Un estudio liderado por personal investigador de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha demostrado en ratones que distintos tratamientos capaces de modificar la actividad de determinados genes logran reducir la inflamación hepática, limitar la fibrosis que impide al hígado funcionar correctamente e incluso revertir parcialmente el daño asociado a la cirrosis.

Con el objetivo de encontrar nuevas estrategias capaces de reparar el hígado dañado y frenar la progresión de la enfermedad, un estudio publicado en la revista 'Hepatology Communications', de la Sociedad Americana de Hepatología, se centra en la epigenética, la rama de la genética que estudia cómo se regula la actividad de los genes sin modificar la secuencia del ADN.

"La idea es actuar sobre las señales químicas que indican a las células qué genes deben activarse o silenciarse en cada momento", ha explicado el investigador del Departamento de Medicina Clínica de la UMH Rubén Francés Guarinos, colíder del estudio, quien ha apuntado que "es una forma de modificar el comportamiento celular sin alterar la información genética".

Los estudiosos se centraron en el papel de la proteína LSECtin, una molécula con función protectora presente en determinadas células del hígado. En condiciones normales, esta proteína ayuda a mantener equilibrada la respuesta inmunitaria y evita una inflamación excesiva. Sin embargo, durante la progresión de la cirrosis, los niveles de LSECtin disminuyen.

Estado inflamatorio persistente

Como consecuencia, determinadas células inmunitarias proinflamatorias, especialmente los linfocitos Th17, proliferan y mantienen un estado inflamatorio persistente que favorece la formación de nuevas cicatrices fibrosas y acelera el deterioro del órgano.

"Observamos que, al restaurar la expresión de LSECtin mediante compuestos epigenéticos, conseguíamos reducir esa respuesta inflamatoria y frenar la progresión de la fibrosis", ha señalado la investigadora de la UMH Esther Caparrós Cayuela, colíder del trabajo.   

Para ello, el equipo utilizó un modelo experimental de cirrosis inducida en ratones y evaluó distintos inhibidores de enzimas epigenéticas relacionados con modificaciones químicas del ADN y de las histonas, proteínas que ayudan a organizar el material genético dentro de las células.

Aunque el estudio no tiene todavía aplicación directa en pacientes, los resultados obtenidos en ratones mostraron que varios de estos tratamientos recuperaban niveles de LSECtin similares a los de animales sanos.

Además, reducían la acumulación de tejido cicatricial, limitaban la expansión de células inmunitarias proinflamatorias y mejoraban distintos parámetros relacionados con la función hepática.

Cirrosis

"Dado que la restauración de LSECtin mejora la cirrosis, este descubrimiento abre una vía de tratamiento completamente nueva para mitigar el daño en las enfermedades hepáticas crónicas", ha concluido la experta.

El grupo de investigadores de la UMH ha registrado una solicitud de patente para el uso de uno de estos compuestos epigenéticos como tratamiento antifibrótico. El estudio ha sido liderado por el Grupo de Inmunobiología Hepática e Intestinal del Departamento de Medicina Clínica de la UMH, integrado en el Instituto de Investigación, Desarrollo e Innovación en Biotecnología Sanitaria de Elche (IDIBE UMH) y en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBERehd) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), en colaboración con el Laboratorio de Hepatología del Programa de Tumores Sólidos del CIMA-Universidad de Navarra y el Instituto de Investigaciones Sanitarias de Navarra.

La investigación ha contado con financiación de la Agencia Estatal de Investigación, del ISCIII y de la Generalitat Valenciana, a través del Programa Prometeo (CIPROM 2024/019).   

En el Estado español, la cirrosis hepática provoca alrededor de cinco muertes por cada 100.000 habitantes. Se trata de una enfermedad grave y progresiva en la que el hígado sustituye poco a poco el tejido sano por cicatrices fibrosas que alteran su estructura y dificultan su funcionamiento.

A medida que avanza la enfermedad, el órgano pierde capacidad para regenerarse y aumenta la inflamación crónica, "lo que acelera todavía más el deterioro hepático", han explicado desde la UMH.

Aunque existen tratamientos para controlar las causas que originan la cirrosis, como el consumo de alcohol, las dietas grasas o las infecciones víricas, actualmente no hay terapias capaces de revertir de forma eficaz la fibrosis hepática avanzada.