Wavegarden: en la cresta de la ola

Wavegarden, la empresa guipuzcoana líder en el sector de los parques de surf, ya cuenta con seis complejos de olas artificiales, otros cinco están en fase de construcción y 60 ya tienen la financiación

28.02.2022 | 09:16
La ciudad británica de Bristol cuenta con su parque de olas desde 2019. Fotos: Wavegarden

La empresa guipuzcoana Wavegarden tiene previsto inaugurar en 2023 un parque de olas artificiales en el Valle de Coachella (Estados Unidos), un resort que incluirá además un hotel de cuatro estrellas, 83 villas residenciales y servicios como un beach club y spa. Sin olvidar, canchas de pickleball, un pump track para practicar el surf skate, restaurantes y bares. "Para nosotros es un gran hito porque no es nada fácil entrar en el mercado estadounidense con una tecnología vasca", asegura Amaia Iturri, responsable de Comunicación de la empresa. Wavegarden ya cuenta con otros seis parques de surf como el de Coachella: Praia da Grama, en Brasil; Alaïa Bay, en Suiza; Wave Park, en Corea del Sur; URBSNURF, en Australia; y The Wave y Surf Snowdonia, en Reino Unido. Actualmente, cinco proyectos más están en fase de construcción y otros 60 ya tienen la financiación, esto es, el inversor ya ha puesto una cantidad de dinero importante sobre la mesa con el fin de demostrar su compromiso y para que Wavegarden empiece a construir la maquinaria.

Alaïa Bay, en Suiza.

Entre los que están en fase de construcción, destacan el de Garopaba en Brasil y el de URBSNURF Sydney, en Australia. Surfland Brasil será el primer resort de surf en copropiedad que contará con un Wavegarden Cove como atracción principal. Ubicado en Garopaba, Santa Catarina, contará con muchas actividades diferentes para todas las edades, como un skatepark, un hotel, piscinas, canchas de tenis y fútbol, spa, restaurantes, una pista para correr, un gimnasio y mucho más. Wavegarden ya inauguró en junio de 2021 el primer Wavegarden Cove de América Latina, Praia da Grama, la primera playa tropical del mundo con olas artificiales. Asimismo, tras el éxito de URBSNURF Melbourne, está previsto que el segundo parque de surf de Australia abra sus puertas en el Parque Olímpico de Sídney a principios del 2023. Esta instalación, entre otros servicios, contará con una escuela de surf, un bar en la azotea, un club de playa y cabañas. Este es el segundo parque de surf con tecnología Wavegarden que Urbnsurf va a desarrollar en Australia.

¿Cuál es el secreto del éxito? "Nuestra tecnología es diez veces más eficiente que cualquier otra", explica Iturri. "El ahorro es considerable", apostilla. Recuerda que los americanos "ya tienen su propia tecnología" y "que nos hayan elegido a nosotros es algo muy destacable y no muy normal", considera. La oferta es más que atractiva. "Lo que ofrecemos es la mayor cantidad, variedad y calidad de olas, porque tenemos hasta 20 diferentes, es decir, para que una persona que no sepa surfear aprenda a ponerse de pie, y para que los profesionales puedan entrenar en las Olimpiadas con olas de tubos y aéreos". Pero no solo eso. "Lo hacemos con el menor consumo de agua y de energía", asegura Amaia Iturri que da a conocer el dato de que los seis parques de surf que están operando lo hacen con un TIR entre el 15 y el 20%, es decir, "comercialmente son viables y muy rentables". De hecho, "somos los únicos que estamos abriendo parques en el mundo en este momento", destaca.

Melbourne también cuenta con su parque de olas artificiales.

Wavegarden trabaja con el generador de olas "más eficiente del mercado" y está diseñado para recuperar y reutilizar parte de la energía creada. Gracias a las bajas pérdidas energéticas y al alto rendimiento de la maquinaria, los niveles de eficiencia energética del generador de olas no pueden ser más altos. Actualmente, el coste de la mayor ola generada es solo de 1 kw/h para las olas más grandes (y la mitad para las más pequeñas). Es decir, el coste por hora es de aproximadamente diez céntimos de euro.

aizarnazabal, kilómetro cero Fundada en 2005, Wavegarden vive un momento de esplendor a nivel mundial. Josema Odriozola y Karin Frisch, los padres de la criatura, decidieron combinar su amor por el surf con su experiencia en el diseño y construcción de instalaciones deportivas para crear un concepto nuevo en el mercado que transformara cualquier lugar en un destino exótico y seguro para la práctica del surf, con olas garantizadas y un plan de ocio alternativo e inclusivo. "Tuvieron visión para ver un hueco de mercado", subraya Iturri.

El grupo de trabajo en los inicios estaba formado por seis personas, entre ellas, claro está, Josema Odriozola y Karin Frisch. "Uno se encargaba de la dinámica de fluidos para todo el tema de la generación de olas a través de ecuaciones matemáticas, había un arquitecto... Todos eran polivalentes, porque no había recursos para más", ensalza Iturri. "La ola se generaba gracias a que un tractor giraba", recuerda la responsable de comunicación. Cinco años después, en 2010, Wavegarden fabricó el primer prototipo surfeable con la tecnología Wavegarden Lagoon y a Aizarnazal llegaron los primeros campeones del mundo para probar esa primera ola surfeable. Allí se dieron cita, entre otros, John John Florence, Gabriel Medina, Ítalo Ferreira o Billy Kemper. En 2012 se creó un prototipo bidireccional, que generaba olas de izquierda y derecha y en 2015, se abrió al público Surf Snowdonia en Gales, el primer Wavegarden Lagoon, una tecnología que ya no se comercializa porque se generaba una ola cada tres minutos y no era rentable.

En 2016, la compañía revolucionó el mercado con una nueva tecnología, Wavegarden Cove, capaz de generar hasta 1.000 olas por hora. "Cuando empezaron, lo hicieron con mucha ilusión, pero también con mucha incertidumbre. Según avanzaron los meses, se dieron cuenta del lío en el que se habían metido", bromea Iturri. "Tuvieron que empezar desde cero", reflexiona más en serio. "Lo que iba a ser simplemente un espacio en el que practicar surf, ha ido creciendo hasta convertirse en lo que es hoy". Tuvieron una visión pero el riesgo era más que evidente porque "eran proyectos muy caros ?entre 20 y 25 millones de euros? y tenían que ser rentables y fiables. Tenían que asegurarse de que esto iba a funcionar". El tiempo les ha dado la razón.

 

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