de tener los papeles fiscales y bancarios del hermano de Ayuso, lo que en opinión de muchos es un delito. Pero además, incapacitaría al que eso hiciese para ser presidente de ningún Gobierno. Imaginen qué no sería capaz de perpetrar un tipo que tuviera al mismo tiempo el poder y los inexistentes escrúpulos de los que Casado alardeaba. Peor que en la Venezuela de Maduro, la tantas veces mentada desde las filas populares. Pero además, la entrevista en aquella radio puso de manifiesto un componente psicológico del personaje más preocupante incluso que su descarada amoralidad en el uso de dosieres. Fue cuando dijo "yo eso no me lo merezco", en alusión al desplante de Ayuso. Él no se lo merece. Él cree que no se lo merece porque cree valer más que cualquier otro, y no sabe que por muy presidente que sea, no es una deidad. Conectando puntos, ese rasgo paranoide e impropiamente cesarista, patente a sus 41 años de edad, se puede enlazar con esos otros momentos dignos de todo repudio, el Casado melindroso y manipulador. Como cuando dijo sonriendo que España estaba quebrada (entrevista en el periódico El Mundo) o cuando en la campaña catalana se puso a criticar la actuación policial que años antes defendió (entrevista en Cataluña Radio). Ya no es un problema de inconsistencia, de falta absoluta de valores y escrúpulos: es una dinámica, de las peores que anidan en política, consistente en suponer que puedes complacer a todos a quienes hablas. Ese acabó siendo Casado: el que se ilusionó por un unicornio le llevaría a ser presidente, y que con él saltaba de sandez en sandez.

Lo de García parece que ha sido la praxis de un gañán con ínfulas, un bruto mediano metido en traje sastre. Se ocupó de construir una imagen de sí mismo como experto en tecnología, deportista e intérprete de piano. Todo ello es cierto, no se puede poner en duda. Pero esa pátina de hombre del renacimiento alumbrado en Cieza era también un disfraz que pretendía esconder a un personaje autoritario, manipulador, que no le hizo ascos a manejarse con actitudes mafiosas (receptar o encargar dosieres, y contárselo a todos los periodistas de Madrid). Sus intervenciones en los medios o en el parlamento eran frasecitas para imbéciles, pueriles juegos verbales incapaces de componer una argumentación. Siempre le recordaré en aquella convención en la que hablaba en un escenario mientras le flanqueaba un pequeño dron con una bandera española colgando, habilmente manejado por un currito tras la cortina. Ese día demostró la densidad de su pensamiento político, a la postre menos valioso que un la fotito que buscaba. Hasta aquí han llegado Casado y García, a quienes nadie recordarán en cuanto el PP resuelva el tránsito que le queda hasta su congreso extraordinario. Han hecho bien montando el cadalso, otra cosa es que a estas alturas les sirva de algo.

Ese rasgo paranoide se puede enlazar con esos otros momentos dignos de todo repudio, el Casado melindroso y manipulador

En el Partido Popular han hecho bien montando el cadalso a Pablo y Teo, otra cosa es que a estas alturas les sirva de algo

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