caza y pesca

La caza como deporte, un derecho por el que luchar

11.10.2020 | 00:37
Fotomontaje de un ciervo con brazos humanos, con el signo de victoria deportiva.

eS necesario que el sector aparte sus rencillas y reme de manera conjunta para afianzar una actividad con decenas de miles de años de historia

La Constitución ampara los derechos que tienen todos los ciudadanos de disfrutar del medio ambiente, del ocio y del deporte. La caza es una actividad voluntaria que reúne los tres disfrutes para el practicante y que se puede ejercitar cuando se cumplen una serie de requisitos. Cazar requiere, en principio, de disponer de una licencia de caza que expide la administración que regula en cada comunidad autónoma las actividades extractoras de los aprovechamientos forestales renovables, como son las piezas de caza.

La administración deportiva asegura, por su parte, el derecho a practicar un deporte y, como todo deporte reglado, este posee unas normas que los cazadores aceptamos en el caso de competir o de pertenecer a una asociación de la estructura federativa. Nos legaliza el derecho a cazar, a competir y a asociarnos la licencia federativa que expiden las entidades deportivas y que controla el Consejo Superior de Deportes (CSD).

Gracias a esta licencia federativa, los cazadores tenemos unas formas sociales de agruparnos con otros federados en clubs deportivos y federaciones, que son algo similar a un sindicato de cazadores. Por estar federados, estamos obligados a tener un seguro de daños propios, que se hace cargo de lo que nos pueda producir la actividad cinegética, mientras que los no federados, en el caso de que una persona que no posea esta clase de seguro padezca una lesión durante la caza, el coste de los servicios sanitarios va a cargo de la sanidad pública, que pagamos entre todos los ciudadanos.

La Real Federación Española de Caza se fundó en el año 1940 y, en marzo del 2008, tenía unos 350.000 federados, que fueron el núcleo más visible de una exitosa manifestación con cientos de miles de participantes que organizó la propia entidad, la Oficina Nacional de la Caza y la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores. Aquello fue un rotundo aviso de unidad para el gobierno de ese momento y contribuyó incluso a la dimisión de una ministra.

Últimamente, las federaciones se dirigen a los grupos políticos para pedirles programas sobre la caza y, como estas formaciones saben muy bien que la caza también vota, responden de manera positiva. Aunque cada uno vota a quien le parece, a ningún partido se le escapa la importancia de esa fuerza votante y reivindicativa que dan las asociaciones deportivas, como las federaciones.

Cuando cazamos con las modalidades más clásicas y hacemos kilómetros entre tabones o sardón y monte, somos parecidos a senderistas esforzados y, si subimos o bajamos la ladera, nos encarnamos en montañeros, con una carga adicional de escopeta o rifle, en lugar de una vara de apoyo ¿Y alguien pone en duda que cazar así no sea deporte? Cuando vamos a cazar con reclamo, o a un ojeo o a hacer una espera, la parte deportiva es más difícil de encajar para los que no son cazadores. Para la caza, la espera es una modalidad eficaz para el control de especies peligrosas, mientras que las otras dos son herramientas ancestrales dentro de la gestión de las poblaciones de perdiz.

No solo el Gobierno ha marcado qué es la caza deportiva. Ya José Ortega y Gasset definió varias veces la venatoria como la caza deportiva (a partir desde hace unos 13.000 años, cuando el hombre inició la ganadería y la agricultura) y lo mismo hizo Miguel Delibes cuando hablaba en sus escritos del deporte de la caza, así como lo hacía a su vez Félix Rodríguez de la Fuente cuando se refería a la actividad cinegética. ¿Acaso los más de 330.000 cazadores federados que pertenecemos voluntariamente a la estructura federativa estamos todos equivocados?

Lo más positivo para la caza sería que, en lugar de perder el tiempo analizando el sexo de los ángeles o si son galgos o podencos, todas las personas que tuvieran responsabilidades y representación colectiva de cazadores (con historia y masa suficiente para no atomizar la representatividad) bajaran a esa mesa redonda de la concordia y pusieran cada uno de los grupos los 20 objetivos más importantes que tiene ahora mismo la caza. En esa reunión se comprobaría sin duda que la mayoría de los cazadores queremos que se manejen y afronten colectivamente las debilidades y amenazas, a la vez que se potencien las fortalezas y las oportunidades, que es lo que han hecho todos los colectivos inteligentes a la hora de analizar su estado y defenderse agrupados para no sucumbir y poder disfrutar de la actividad cinegética a la que tenemos derecho.

Esto se conseguiría de una mejor manera y para más cazadores yendo todos por la misma autovía en el propósito de organizar la caza, aunque después cada uno circulara por el carril que le correspondiera o deseara. Es mejor olvidar las rencillas de algunos derrotados o incomprendidos y la prepotencia de otros. Si no, seguiremos eternamente quejándonos de lo que hace años ya deberíamos haber resuelto. Ahora hay muchos más medios para comunicarse y entenderse, siempre que se quiera.

Es mejor olvidar las rencillas de algunos derrotados y la prepotencia de otros. Ahora hay más medios para comunicarse y entenderse