El rojo ha teñido el malestar de los bares que presenciaron la derrota de Osasuna ayer por la noche. Mientras el equipo disputaba este partido en el que la afición no podía acompañarles. El osasunismo tuvo que refugiarse en los bares, clubes y sus salones para presenciar una jornada que desesperaría incluso al más optimista. Más enfado que alegría, más incredulidad que confianza y, en algunos momentos, más confianza en los de fuera que en Osasuna. Así vivieron el encuentro los rojillos en los bares de Pamplona, soltando improperios contra los jugadores del Getafe y contra los propios. Los gritos aumentaban con cada pérdida de tiempo y así la primera mantuvo inquietos a todos hasta que se escuchó “gol del Elche aupa rojos”. Lo que algunos no recibieron como una noticia tan importante, otros lo vieron como lo que ha terminado siendo, el paso a la salvación.
Así, desde el fondo de algún local se empezaba a animar la noche, pero solo por parte de algunos. Todos preferían que el milagro viniera de Osasuna, pero parecía demasiado lejano como para dejar de prestar atención a los otros partidos. Por eso, al final de la primera parte, Juan Eseverri, un aficionado rojillo, compartía que “la defensa se ve muy justa, creo que el bloque abajo no nos vale, deberíamos ser más ofensivos”. Además también se escuchaba la desaprobación de otro seguidor del equipo: “Me esperaba un juego más controlado y seguro, la situación ha hecho que salgan los nervios” dijo Jose Aguirre.
La segunda parte llegaba a los bares en los que la afición se ponía a cada minuto más tensa. Finalmente los ánimos se derrumbaron con el gol de Milla. Los espectadores mostraron más increduldad ante la situación de los jugadores y la salida repentina de Rubén García trajo un comentario compartido entre varios: “No puede ser que salga y se lesione inmediatamente” o en repetidas ocasiones se escuchaba decir que el equipo estaba gafado. Conforme avanzaba el partido incluso los propios camareros no podían concentrarse en su trabajo, y nadie les culpaba ya que todos tenían claro que la salvación no iba a depender del equipo. Aunque las esperanzas se estuviesen acabando, la tensión no desaparecía de los espectadores, que no podían apartar la mirada del partido, especialmente en los últimos minutos. La afición seguía pensando en los errores del equipo: “Deberíamos aprender a atacar, no parece que tengamos aptitudes para estar en primera” opinó Isabel Martínez.
Cuando sonó el final del partido no hubo ninguna reacción positiva ni negativa. El foco cambió al Girona-Elche. Los bares de Pamplona terminaron animando más al Elche que a Osasuna. Los de Sarabia fueron los que recibieron las celebraciones de los rojillos. Antonio Pérez, un osasunista veterano afirmó que “ha sido peor que los últimos partidos, me chorreaban las manos y no he podido decir nada del miedo que tenía”.