JUAN MIGUEL GIL JAURENA / JEFE DEL SERVICIO DE CIRUGÍA CARDÍACA INFANTIL DEL HOSPITAL GREGORIO MARAÑÓN

"El trasplante de Naiara es factible, ahora hay que esperar para ver que no difiere de uno convencional"

El navarro Juan Miguel Gil Jaurena está al frente del equipo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid que llevó a cabo el pionero trasplante cardíaco de la pequeña Naiara

09.06.2021 | 20:41
El cirujano navarro Juan Miguel Gil Jaurena.

La pequeña Naiara, primera bebé del mundo que recibió con tan solo dos meses de vida un trasplante de corazón en parada y grupo sanguíneo incompatible, se recupera ya en su casa. Una operación pionera que lideró el cirujano natural de Elizondo Juan Miguel Gil Jaurena, de 58 años y jefe del servicio de Cirugía Cardíaca Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, quien se muestra ilusionado porque "este hito de la Medicina" permita que "todo niño que entre en lista de espera de un trasplante de corazón efectivamente llegue a ser trasplantado y en menos tiempo del que ha necesitado hasta ahora".

El equipo que usted dirige ha logrado "un hito" con el trasplante de Naiara. Ahora que la niña está por fin en su casa, ¿qué valoración hace?

–La valoración, ahora ya con un poco más de perspectiva y de frialdad, es muy positiva. Primero porque la niña ya está en su casa de alta. Ha estado casi 10 semanas desde el trasplante hasta que se marchó, que esto en las circunstancias en que se encontraba la niña antes del trasplante está muy bien, porque preveíamos en la mejor de las situaciones un mínimo de tres meses o incluso más de estancia, y está guapísima. Se ha visto en las fotografías con mofletitos, sonrosadita, un aspecto de "niña sana". La alegría por un lado es esta, la inmediata; el niño en concreto que está bien. Cuando revisamos el debriefing, que es un análisis retrospectivo de las cosas que hacemos periódicamente, por supuesto habría detallitos que intentaremos mejorar para los siguientes casos y, sobre todo, se nos abre la oportunidad de incrementar el número de trasplantes en general, tanto en adultos como en niños, y sobre todo en el grupo más vulnerable, que son aquellos muy chiquitos, generalmente los que tienen menos de un año, porque en esa franja de edad la cantidad de donaciones que hay es muy baja.

¿Por qué?
–La explicación es muy sencilla: afortunadamente en entornos como en el de España hay pocos niños que fallecen, y la lectura opuesta es que también hay pocos niños que son donantes y esto se traduce en que los niños que entran en lista de espera de un corazón cuanto más pequeños son menos probabilidades o más tiempo en lista de espera, que es lo mismo, van a necesitar hasta conseguir uno. Y con todas estas estrategias, de hacer trasplantes a niños pequeños, el programa de AB0 incompatible y ahora la posibilidad de rescatar corazones parados, que se llama donación en asistolia, prevemos que puede incrementarse entre un 10% y un 20% el número de trasplantes en general y probablemente esté más cerca del 20% que del 10% en este grupo concreto de niños chiquitos, aunque no deja de ser una estimación que tendremos que comprobar dentro de unos años si realmente se cumple.

Señalaba que hay detalles que quieren mejorar en futuros casos. ¿Qué han aprendido de este proceso?

–En primer lugar, algo que parece una perogrullada: que es factible. Porque cuando fuimos, como la situación del receptor era muy precaria, decíamos bueno esta es la oportunidad que tiene. Si no sale bien, asumimos "ese fracaso", pero no tenemos una alternativa. A veces la necesidad te obliga a adelantarte en algunos pasos de unos proyectos, programas o protocolos que tengas en mente. Ya hemos visto que es factible y ahora tenemos que ser cautos y, en la medida de lo posible, seleccionar los casos para garantizar los resultados. No lanzar las campanas al vuelo y de manera indiscriminada pensar que eso es aplicable a todos; no, somos rigurosos haciendo las cosas. Y luego hay detalles de logística, de cosas más técnicas, de coordinación... Siempre hay detallitos que se pueden mejorar.

¿Cómo se encuentra Naiara?

–Está francamente bien, lo que ocurre es que al ser un trasplante va a necesitar a lo largo de toda su vida medicación para evitar el rechazo.

¿Va a poder hacer una vida normal?

–Tenemos que marcarnos metas de momento próximas, a corto plazo, que en los primeros meses este trasplante sea prácticamente indistinguible en cuanto al manejo de fármacos respecto a otro trasplante convencional. No podemos pensar que por haber hecho el trasplante en estas condiciones va a tener un tipo de vida o de evolución mejor que otros niños que han tenido un trasplante normal. Nuestro punto de comparación ahora son los otros niños trasplantados con anterioridad de forma convencional. Esto sería digamos ya el segundo éxito; no solamente que de momento está bien, sino que podamos demostrar que el haber obtenido un corazón que ha estado parado dos veces, la primera por causas naturales y la segunda como parte del protocolo de trasplante, no le haya "pasado factura" a ese corazón. De momento, han pasado más de dos meses y se comporta de manera correcta en la niña. Tenemos que esperar que pasen más meses para poder decir que al menos en un plazo determinado no hay diferencias entre un trasplante con donación en asistolia a uno con donación convencional, y es lo que parece ser. Digo esto porque ya hay unos años de experiencia con donación en asistolia en adultos. Ha sido el primero en niños en España y el primero del mundo si sumamos la incompatibilidad sanguínea. Hay adultos trasplantados con esta estrategia que llevan más de un año, por lo que lo previsible, si extrapolamos los datos, es que el comportamiento en los niños también sea bueno, pero tenemos que ser cautos y esperar a que pasen unos meses para poderlo certificar.

Ahora que Naiara ha recibido el alta, ¿qué siente? ¿De quién se acuerda?

–El otro día en una entrevista en una televisión de Bulgaria me preguntaban qué recompensa había tenido yo. Primero la niña, que está en su casa, y luego que hasta en Bulgaria han oído hablar del Hospital Gregorio Marañón –bromea–. Aquí pensamos siempre en plural. Lo evidente, lo anecdótico, es el niño que ha ido bien, por supuesto, pero no me puedo quedar en una anécdota. Tengo que pensar cuantos niños más se van a beneficiar, Dios mediante, de toda esta ocurrencia que hemos tenido, de este invento; y esa es la gran satisfacción. Nuestra ilusión es que todo niño que entre en lista de espera de un trasplante de corazón efectivamente llegue a ser trasplantado y en menos tiempo del que ha necesitado hasta ahora. Y que podamos, si no aumentar el número de donantes, porque para eso tenemos que esperar que fallezcan niños, lo cual es un poco morboso o mezquino, que los que inevitablemente mueran que no se pierda ninguno si puede ser aprovechado habiendo otros chiquitines en lista de espera. 

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