La economía, a menudo, se comporta como un mecanismo de relojería donde el alivio por un lado suele venir acompañado de la tensión en otro. Los datos definitivos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE) han dibujado un escenario de claroscuros para el bolsillo de los ciudadanos vascos. Por un lado, el Índice de Precios de Consumo (IPC) parece haber encontrado un pequeño freno en su escalada, situándose en el 3,2% en Euskadi durante el mes de abril en tasa interanual. Se trata de una rebaja de dos décimas respecto al mes anterior que sitúa este indicador en su nivel más bajo registrado en la CAV desde el pasado mes de febrero de 2026, justo antes del inicio del conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, la alegría será efímera. Ante esta aparente moderación, el Ministerio de Economía ha anunciado el fin de gran parte del escudo fiscal: el IVA de la luz y el gas natural abandonará su impuesto reducido para volver al implacable 21% a partir del 1 de junio. Solo los carburantes, que volvieron a tirar al alza la inflación, seguirán teniendo en junio un IVA reducido.
Para entender la magnitud de este choque entre los datos macroeconómicos y la realidad doméstica, es necesario desgranar la radiografía de los precios. A pesar del descenso interanual, la vida sigue encareciéndose en el día a día. En términos mensuales, la inflación en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) aumentó un 0,4% en abril, lo que empuja la subida acumulada en lo que va de año hasta el 1,6%. Los ciudadanos vascos siguen notando la erosión de su poder adquisitivo cada vez que salen a la calle, repostan sus vehículos o se sientan en la mesa de un restaurante.
El transporte y la hostelería lideran el encarecimiento en Euskadi
Al sumergirnos en el análisis por sectores dentro de Euskadi, las cifras revelan dónde aprieta realmente el zapato de la economía familiar. El transporte, por culpa del alza de los carburantes, se ha convertido en el principal sumidero de las finanzas personales, registrando una subida interanual del 6,2% (un punto más respecto a la tasa anotada el mes anterior). Este repunte no es casual y hunde sus raíces en la volatilidad de los mercados internacionales de crudo, fuertemente condicionados por la geopolítica mundial.
Justo detrás del transporte, el ocio y la restauración continúan pasando una factura cada vez más abultada. Los restaurantes y los servicios de alojamiento se encarecieron un 5,6% más (+0,1 puntos), reflejando cómo el sector traslada el aumento de sus costes operativos y de materias primas al consumidor final. La cesta de servicios se completa con ascensos notables en los seguros y servicios financieros, que escalan un 4,5% (+0,5 puntos), y en el sector de las bebidas alcohólicas y el tabaco, con un incremento del 4,4% (+0,3 puntos).
Llenar la nevera, aunque ya no muestra los picos dramáticos de años anteriores, sigue siendo un 3,5% más caro que en abril de 2025 (alimentos y bebidas no alcohólicas). A esta lista de encarecimientos se suman el cuidado personal y otros (2,5%), la educación (2,2%), la sanidad (1,9%) y la vivienda (1,1%). En un mar de subidas, el consumidor vasco solo ha encontrado una solitaria isla de abaratamiento: el segmento de información y comunicaciones, la única categoría que ha visto reducir sus precios, con una ligera caída del -0,2% (pese a subir 0,2 puntos respecto al mes precedente).
El mapa estatal: Madrid a la cabeza y moderación general
Al ampliar el foco hacia el conjunto del Estado, el comportamiento de la inflación se mimetiza con el patrón vasco. A nivel estatal, el IPC también aumentó un 0,4% mensual en abril, logrando reducir 0,2 puntos su tasa interanual para empatar con Euskadi en el 3,2%.
No obstante, la inflación sigue siendo un fenómeno asimétrico que castiga de forma desigual dependiendo del código postal. Al cerrar el mes de abril, las tasas más asfixiantes del IPC se concentraban en la Comunidad de Madrid (3,8%), seguida de Castilla y León (3,5%) y Castilla - La Mancha (3,4%). En la otra cara de la moneda, las comunidades que experimentaron un menor ahogo inflacionario fueron Extremadura y Asturias, ambas con un 2,7%, y La Rioja, con un 2,9%.
