caza y pesca

Daños a la agricultura, avance de enfermedades e impacto económico, peligros de limitar el movimiento a los cazadores

El Gobierno de Navarra continúa dando la espalda al colectivo cinegético y, con su acción, pone en riesgo el medio ambiente, al sector agroalimentario y a las zonas rurales

07.11.2020 | 23:51
Accidente de tráfico en el que hay implicado un jabalí.

Pamplona – No otorgar a la caza la posición que se merece en función de sus beneficios y los rendimientos que aporta a sectores tan importantes como el agroalimentario supone poner en riesgo diversas coyunturas que generan, tanto en el presente como en el futuro más inmediato, gravísimos problemas. La gestión del Gobierno de Navarra de la actividad cinegética durante el confinamiento conllevó duras críticas de los agricultores, la voz más alta pero no la única que protestó por decisiones erróneas que depararon pérdidas económicas y, más importante aún, el deterioro de los hábitats de la Comunidad Foral.

Ahora, meses después, el Ejecutivo foral vuelve a desoír las interpelaciones que le llegan desde, al menos, tres ámbitos (el mundo rural, los agricultores y ganaderos, y los cazadores) y da la espalda nuevamente a una labor fundamental en el control de las poblaciones animales. El Departamento de Salud ya dejó claro que no consideraba a los cazadores como una excepción a la norma que restringe los movimientos y los limita a la propia comunidad. Por tanto, ni los cazadores navarros pueden acudir a autonomías limítrofes (algunos de ellos tienen sus perros en las regiones donde cazan, otro problema añadido), ni los guipuzcoanos, aragoneses o riojanos tienen permiso para recalar en Navarra.

En las zonas rurales, la caza constituye un relevante sostén para las arcas municipales. Alcaldes de municipios como Etxalar, Baráibar, Valcarlos o Donamaría deben gestionar cómo van a hacer frente a la ausencia de cazadores de otras comunidades o incluso de Francia que, pese a tener prohibida la entrada en la Comunidad Foral, pagaron por permisos y puestos que no están autorizados a emplear. Esos sistemas de compensación producirán un menoscabo en los ingresos de los consistorios que terminará repercutiendo en los servicios que ofrecen a sus vecinos.

No solo en Navarra se está sufriendo esta tesitura. Regidores municipales de pueblos ubicados junto a la frontera de Aragón presionan también para que se permita el acceso de los cazadores navarros que todos los años viajan a sus términos y que, en esta ocasión, tienen impedida su salida de la Comunidad. En Mianos, por ejemplo, el alcalde, Javier Samipier, lamenta que la cuadrilla de Yesa que suele acudir a su zona no esté autorizada a cazar allí y se pongan en peligro unos ingresos que rondan los 17.000 euros.

Y esa no es la única contrariedad: "Este año, solo se ha cazado un día, y aquí sufrimos muchísima abundancia de jabalíes. Los agricultores ya se han empezado a quejar de que, a los pocos días de sembrar, los animales pasan por los campos y causan cuantiosos daños. Hay que hacer una acción conjunta entre los gobiernos autonómicos, las federaciones de caza y los ayuntamientos, para que todos ejerzamos presión y cambie esta situación", reclama, al tiempo que subraya el argumento más claro: "Ahora, con un medio ambiente en el que ya no hay depredadores, la caza es el único medio que puede regular el número de ejemplares. Y si no hay caza, no hay solución posible".

En Sigüés, su alcalde, Eduardo Abadía, secunda estas palabras. A su juicio, que no puedan llegar los cazadores de Navarra implica un gran impacto para la balanza económica del municipio. "Anualmente, ingresamos unos 35.000 euros, pero no olvidemos que este foco no es el único que importa. El mayor problema es que, si ahora los jabalíes crían y no se realiza ningún control, preparémonos para el año que viene, que, con todo lo que tendrán que comer, nos vendrá una preocupación mayúscula".

En Artieda, Luis Solana, su alcalde, continúa con las reflexiones de sus compañeros. "Aquí vienen cazadores de Sangüesa y Yesa, pero, más allá del dinero que se pueda generar, nosotros vemos la caza como una actividad tradicional que hay que conservar. Y no se puede dejar sin vigilancia a los jabalíes, que son ya casi una plaga y se han convertido en un inconveniente que gestionar. Está claro que no se puede prescindir de la caza", avisa.

De vuelta a la Comunidad Foral, esta alerta la recogen y la lanzan de nuevo los agricultores y ganaderos. Esta misma semana, el presidente de UAGN, Félix Bariáin, reclamó a los departamentos de Medio Ambiente y de Interior que comprendan la importancia de la caza. "Dado que la actividad agraria es declarada como esencial, y con el objetivo de evitar los daños en los cultivos, solicitamos que la caza sea considerada como complementaria a la agraria, para que los cazadores puedan seguir controlando las especies". Por ello, pidió para los cazadores el fin de las restricciones de movilidad.

En su escrito, Bariáin apuntó a su vez el tercero de los riesgos de impedir la caza, al añadir que la función que realizan los cazadores "evita que las especies sean vectores de enfermedades transmisibles a la cabaña ganadera". En la mente de todos los actores implicados está la tan temida peste porcina africana, una enfermedad que suscita una enorme inquietud en el sector del porcino. Para impedir que un brote surja en Navarra, el control de las poblaciones de jabalí resulta fundamental. Y la actividad cinegética, como defienden agricultores, ganaderos, el mundo rural y los propios cazadores, es la única herramienta efectiva.