Coro Saint-Marc de Lyon. Director: Nicolás Porte. Coro de la ikastola Paz de Ziganda. Directora: Ainhoa Sarriguren. Piano: Luis Notario. Programa: Temas de la banda sonora Los Chicos del Coro, temas de películas (Mary Poppins, Cantando bajo la lluvia, Sonrisas y Lágrimas?), música religiosa, canciones populares francesas, clásicos pop y villancicos. Villancicos vascos. Programación: Auditorio de Barañáin. 4 de enero de 2014. Casi lleno.

EL coro de la ikastola Paz de Ziganda dio la bienvenida al mediático coro francés con tres preciosos temas vascos, que calentaron el ambiente, y también sirvieron para mostrar su buen nivel y preparación delante del coro estrella. Ciertamente el coro que dirige Ainhoa Sarriguren puede presumir del característico color blanco de estos conjuntos, pero, además, con una muy solvente parte grave, de contraltos, que proporcionan un empaque especial al grupo. Disciplinados, afinados, bien acompañados por el pianista, y con una dirección precisa -pero que, a su vez, propicia soltura-, sus versiones sobre el rico acerbo musical vasco, contaron con coreografías -algunas de ellas complicadas-, pero, tan bien asimiladas por sus componentes, que servían de estupendo complemento visual -y aún espectacular- a la música.

El coro Sant-Marc se presentó, en esta ocasión, con 19 miembros -más chicas que chicos-, con unos sopranos de muy corta edad de bello timbre en el agudo, y unas segundas voces también bastante blancas y de poco peso grave. Desgranaron nada menos que 22 temas, y resultaron más brillantes y relajados en la segunda parte. En la primera, con algunos temas francamente complicados de armonía, se les notó cansados -incluso en algunas canciones desafinaron-, demasiado encorsetados, quizás acusando el vaivén de la gira.

Hay una sensación de fragilidad en estas voces que, sin embargo, aporta encanto a su actuación; pero, a veces se tiene la sensación de que algunas obras están por encima de sus posibilidades, como la interpretada en tercer lugar: Dulcis Virgo María, con un Jubilate de complicados choques armónicos par los críos. Sin embargo, el Pie Iesu, con su registro agudo por las nubes, fue muy afinado en los siete sopranos, espectacular en su empaste como una sola voz. Desde luego, el repertorio no fue cómodo, en esta primera parte, lo cual honra a la agrupación: las dos Ave Marías, el Ave Verum Corpus, por ejemplo, son partituras de envergadura técnica. Fue fundamental el preciosista, respetuoso, comedido y muy delicado acompañamiento del pianista que viaja con el coro, del que no se facilita el nombre.

La segunda parte, en la que interpretan temas muy conocidos que van desde el Do-Re-Mi de Sonrisas y Lágrimas, hasta el No llores por mí Argentina, pasando por canciones de los Beatles, los Chicos del Coro, se sueltan más -dentro de su hierática pose en el escenario- parecen disfrutar más: ellos y el público. Hasta cantaron algún tema en español -Cielito Lindo- en connivencia con el respetable.

Pasadas la once de la noche -por cierto, un horario un tanto trasnochador para críos-, los dos coros se juntaron para cantar uno de los temas más conocidos de la famosa agrupación gala. Fue una velada muy agradable. Sobre todo porque pudimos constatar que la tradición coral en las instituciones educativas sigue, a pesar de todo, adelante, y con calidad. Y porque la sensibilidad, disciplina, espíritu de equipo, compañerismo, educación integral, sentido del esfuerzo y divertimento que proporciona la música, es un valor universal, y de enternecedor encaje en los más jóvenes.