'Los mundos de Niara' : luz y color frente al tabú de la mutilación genital femenina

06.02.2021 | 01:34
Portada del cuento inicial.

Coincidiendo con la celebración del Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, Médicos del Mundo de Navarra lanza un audio cuento divulgativo 'Los mundos de Niara'

Frente a la oscuridad, el secretismo, los tabús y las sombras de los falsos mitos y las creencias seculares basadas en tradiciones, que envuelven la mutilación genital femenina, Mari Jose Pérez Moracho, Fátima Djara y Farmata Watt decidieron oponer la luz, el color y la alegría africana que rodea a su cultura. Así nació hace un año, de la mente y las manos de Mari Jose Pérez Moracho, el libro de divulgación en formato de cuento Los mundos de Niara que desde hoy, coincidiendo con el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, se transforma en un audio libro para multiplicar su difusión y llegar mejor a las generaciones de futuro.






En este corto animado, realizado con la colaboración del INAI y Médicos del Mundo de Navarra (MdM), Multimagen ha dado movimiento a los dibujos de Mari Jose y voz a la imaginaria joven Niara, que nació de la colaboración de estas tres mujeres, una pamplonesa y dos africanas, con el mismo objetivo: erradicar la mutilación genital femenina, un peligro que se cierne sobre un número indeterminado de jóvenes africanas y navarras que, como Niara, viven a caballo entre dos culturas.

Médicos del Mundo Navarra lucha, de la mano de la comunidad africana, administración pública, profesionales, y entidades sociales, contra la mutilación genital "desde el conocimiento, la empatía y sin juzgar". Así lideran un trabajo interdisciplinar con la figura de la mediación de mujeres de origen subsahariano afincadas en España, que median entre las tradiciones más arraigadas de la comunidad africana y el marco social y legislativo del país receptor.

En España, la Mutilación Genital Femenina está tipificada como delito de lesiones desde 2003 y castigada con pena de prisión de 6 a 12 años e inhabilitación de la patria potestad en el caso de menores. En 2005, se aprobó la normativa que permitía la persecución extraterritorial para quien la llevara a cabo o permitiera, de hecho los delitos de violencia contra las mujeres son perseguibles si la mujer superviviente de una mutilación tiene nacionalidad española o residencia habitual en España.

Desde el 2015, Navarra cuenta con la Ley Foral 14/2015, que la incorpora como una manifestación de la violencia de género, definiéndola como "cualquier procedimiento que implique la eliminación total o parcial de los genitales femeninos o produzca lesiones en los mismos".

trabajo en comunidad Desde 2008, Fátima Djarra lucha contra este tipo de violencia en Navarra donde residen mujeres de países como Senegal, Nigeria, Guinea Bissau, Guinea Conakri, Gambia y Mali, algunos en los que más se practica. En 2015 narró en su libro Indomable cómo sufrió en su piel la mutilación y qué consecuencias tiene, sociales, físicas y psíquicas. "A la mutilación genital, que sigue siendo un tema tabú en millones de hogares, se suma la violencia de género, entendida como algo natural", explicó cuando publicó su historia.

Un informe de 2013 hablaba de que un centenar de jóvenes estaban en riesgo de sufrir mutilación genital en Navarra. Ocho años después la cifra será mayor, ya que la migración se ha incrementado, si bien los números pueden ocultar el problema real. "No queremos dar cifras o datos porque a veces no son reales. La gente se mueve, no se empadronan y esos datos se pierden. El año pasado había en Navarra 1.463 mujeres y niñas de países de riesgo en los que se suele practicar, pero no son cifras reales. Una mujer puede ir al centro de salud para una revisión, sufrir una mutilación del tipo 1 y 2 (escisión, eliminación total o parcial del clítoris y de los labios menores, con o sin resección de los labios mayores) y no son capaces de detectarlo. Esas mujeres no están contabilizadas", explica Farmata que trabaja con Fátima como mediadora en la asociación Flor de África y en Médicos del Mundo.

Una de las claves es saber acercarse a las mujeres, sin que se sientan invadidas ni atacadas. "No puedes llegar y hablar de mutilación porque es un tema tabú. Tendrías mucho rechazo. Lo que hacemos es ganarnos su confianza, a través de la gastronomía y hablar de los temas que les preocupan como la ley de extranjería, talleres de salud sexual, educar en igualdad... Cuando todo está muy afianzado hablamos de la mutilación". La comida, como en otras culturas, es un vehículo para fomentar la convivencia e intercambiar experiencias.

