La película adapta la novela homónima de Alejandro Palomas, distinguida con el Premio Nacional de Literatura y traducida a más de 18 idiomas. Tras su premier mundial en el Festival Internacional de Cine de El Cairo, se presentó en el Festival de Málaga el pasado 10 de marzo. La historia sigue a María, una psicóloga escolar que, pese a su falta de experiencia, percibe que tras la aparente felicidad de un niño de ocho años recién llegado al colegio se oculta algo inquietante. Para desentrañarlo, tendrá que interpretar los dibujos con los que el pequeño expresa su mundo interior y enfrentarse, además, a la resistencia de su padre.

En la película se mete en una historia muy emocional. ¿Qué fue lo primero que le enganchó del personaje? 

-Me conmovió mucho la historia y el personaje me pareció muy atractivo. Es una mujer maravillosa que vuelca su vida en ayudar, en concreto a los niños, intentando que su vida sea un poco mejor y encontrar respuestas. Tiene una vocación enorme, hasta el punto de hacer muchas renuncias. En la película no se muestra de forma explícita, pero se intuye, y yo lo trabajo desde ahí: una vida social más bien escasa. Su dedicación es tan grande que afecta a otros ámbitos de su vida, pero es una renuncia que asume. 

La historia nace de la novela de Alejandro Palomas. ¿Se apoyó en el libro para construir el personaje o prefirió quedarse solo con el guion? 

-Leí el libro, aunque me apoyé sobre todo en el guion, que es muy fiel a la novela. Creo que es una adaptación muy bien hecha. Luego trabajé en los ensayos, junto al director y al niño, intentando contar la historia y ser fieles a ella. Las dos versiones conviven mucho y tienen mucho que ver entre sí, pero quise leer el libro por si podía aportar algo más.

En alguna entrevista ha definido a María como una mujer obsesiva, que no puede desconectar. ¿Le costaba salir de ese estado después del rodaje?  

-No, no me costó. Es verdad que hay personajes que cuestan más y otros menos, pero en esta película, a pesar de que ella es muy exigente, muy trabajadora y no para hasta llegar al fondo de lo que tiene entre manos, hay algo que lo equilibra. Al estar en contacto con niños, se relaciona desde un lugar de alegría, de juego, de escucha y de mucha luminosidad. Es también una herramienta para darles lo que necesitan: seguridad, confianza y una sensación de amor. Por eso estuve bastante conectada con emociones luminosas durante el trabajo.

"Los niños necesitan seguridad, confianza y una sensación de amor"

La historia plantea la importancia de la psicología infantil. ¿Cree que como sociedad seguimos llegando tarde a muchos casos? 

-Sí, creo que hemos avanzado mucho en ese sentido. Estamos mucho más abiertos a contar con psicólogos, a abordar la salud mental y a afrontarla. Aun así, todavía queda camino: hay que normalizarlo más, poner más medios y darle el valor que realmente tiene.

Macarena García en su última película 'El hijo' Cedida

¿Hubo alguna escena que le removiera especialmente durante el rodaje? 

-Hubo varias escenas complejas. Yo tenía dos grandes bloques de trabajo: con el niño y con el padre. Mi personaje entiende que es un tema sistémico, que hay una responsabilidad del padre, y durante la película necesita descubrir qué ocurre realmente en esa familia. Las más difíciles eran las escenas con el adulto, con el personaje de Hugo Silva. Supone enfrentarse a alguien con responsabilidad en sus actos, pero que está muy a la defensiva, con dificultad para acceder a sus propias emociones y para dejarse ayudar. 

¿Cómo fue la relación con el resto del reparto? ¿Se generó ese vínculo que luego se nota en pantalla?

-Sí, tuve mucho trato con el personaje que interpreta Jesús Carroza, que es otro profesor y orientador, muy en la línea de ella, con una forma similar de entender la educación y el acompañamiento. En general, hubo una manera de trabajar muy parecida, con mucho respeto por el proyecto y mucho cariño. Además, el rodaje tenía algo muy especial: el niño protagonista aportaba mucha alegría y luz, y el director es muy tranquilo, lo que generaba un espacio de mucha conversación y calma.

Macarena García protagoniza ‘Un hijo’ junto a Hugo Silva. [Fotografía: Cedida]

¿Se ha sentido bien dirigida por Nacho La Casa?

-Sí, me he sentido muy bien acompañada. Él tenía mucho amor por la novela, le interpelaba mucho. Era una historia importante para él, le hacía mucha ilusión y confiaba plenamente en ella, y eso se transmite. Estaba muy conectado con la historia y hemos trabajado muy juntos, con mucha conversación y espacio para construir el personaje en común.

"Un rodaje complicado no lo quiere nadie"

Cursó un año de la carrera de Psicología. ¿Aplica esa mirada en cómo elige o prepara personajes? 

-No tengo recuerdos concretos de lo que estudié ese año, pero al final esa elección tiene que ver con las cosas que me interesan. Tiene relación con cómo tomo decisiones, con la manera en la que veo el mundo y con lo que quiero contar. Luego haces lo que puedes, porque todo se mezcla con lo que se te da y con lo que te llega; no puedes construir una carrera tú solo. Se trata de ver cómo, con lo que va llegando, puedes acercarte al mundo de la forma en la que crees.

En su carrera ha hecho comedia, drama, musical… ¿Dónde siente que ha arriesgado más como actriz?  

-No siento que arriesgue en función del medio, sino más bien del personaje que se me ofrece o que interpreto. Tiene más que ver con eso. Hay personajes que están más alejados de mí y suponen un reto mayor, lo cual es increíble cuando ocurre. Otros, en cambio, están más cerca. Va más por ahí.

¿Qué le da más vértigo: un rodaje complicado o el momento del estreno y la exposición pública? 

-Un rodaje complicado no lo quiere nadie. Todos buscamos rodajes y experiencias bonitas, sin duda. 

¿Ha aprendido a convivir con la inestabilidad de la profesión o sigue siendo algo difícil de gestionar? 

-He aprendido a convivir mucho mejor con ello. Antes me hacía sufrir más, pero ahora he llegado a un punto en el que, aunque no siempre es fácil, entiendo que hay altibajos, que es algo cíclico. En los momentos de parón intento hacerme la vida bonita y sentirme bien, y cuando hay trabajo, disfrutarlo. Intento hacerme la vida más fácil.

¿Qué tipo de proyectos o personajes busca ahora que siente que le dan sentido a su carrera?

-Busco personajes que supongan un reto, que me lleven a hacer algo diferente o a contar historias distintas, que me importen y me conmuevan. Para mí, lo ideal es trabajar con gente en la que confío, con un criterio y una sensibilidad parecidos a los míos, y rodearme de personas que tengan cosas personales e importantes que contar.

¿Le preocupa el impacto de la inteligencia artificial en la interpretación o lo ve lejano? 

-Es algo que, de momento, no. No le estoy dando mucho espacio, porque me produce demasiado vértigo. 

¿Le gustaría volver a trabajar con su hermano, Javier Ambrossi (de los Javis), en futuros proyectos? 

-Sí, siempre será maravilloso trabajar con él. Es un regalo de la vida.