48 horas de sorpresas e incertidumbre

al menos 20 cortos sobre el agua y rodados en dos días compitieron en el concurso navarra film challenge

10.02.2020 | 01:48
Los participantes del certamen Navarra Film Challenge, dentro del Festival Internacional de Cine de Navarra.

La vida y el agua en todos sus estados protagonizaron la gala de ayer en la que se presentaron al menos una veintena de cortometrajes dentro del concurso Navarra Film Challenge, que dotó a la pieza ganadora El comienzo, de Flavia Vila, con 1.000 euros de parte de Estudios Melitón. La Escuela de Teatro de Navarra fue el escenario de la proyección, en la que estuvieron presentes los directores de los cortometrajes que, junto a sus equipos, dispusieron de tan solo 48 horas para elaborar sus proyectos.

Manu Álvarez, autor del cortometraje Deja que fluya, concibió la experiencia de rodar en tan poco tiempo como "un ejercicio cinematográfico en el que pusieron a prueba sus habilidades". Asimismo, señaló que les pareció "de suma importancia tratar la violencia de género, un tema a menudo olvidado o censurado en el cine" y destacó que "el tiempo fue un gran adversario para todo el equipo, en especial para el guionista y los protagonistas del cortometraje, Eva Beunza y Javier Chocarro".

Por otra parte, los alumnos de 4º de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra, Marcos del Pozo y Pablo Baquedano, apostaron por utilizar un diálogo tarantinesco en Ciaboga, que protagonizaron ellos mismos y que tuvo como escenario un bar homónimo ubicado en Ermitagaña. "Nos gustó la idea de rodar en un bar por ser un punto de encuentro recurrente en el cine", expresaron. A su vez, Del Pozo confesó que trataron la temática del agua "de forma superficial ya que esta solo fue visible en las nubes, un vaso de agua y el hielo que había dentro de este". "Preferimos centrarnos en la conversación que mantenían los dos amigos. Y queríamos hacer algo con lo que pasáramos un buen rato y sin un significado concreto, para que los espectadores sacaran sus propias conclusiones", apuntaron. A su vez, confesaron que "dirigir y actuar de forma simultánea fue un desafío ya que, mientras uno enfocaba y grababa, el otro hacía como que miraba al que estaba supuestamente al lado suyo". Asimismo, comentaron que, "al ser un equipo reducido a dos personas, ambos tenían que sujetar la grabadora justo por la cintura, para evitar que apareciese ante la cámara".

Por otra parte, la directora y guionista de Sed la Vid, Idoya Salguero, jugó con la expresión c'est la vie en su corto que, además de reinvidincar el papel de la mujer en la vinicultura, trata cuestiones como el cuidado del agua y la importancia de esta para el crecimiento de la vid. "Me pareció urgente hablar de esto ya que la escasez de lluvia hace que se sequen las viñas y los que vienen de familia bodeguera comprenden la gravedad del asunto", expresó. Con respecto a la elaboración del corto, Salguero comentó que tenían "un esqueleto previo y que, al recibir las bases del concurso, se dieron cuenta de que no les servía de nada". "El agua tenía que ser el elemento clave y en nuestra historia apenas tenía un papel secundario, así que tuvimos que empezar de cero pero conservamos el viñedo que nos prestaron unos amigos". Asimismo, confesó que, en vez de 48 horas, le dio la impresión de que "rodaron durante tres semanas, al estar dos días sin salir de la bodega". A su vez, la autora señaló que "lo más estresante del rodaje fue conseguir la luz adecuada, pues esta duraba poco tiempo".

A pesar de las dificultades, los participantes lograron piezas de alta calidad que fueron juzgadas por un jurado integrado por Joaquín Calderón (presidente del NIFF), Helena Bengoetxea, Marcos Perera, Sandra Aguerri y Teresa Morales.