Salvamento Marítimo Humanitario (SMH)

“No existe un ‘efecto llamada’, lo que hay es un ‘efecto huida’ de la guerra y el hambre”

Miembros de SMH comparecen hoy en las Juntas para relatar la misión del ‘Aita Mari’ y la situación en los campos griegos

17.12.2019 | 17:49
Seis de los 79 rescatados por SMH, a bordo del ‘Aita Mari’.

donostia - Tras 40 días a bordo del Aita Mari en el Mediterráneo central en una dura misión que se ha saldado con el rescate de 79 personas, los miembros de Salvamento Marítimo Humanitario (SMH) gozan estos días del merecido descanso tras el trabajo bien hecho. Llegaron en la noche del pasado lunes a sus casas y a lo largo de esta semana han tenido la oportunidad de ir ordenando las ideas y todas las vivencias que se han desarrollado a bordo del barco de rescate. "Es curioso porque yo soñaba con dormir en mi cama y la primera noche no pegué ojo; ni se movía ni sonaba el ruido del motor ni nada. Pero necesitábamos desconectar. Después de 40 días metidos en el barco te hace falta cierta cuarentena", afirma Iñigo Gutiérrez, vicepresidente de SMH.

Él será uno de los representantes de la ONG que hoy comparecerá en las Juntas Generales para exponer los pormenores de la misión, así como la situación que se vive en los campos de refugiados de Grecia, que a juicio de Gutiérrez, "no hay palabras para describir de forma suficientemente eficaz".

El de hoy será uno de los múltiples compromisos que atenderán durante las próximas semanas, en el tiempo en que el Aita Mari permanezca en varadero para ser sometido a las pertinentes tareas de reparación. Un tiempo que también aprovecharán para estudiar las formas de mejorar la labor que llevan a cabo en el mar y, cómo no, descansar y coger fuerzas.

Porque no es sencillo ordenar las ideas al regresar a casa tras 40 días conviviendo con el horror y el drama de decenas de personas que "huyen de la desesperación". "Damos vueltas a lo que hemos hecho, a lo que hemos vivido en el barco y a lo que hemos visto en Grecia, que casi ha sido lo peor. Y luego llegas aquí y te encuentras con todas las luces de Navidad y este espíritu navideño de plástico y te preguntas si vives en el mismo planeta", reflexiona. "Curiosamente, la Epifanía navideña cuenta el periplo de una familia de desplazados que tuvieron que dar a luz, que es algo que está ocurriendo hoy en día ante la indiferencia de un montón de gente", añade.

Reflexiona sobre esta cuestión mientras disfruta de algunos de los pequeños placeres a los que ha tenido que renunciar mientras estaba a bordo del Aita Mari. "Vengo de darme un paseo largo y estoy encantado. Solo el hecho de poder disfrutar de cosas tan básicas como andar distancias de más de 30 metros, que es lo que tiene el barco, ya te parece la leche", afirma.

Pero la realidad rompe muchas veces estos momentos de calma y sacude la conciencia. Como las últimas noticias del fallecimiento de 57 personas que se dirigían en patera a Canarias. "Que esa ruta se iba a reabrir se sabía antes del verano, era cuestión de tiempo", asegura Gutiérrez, que recuerda lo mortífero que resulta este trayecto: "Ya no es el peligroso Mediterráneo, sino el océano Atlántico. Si en el Mediterráneo tienen pocas posibilidades, en el Atlántico no tienen casi ninguna", afirma mientras manda un inequívoco mensaje a quienes hablan del efecto llamada de la inmigración. "Allí no hay nadie que vaya a rescatarles en este servicio de taxi que algunos dicen que nos hemos montado. Allí hay cientos de millas de océano abierto y nada más. ¿Dónde está el efecto llamada? Este gente embarca con la esperanza de tener suerte, porque saben que si no la tienen están muertos". Y sentencia: "No existe efecto llamada, lo que hay es un efecto huida de la guerra, del hambre, de la falta de futuro, de gobiernos absolutamente corruptos que no les dejan desarrollarse como personas. El efecto llamada es la esperanza de llegar vivos y poder hacer algo por sus familias".

Por eso, ante el auge del racismo y la xenofobia que ha traído consigo la ultraderecha, Gutiérrez recuerda que "no hay muro, ni concertina ni valla que vaya a frenar la desesperación de estas personas".

SMH conoce bien esta realidad, ha convivido con ella durante los días que los 79 rescatados, cada uno con su recorrido vital, han permanecido a bordo del Aita Mari hasta llegar al puerto seguro de Pozzallo (Sicilia). Pero la lucha de la ONG para desempeñar esta labor ha chocado una y otra vez con el muro de la Administración, que ha obligado al barco a buscar puerto fuera de España. "Al final, después de todos los sinsabores que hemos tenido desde que empezamos, de todas las trabas que nos ha puesto la Administración, de todas las peleas con unos y con otros, y las acusaciones que nos han caído por todos lados, te quedas con que has dejado a 79 personas a salvo en tierra y eso merece la pena", resume.

Sin embargo. Gutiérrez no quiere olvidarse de quien ha hecho posible esta misión. "El Aita Mari es una realidad porque el pueblo vasco, a través de sus instituciones, se ha involucrado y nos ha apoyado. Estamos muy orgullosos de ser una sociedad que no ha olvidado que fuimos refugiados y no da la espalda a la gente que lo está necesitando", agradece. "El Aita Mari no es de SMH, es de la sociedad vasca", dice.