Música

Reteñir el órgano

02.03.2022 | 00:43

Recital de Órgano

Interprete: Celia Saiz Marroquín en el órgano Caballé Coll de San Antonio de Pamplona. Programa: Melodía y pieza para órgano de Federico Olmeda (1865-1909). Brahms: corales 2, 3 y 11 de la O. 122. D. Bustehude: Padrenuestro Bwv 219. J. S.B. En mi amado Dios, Bwv 646. Anónimo español s. XVII: batalla de quinto tono. Programación: Conservatorio P. Sarasate, ANAO. 26 de febrero de 2022. Entrada libre.

el ciclo Retaños, de la Asociación Navarra de Amigos del Órgano, parece juntar en esa palabra extraña, el verbo reteñir en su segunda acepción: dar sonido brillante el metal; y el sustantivo retoño, referido a nuevos tallos, o, en este caso, a los jóvenes alumnos que continúan y extienden la estupenda escuela de órgano que desde Echebeste, Iraizoz, Taberna, Zabaleta... del siglo pasado, continúa en Echechipía y Raúl del Toro, entre otros. Raúl del toro, actual profesor del Conservatorio Pablo Sarasate, con un buen criterio pedagógico, saca del aula a sus alumnos, para que conozcan varios instrumentos –un mundo distinto cada uno–; y ofrece estos recitales, en los que constamos que la cantera asegura la continuidad, siempre dificultosa, de que los estupendos órganos barrocos y románticos de Navarra, seguirán sonando. No es profesión fácil la de organista; me recuerdan, un poco, a los investigadores científicos, metidos en sus laboratorios, mal pagados, a los que se les exige una extraordinaria preparación, sin que se los valore en toda su dimensión. Hay mucho de vocación, en ambas profesiones. Y ahí están, metiendo muchas horas en la soledad de las iglesias, investigando sonidos y registros, desempolvando partituras, restituyendo sonidos antiguos que, a la postre, resultan los más modernos.

Me acerco, pues, a la iglesia de San Antonio, en una mañana de sábado de agradable paseo por Carlos III. En la consola del órgano Cavaille-Coll, traído de Lekároz, Celia Saiz Marroquín, que trata de dominar el sonido redondo y romántico del órgano que encargara en su día el P. Donostia. Presión, pues, no le falta, pero sale airosa. El comienzo de su recital es tranquilo: dos piezas para órgano de Federico Olmeda. Ambas bien equilibradas de sonido en el registro, y con una digitación limpia, algo más exigente en la segunda. Sigue un meditabundo y ya muy final Brahms, con tres de las once piezas para órgano sobre corales bachianos. Es la última obra de Brahms, que vuelve al instrumento rey; una obra que aporta la tupida densidad brahmsiana al coral. Las tres (números 2, 3, 11), irradian, a pesar de los textos, -(Oh mundo debo dejarte)-, serenidad y esperanza. El órgano suena lleno y profundo, pero no oscuro. Celia aporta el tempo apropiado, y trasmite calma. En Buxtehude, con un tema sobre el Padrenuestro, sale claro el tema, en la parte aguda, sobre la bien hecha cama de graves. Y el gran Juan Sebastián (Bwv 648) está bien solucionado en su triple –como siempre- dificultad: agilidad barroca en la mano derecha, rotundo bajo continuo en la izquierda, y la melodía, clarín descarado, en el pedal. Piedra de toque para la organista es la Batalla de quinto tono, de autor anónimo; estas obras fueron populares en el siglo XVIII, y recrea el fragor de la batalla, –(hoy, por desgracia puestas de actualidad, comenta Raúl del Toro en la presentación, en su faceta cruel)–. Aunque la obra es más propia de los órganos ibéricos –o sea con tubería horizontal, Celia Saiz, sale airosa. El ciclo, que ayer comenzó e El Salvador, irá hasta mayo. Animo a los organistas.

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