Como africanas, los comienzos no fueron fáciles. Farmata recuerda cómo, de la mano de Fátima, llegaban a algunos sitios y "nos miraban y nos decían 'sois unas vendidas, os pagan los blancos, os comen el coco y venís aquí a hablar en contra de nuestras tradiciones'. Otras directamente nos echaban, Fátima al principio sufrió mucho rechazo". Más de una década después, el cambio experimentado es evidente, "la mayoría de la población africana sabe en qué trabajamos y si hay una familia que va a ir a África nos llaman y vamos a sensibilizar. Ahora no hay tanta resistencia".

La mutilación es una forma de poder oprimir a la mujer, de maltrato y de ejercer la violencia de género. "Detrás de la mutilación está el patriarcado. En África manda el hombre, la mutilación la realizan las mujeres, pero detrás están los hombres. Si un hombre dice a mi niña nadie la va a mutilar, se salva y nadie la mutila. Es la forma de controlar la sexualidad de las mujeres".

Junto a ellas, el trabajo de concienciación que Alexander Serge Ondoa lleva a cabo con hombres africanos en Navarra junto con Médicos del Mundo ha sido reconocido a nivel estatal siendo concedido en noviembre el Premio Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad del Gobierno de España en su categoría de Otras violencias contra las mujeres. Serge llegó a Pamplona en 2016, sin documentos, y quedó tan impresionado oyendo a Fátima, que se apuntó como voluntario, "fue un choque para mí ser africano y no saber qué eso pasaba en África. Vi a dos mujeres muy luchadoras, pensé que había que echarles una mano, ya que el papel del hombre es muy importante para su erradicación".

Su trabajo, como él afirma "es continuar el que hacen las mujeres y todo el equipo de MdM" y dentro de él está trabajar con un "enfoque de género en general y no solo pensando en la mutilación genital. La sociedad africana es muy patriarcal, por lo que si de normal trabajar el tema de genero con hombres es difícil, con los hombres africanos, que tienen costumbres, religión, tradición y un montón de mitos, imagina. Intentamos romper estos mitos, dialogando, creando espacios informales en los que discutimos de todos los temas de la vida".

Los grupos creados en Tudela, Cintruénigo y Pamplona (más de 60 han pasado por ellos) trabajan teniendo como base la confianza ayudándoles en sus problemas y gestiones cotidianas, "muchos llegan y piensan que la mutilación es algo cultural, creen que queremos acabar con la cultura africana, pero les enseñamos qué es y cambiar su forma de verlo. El hombre es el jefe de la familia y dice no, no van a mutilar a su hija". Al igual que Farmata y Fátima, intentan recrear los espacios vitales de África, reuniéndose en espacios informales, en un parque, en torno al té de Bissab o al Chai y para atraerlos visitan mezquitas, iglesias, hablan con amigos, mujeres o parientes.

Los avances son evidentes, durante la pandemia realizaron reuniones a través de videoconferencias o del wasap, "tenían muchas ganas de hablar. Han tenido que compartir tareas y se han dado cuenta cómo trabajan las mujeres. Han tenido que cocinar, limpiar y cuidar a los niños. La evolución se ve en el interés, van a talleres y a manifestaciones".

Durante su trabajo con la comunidad africana detectaron la necesidad de trabajar con hijas e hijos desde un enfoque intercultural. Por ello se acercaron a un grupo de adolescentes afrodescendientes y agrupadas bajo el nombre de Black Power iniciaron una labor de educación en igualdad "son conscientes de que existe el tema, que vulnera sus derechos, han escuchado historias de sus madres ya que alguna sufrió de joven".

Los tres trabajan en coordinación con profesionales de salud, educación, ongs y población africana y ponen en marcha el protocolo si suenan las alarmas. "Si una niña dice en el cole: 'nos vamos de viaje a África con mi familia a una fiesta' el orientador nos avisa para prevenir. Fátima o yo vamos con un certificado preventivo traducido a varios idiomas para explicarle que la mutilación está penada en África y aquí con 6 a 12 años de cárcel, si es menor le quitan la custodia. Ha de saber que afecta a la salud e integridad de las niñas y que si aprovecha el viaje y la mutila van a ir a la cárcel y le quitan la custodia". Antes y después el viaje, la niña pasa un examen con una pediatra y les dan un documento para mostrar en África que podrían ir a la cárcel y que sus familias en África no podrían recibir el dinero que les envían. "Un familiar puede llevarse a la niña para hacerlo. Siempre decimos que no dejen a la niña sola. y estén vigilantes, un familiar puede creer que les hace un favor".