La crónica

La calma llega por la vía rápida

Dos remates de iker Muniain en el arranque del encuentro sentencian al Espanyol y permiten al Athletic cortar la mala racha con su triunfo más holgado

10.02.2020 | 11:44
Iker Munian celebra la consecución de uno de los tres goles que marcó o provocó ayer frente al Espanyol.

Dos remates de Iker Muniain en el arranque del encuentro sentencian al Espanyol

ATHLETIC 3-0 ESPANYOL

ATHLETIC: Unai Simón; Capa, Yeray, Iñigo Martínez, Yuri; Dani García; Williams (Min. 70, Larrazabal), Unai López (Min. 59, San José), Muniain (Min. 85, Aduriz), Córdoba; y Raúl García.

ESPANYOL: Diego López; Víctor Gómez, Naldo, Bernardo, David López, Didac Vilà; Víctor Sánchez, Marc Roca (Min. 63, Granero), Darder; Campuzano (Min. 70. Wu Lei) y Vargas (Min. 61, Ferreyra).

Goles: 1-0: Min. 4; Muniain. 2-0: Min. 17; Muniain. 3-0: Min. 79; Víctor Gómez, en propia puerta.

Árbitro: Juan Martínez Munuera (Comité Valenciano). Mostró tarjeta amarilla al visitante Bernardo (min. 53).

Incidencias: Partido correspondiente a la undécima jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 37.094 espectadores, según datos oficiales. Presenció el partido en el palco, entre un nutrido grupo de deportistas, la tenista Garbiñe Muguruza y los ciclistas Jonathan Lastra, Mikel Bizkarra y Omar Fraile.

Bilbao - Anoche la magia de San Mamés acudió puntual a su cita con el equipo, cuando más lo necesitaba. El partido se las traía, de su desenlace dependía que las dudas y la inquietud incubadas tras los últimos resultados no fuesen a más. El Athletic pudo aflojar el nudo que empezaba a apretarle el cuello con una efectividad inusitada. El factor campo que parecía haberse difuminado esta vez tuvo una influencia maravillosa, transformando el déficit de pegada que viene penalizando a los muchachos de Gaizka Garitano en un alarde de puntería que prácticamente sentenció al Espanyol en el cuarto de hora inicial. No hizo falta mucho más. Dos goles, ambos de Muniain, liquidaron el asunto y el resto del tiempo discurrió tedioso, con un juego infumable al que contribuyeron los dos contendientes, hasta que llegó la guinda en forma de gol en propia puerta de Gómez que certificó la victoria más contundente en la etapa del actual técnico.

El fútbol, su caprichosa naturaleza, tuvo a bien establecer una alianza con el Athletic, como si tuviera una deuda pendiente. Es posible que fuera una compensación por los dos puntos de los que le privó contra el Valladolid en la anterior cita casera, lo cierto es que todo salió a pedir de boca: qué más se puede pedir si el primer balón que se mete en el área rival termina en la red. No tuvo margen para reaccionar el cuadro de Pablo Machín, aturdido por un arranque tan inesperado, pues enseguida recibió un nuevo plastazo, en esta ocasión ya con marchamo de sentencia. Dos goles son un mundo y ayer el Athletic, que estaba negado en la culminación, los subió al marcador en un abrir y cerrar de ojos dando la razón a Garitano y su fe en que el premio estaba al caer.

A partir de ahí se presenció un ejercicio de control por parte rojiblanca. Prudente repliegue y firmeza en las disputas para provocar que el Espanyol fuese ahogándose en su impericia ofensiva, asimismo contrastada desde el verano. Hubo así solo un par de sustos para la grada, es a lo que se expone el equipo que renuncia a la iniciativa y opta por especular con la ventaja, pero Unai Simón se redimió de sus actuaciones recientes y como de lo que se trata es de priorizar el marcador, pues todos contentos, los jugadores y una afición que aplaude el detalle más nimio para digerir el bajo nivel del espectáculo.

El temor real o fundado a que la noche se torciera se esfumó en el primer acto, período en que el balón parado concedió sendos remates de Bernardo y David López. La estrategia es una baza que el Espanyol trabaja a fondo con Machín y ya le ha rendido beneficios. Por fortuna el banderín del linier y la agilidad de Simón impidieron que el conjunto catalán sacase provecho de la faceta donde concentró su veneno. Bueno, Wu Lei también estuvo cerca de marcar, aunque ya con el 3-0, y de nuevo Simón anduvo listo para frustrar el mano a mano del delantero recién incorporado. Para entonces el Espanyol, pese a que perseveró y no cesó de acumular posesión, había dejado claro que su propuesta carece de filo, al menos para superar a un enemigo pertrechado, cuya defensa gasta una acusada agresividad en el cuerpo a cuerpo.

Enfocado el esfuerzo a impedir que el Espanyol progresase, el Athletic condujo el duelo hacia unos derroteros presididos por un pragmatismo a ultranza. La creación propia rayó a un nivel ínfimo, con pérdidas incontables, muchas incomprensibles, pero se diría que los jugadores se sienten más a gusto poniendo pegas al contrario que percutiendo. Semejante actitud conlleva un gran desgaste físico que asumen con enorme aplicación, lo de defenderse con la pelota no va con ellos y gozando de ventaja pues hasta se dirá que no pasa nada, sobre todo si la cosa acaba bien y conviene recordar que era un partido que había que ganar o ganar, como fuese.

RETOQUES

La noticia no estuvo en la alineación, como cabía prever casi calcada a la del Metropolitano, sino en los cambios de posición que ordenó Garitano en la delantera. Raúl García se ubicó como ariete, desplazando a Williams al costado derecho mientras Muniain hacía las tareas de enlace. Los demás, en su sitio habitual. Cabe que la idea, a la que no se le puede negar su lógica atendiendo a las características de los afectados, sorprendiese al Espanyol, puesto que su zaga dio síntomas de despiste en esa fase inicial, cuando el Athletic quiso imprimir un ritmo alto con constantes envíos largos de Simón y poca elaboración entre líneas. Es difícil saber hasta qué punto la fórmula condicionó el comportamiento de unos y otros dado que el origen de los goles estuvo en dos despejes de la defensa catalana. En el primero, tras pase raso de Yuri porfió Raúl García con Naldo y David López y el balón quedó muerto a los pies del capitán que no se lo pensó y cruzó raso. Diego López hizo la estatua. En el segundo, un córner corto de Unai López fue repelido por Campuzano y Muniain, que aguardaba en la frontal, la bajó con el pecho y soltó un voleón imparable.

En medio hubo intento lejano de Unai López y luego fue preciso esperar hasta bien avanzada la segunda mitad para asistir a otra oportunidad, a cargo de Córdoba, bien resuelta por el portero. El balance se cierra con la acción del 3-0, también protagonizada por Muniain, aunque la autoría se debe repartir entre Naldo, por su nula contundencia, y el infortunado Gómez, que acudió a apoyar, se le enredó el balón y dejó al portero clavado a media salida. Media docena de aproximaciones, tres goles. Ya solo falta que el llamativo registro realizador eleve la confianza de la tropa en sus posibilidades de cara al marco y contribuya a establecer una tendencia en próximos compromisos. De momento, el Athletic zanja la racha negativa y respira profundo. La goleada a costa del Espanyol puede suponer el punto de inflexión que tanto ansiaba.