Música

En quinteto

26.01.2021 | 00:39

Quinteto de viento de profesores de la Orquesta Sinfónica de Navarra

Intérpretes: Ricardo González, flauta; Juán Manuel Crespo, oboe; Elisa López, clarinete; Ferrán Tamarit, fagot; Aritz García de Albéniz, trompa. Programa: obras de Malcom Arnold, Teresa Catalán, Jacques Ibert, Debussy y Hindemith. Programación: Fundación Caja Navarra, Baluarte. OSN. Fecha: miércoles 20 de enero de 2021. Lugar: auditorio de Civican. Público: lleno lo permitido (gratis).

La formación de quinteto de viento es una de las más entretenidas para el oyente, máxime si, como es el caso, se programan músicas poco habituales. Saltan chispas en los instrumentos que van pasándose sonoridades, en algunos casos, nuevas. Incluso las más cacofónicas, en estos ensembles, se apaciguan. Programa variado, del siglo XX, y muy asequible. Comienzan con Malcom Arnold –¿quién no ha silbado alguna vez el Puente sobre el río Kwai?–, y sus tres canciones para quinteto de viento, donde predomina el ambiente jocoso, en la primera, con temas populares; le sigue un divertimento que pasa de trompa a flauta, luego a fagot, y así, hasta completar una muy agradable escucha partiendo de un tema simple; para terminar con evocaciones de música de feria o tiovivo, en la tercera. Sigue el fragmento del ballet El rapto de Europa que compuso Teresa Catalán junto con el grupo Iruñeko Taldea: una obra que siempre se recibe bien; que parte de esa atmósfera impresionista para derivar en una sólida composición más abstracta, con compromisos importantes para flauta –el comienzo, muy bello–, oboe, trompa, etc. Del francés Jacques Ibert –también con incursiones fílmicas como Arnold–, escuchamos tres piezas breves con un juguetón y virtuosístico oboe que va pasando el compromiso al resto, hasta la velocísima conclusión final de la primera. Se lucen los intérpretes. La segunda es un andante bucólico, que endulza muy bien el sonido de la flauta y el clarinete; el oboe contrasta con los graves de fagot y trompa. La última, desarrolla un bonito clarinete, un tempo de vals, y, en fin, una música entre agreste y sutil, siempre placentera de escuchar. La Suite número uno de Debussy también tiene un comienzo jocoso –Ministrels–, punteado por el conjunto con precisión; La muchacha de los cabellos de lino aporta un precioso tema que arranca en el oboe, con un exacerbado lirismo que todos recogen, especialmente la flauta. El Cake-walk, que cierra esta pequeña suite, es ese baile tan conocido que vemos en las películas del Oeste americano –normalmente con violín– y al que el quinteto de viento da empaque sonoro propio, conservando el vuelo y enriqueciéndolo. Cerró la afectuosa y relajante velada, la Pequeña música de cámara de Paul Hindemith, que, en la versión de esta quinteto de viento de la Sinfónica de Navarra, fue una de las cumbres del concierto. Interpretación cuajada, que, sin olvidar los sobresaltos –pocos– del Hindemith que introdujo la máquina de escribir en el concierto, se decanta por tratar al público con aliento humano, no tanto con malabarismos sonoros (conversación del autor con Enrique Franco). Es una obra deliciosa, en su brevedad, tiene de todo: sentido del humor, desenvoltura en diversas tonalidades, y, sobre todo, imantada expectación para el oyente que se sorprende ante el vals (flautín), cuyo vaivén está interiorizado, y que se exterioriza con una atractiva distorsión. Mención para Ricardo González (flauta y flautín). El movimiento lento es un hallazgo tímbrico entre el dúo flauta –clarinete (Elisa López), todo sosegado y muy bien empastado entre los cinco– (los ya citados, y García de Albeniz, trompa; Crespo, oboe; y Ferrán Tamarit, fagot). El final es brillante, vivo, de ataques rotundos y sonidos grandes, pero redondeados y que ocupan el espacio sin aturdir.