Usandizaga recuperado
‘La Llama’, Orquesta Sinfónica de Euskadi
Obra: Ópera -versión concierto- en tres actos con música de José María Usandizaga (edición crítica de Juan José Ocón), y libreto de María Lejárraga (revisión de Manuel Cabrera). Reparto: Sabina Puértolas / Tamar. Mikeldi Atxalandabaso / Adrián. Damián del Castillo / el sultán. Miren Urbieta / narradora. Elena Barbé / Lisa. Fernando Latorre / el oráculo, la muerte. Maite Maruri / Aisa. Xabier Anduaga / carcelero. Coral Andramari (director J. M. Tife). Orquesta Sinfónica de Euskadi. Juan José Ocón, dirección. Programación: ciclo de la orquesta. Sala principal del Baluarte. 24 de marzo de 2015. Público: lleno (de 15 a 30 euros).
Usandizaga es otro de esos músicos muertos prematuramente (28 años), que nos dejan con la incógnita de una posible y fecunda obra futura. Porque esta Llama que se nos acaba de recuperar tiene preciosos pasajes orquestales, inspiradas arias solistas, y coloristas pinturas orientales, sobre todo en el coro. Recuperación, pues, afortunada, de justicia, y sin complejos; con un buen reparto (aunque se cayera del cartel Ainhoa Arteta), una buena dirección y aportación orquestal, y un soberbio coro -con cometido comprometido-. Es una obra entretenida, que se escucha muy bien, aunque sorprendan un poco esos recitativos ariosos antes de las arias más melódicas. El prólogo es una magnífica recreación del pasodoble; hay dos intermedios orquestales -sobre todo el que precede al tercer acto- de carácter casi straussiano, con una marcha fúnebre sombría que augura la tragedia (¡qué bien las trompas!); y unas pinceladas corales de fino trazo (excelente coro de voces blancas), y de trazo más grueso (robustez y plenitud de todo el coro en la apoteosis del sultán, que nos recuerda, un poco, la fiesta de moros y cristianos de Alicante); todo a modo de alivio del dramón de los amores imposibles de Tamar y Adrián, los protagonistas, que acaban muriendo.
Sabina Puértolas cantó muy bien toda la tarde, interiorizó el personaje y lo hizo creíble (su parte es amplia y complicada); bien es cierto que el rol, en algunos tramos, necesita una voz más robusta, con más peso; pero, por ese vuelo que tiene en el repertorio barroco, sus pianísimos en el agudo, fueron maravillosos; por ejemplo el feliz final de Noche misteriosa; o el dúo con el violín en La tierra donde he nacido. Muy bien el tenor Mikeldi Atxalandabaso, con un agudo de extensa plenitud y timbre que pasaba bien el grosor de la orquesta -en algunos momentos con exceso de potencia-. Rotunda la entrada de la narradora Miren Urbieta, nos quedamos con las ganas de más papel. Damián del Castillo tiene voz muy hermosa, redonda, le puso mucha autoridad al asunto. Elena Barbé resulta excesivamente ligera en timbre y volumen en su rol de reina del agua; le vino bien para los picados, pero, en conjunto, falta entidad, y el agudo de su aria El destino hace trampas quedó algo metálico. Maite Maruri, cumplió con su rol, lo mismo que Latorre y Anduaga.
Juan José Ocón llevó todo el entramado con una seguridad admirable -su conocimiento de la obra es casi de autor-; aunque algo menos de entusiasmo en percusión y metales, cuando iban con los solistas, no hubiera venido mal. Pero es una música de frondosa orquestación. El público lo pasó bien, sobre todo con pasajes como el Baila negro, baila bruja del coro, estupendamente cantado. Muy bien por la organización de la orquesta y su política de hacer justicia con Usandizaga en el 150 aniversario de su muerte.