del artista Jorge Martínez Uharte

El discreto encanto de la fotografía

El artista pamplonés Jorge Martínez Uharte invita a una experiencia física con el arte en el Horno de Ciudadela, a través de una instalación que hace una crítica a la “trampa aburguesada de la fotografía como medio de expresión”.

10.02.2020 | 11:48
Jorge Martínez Uharte retratado en su instalación, con la fotografía de época de la que se ha apropiado, iluminada al fondo.

En un tiempo en que hay una tendencia a documentarlo todo, en que muchas veces los catálogos de las exposiciones son tan importantes o más que las propias piezas, en que la virtualidad es casi requisito para que algo sea visible, y en que la mirada está condicionada por discursos y leyes, Jorge Martínez Uharte sigue creyendo en el arte como experiencia física y única; como "catalizador que hace que florezca lo que el espectador lleva incorporado. Que luego se mantenga en la memoria, o no, dependerá de lo que a cada uno le haya afectado esa experiencia", dice.

A la oportunidad de tener esa vivencia invita el artista pamplonés con su proyecto El discreto encanto de la fotografía. Una instalación de imagen y luz que, hasta el 15 de diciembre, transforma el Horno de Ciudadela a través de la fotografía como lenguaje y con un trasfondo de crítica e ironía que tiene que ver "con la trampa aburguesada de la fotografía como medio de expresión", apunta el autor. "La ironía de fotografiar para nada, de conservar memoria para nada" está en el fondo de este planteamiento antifotográfico concebido en atmósfera de penumbra y que obliga al espectador a circular en torno a la pieza. "Me interesa mucho la relación entre espectador y pieza e impedir en lo posible esa primera mirada, que haya una relación con el recorrido y que la pieza esté de espaldas a la puerta", explica Martínez Uharte (Pamplona, 1966) sobre la obra central de su instalación, consistente en la construcción de un muro circular, a modo de recinto, que reproduce fotográficamente "una pared que ya está en el propio Horno para construir una arquitectura que no tiene sentido descriptivo, de ahí lo de fotografiar para nada", cuenta el autor.

desprecio técnico...

...Y ruptura con el concepto de autoría

Para la creación de esta pieza "se ha despreciado la hiperrealidad de la fotografía digital". La sesión para la creación de esta obra se caracterizó por su rapidez, "fue de una manera ligera y se compuso con un software automático... así que se rompe con la idea de la autoría... De hecho la idea era encargar la pieza a otra personas, pero el presupuesto con que contaba no me lo permitió y tuve que hacerla yo", reconoce el artista, que no exponía en Ciudadela desde 2013.

La segunda obra de la instalación del Horno se materializa en un retrato de posguerra de una niña de comunión, una fotografía que Jorge Martínez Uharte encontró en un anticuario de Pamplona y de la que se ha apropiado para cuestionar los derechos de propiedad intelectual. "Al verla me recordó a una serie que hice en los años 90 de parodia de artistas famosos. Y pensé en imitar la pieza de un autor, de un fotógrafo famoso, cambiando una de las letras de su nombre para evitar conflictos", dice aludiendo a las erratas en las firmas de esta pieza de autor anónimo que Martínez Uharte simula que pertenece a la colección del Museo Universidad de Navarra. Bajo el título Comunión en el altiplano, la obra es atribuida en esta simulación a Juan Manuel Castro Pietro, del reportaje Perú, viaje al sol, además de a Joan Fontcubierta -autor de la concepción de la imagen- y al crítico Fernando Casto Flórez. "Recuerdo la sensación que me produjo ver la fotografía colgada en la pared del anticuario, sucia, con mucho polvo y rodeada de multitud de objetos. Me recordó a las fotografías de Martín Chambi, él sí que era una bestia parda de la fotografía, verdaderamente auténtico..., e inmediatamente me recordó al proyecto de Juan Manuel Castro Prieto por el que le concedieron el Premio Nacional de Fotografía", un trabajo que el artista navarro define como "una situación cosmética, maquilladora, de postales que Castro Prieto, siguiendo los pasos de Martín Chambi, hizo en las aldeas de Perú; una serie de fotografías como postales, con un tufo colonialista horrible... me pareció demasiado aprovechado de la circunstancia", critica Jorge Martínez Uharte. "Fontcuberta y Castro Prieto son como los popes de la fotografía, los que deciden y tienen mucho peso, aunque yo no estoy para nada de acuerdo con sus planteamientos. Y el crítico no podía faltar, Fernando Castro Flórez...", cuenta el artista navarro, quien reflexiona con esta apropiación y simulación de obra sobre los derechos de propiedad intelectual y la autoría. Sobre que "las cosas originales tienen un punto de originalidad mínimo, porque con la cantidad de sedimentos que hay..., es una arrogancia pensar que uno es original".

materialidad del arte

Ejercicio de "militancia y resistencia"

En un medio en el que las producciones adquieren "un enorme protagonismo", hace tiempo que Martínez Uharte realiza piezas de arte lowcost con la fotografía no como sistema de reproducción y copiado, sino como lenguaje. A pesar de ser una pieza lowcost radical, la instalación del Horno es para su autor "muy ambiciosa". "Construir esto en mi estudio, que es una especie de camarote, por partes, sin poder comprobar hasta el final, cuando ya están las partes juntas y montadas, que funciona... es complicado", dice sobre El discreto encanto de la fotografía. Una propuesta hecha desde el Horno para el Horno, que tiene la vida que dura la exposición. Un proyecto, en este sentido, inexportable, irreproducible.

O en palabras del autor, "un ejercicio de militancia y resistencia como artista que ya ha pasado los 50 años y ve que la cosa no va para ningún lado", dice sobre "la actual aspereza, el desinterés social y la precariedad, que hacen muy complicado poder mostrar obra de manera coherente y continuada, y convierten el acto creativo en una actividad suicida desde el punto de vista de la rentabilidad y el sentido práctico". Él se posiciona en favor de la materialidad de las piezas artísticas. "Ahora todo son proyectos, virtualidades, cosas que nunca se ejecutan, o están en Internet, y yo soy una persona objetual que necesita ver y tocar las cosas. Este proyecto tiene que ver con el hecho de venir aquí, verlo en el momento y no poder consultarlo. No es documento, es vivencia, y la vivencia es insustituible. Apuesto por la emoción y la tensión espacio-temporal. Si no acudes a ver la pieza, te lo pierdes; esto no es streaming. No hay segunda oportunidad".