Desde Economía se apuntan a dos grandes culpables, con signos opuestos, para explicar este recorte de dos décimas a nivel estatal respecto a abril de 2025. Por un lado, la contención del IPC se debe al menor coste de la electricidad —cuyos precios disminuyeron con más fuerza que un año antes— y a la evolución de los paquetes turísticos, que aunque subieron, lo hicieron con menor intensidad. Por el otro, el gran lastre que ha evitado una caída mayor de la inflación ha sido el precio de los combustibles y lubricantes para vehículos personales. Estos tiraron al alza frente a la bajada que experimentaron en la primavera del año anterior.
Junio marca el fin de la tregua: el retorno del 21% de IVA
Es precisamente la bajada en los precios del mercado mayorista de electricidad la que ha servido de argumento al Gobierno de Pedro Sánchez para comenzar a desmantelar el armazón de ayudas desplegado durante lo peor de la crisis energética. El Ministerio de Economía ha sido claro este jueves: el IVA de la electricidad y el del gas natural, así como el de briquetas, pellets y leña, pasará el próximo 1 de junio del tipo rebajado del 10% a su tipo general del 21%.
"La caída en los precios de la electricidad y del gas natural permiten iniciar la desactivación de las medidas sobre el impuesto especial sobre la electricidad y el IVA", rezaba el comunicado oficial de Economía. Esta reversión no viene sola. El impuesto especial sobre la electricidad, que hasta ahora se encontraba prácticamente neutralizado, pasará también el 1 de junio del 0,5% al 5% habitual. La temida "cuesta de enero" parece haberse trasladado este año a las puertas del verano.
A pesar de esta retirada progresiva de estímulos fiscales, el Gobierno español trata de mantener un frágil equilibrio protegiendo a los sectores más frágiles. Se mantendrá, al menos hasta el 30 de junio, la suspensión del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica. Seguirán vivas también las ayudas sectoriales a agricultores y transportistas, y, de manera crucial, los descuentos reforzados del bono social eléctrico, que otorgan una rebaja del 42,5% para los consumidores vulnerables y del 57,5% para los vulnerables severos.
Desde Economía defienden la eficacia de este escudo, recordando que "el efecto de las medidas del plan de respuesta en la inflación general es de una moderación cercana a un punto porcentual". Sin embargo, admiten que la situación obliga a seguir monitorizando los precios en un contexto de altísima incertidumbre global.
El polvorín de Oriente Próximo y la excepción de los carburantes
La gran excepción a esta normalización fiscal la protagoniza el surtidor de la gasolinera. El decreto ley con el plan de respuesta a la guerra contra Irán, aprobado de urgencia el pasado 20 de marzo por el Consejo de Ministros, preveía la desactivación de las rebajas fiscales en junio. Sin embargo, la terca realidad geopolítica ha forzado un cambio de planes.
El IVA de los carburantes —que incluye gasolinas, gasóleos, biocarburantes y la devolución parcial del gasóleo profesional— seguirá rebajado al 10% hasta el 30 de junio, prorrogando además los tipos reducidos del impuesto sobre hidrocarburos. La razón es matemática y dolorosa: la inflación en abril para estos productos se mantiene muy por encima del umbral del 15% fijado por el Ejecutivo español para autorizar la retirada de las ayudas.
El conflicto bélico en Irán y la inestabilidad rampante en Oriente Próximo mantienen los precios del crudo presionados al alza -el precio del barrill brent de referencia en Europa se mantiene en los 106 dólares-, amenazando con desestabilizar la cadena logística global. El Ministerio de Economía insiste en que, pese a este encarecimiento, el plan de respuesta está cumpliendo su objetivo de amortiguar el golpe, habiendo logrado moderar la inflación de los carburantes en más de 16 puntos porcentuales respecto al escenario sin intervención.
En definitiva, los ciudadanos se asoman al verano de 2026 con un horizonte ambivalente. El monstruo de la inflación general parece dar un pequeño paso atrás, pero la vuelta a la normalidad impositiva en servicios básicos como la luz y el gas promete absorber rápidamente cualquier margen de ahorro. La economía, una vez más, nos recuerda que las treguas nunca son definitivas.