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Fenómenos anómalos

Fenómenos anómalosCEDIDA

Hay algo irónico en las últimas desclasificaciones del Pentágono sobre ovnis: tras casi ochenta años de rumores sobre secretas tecnologías y visitantes extraterrestres solo se ven imágenes borrosas o reflejos ambiguos. Mucha propaganda institucional para algo que habla menos de vida extraterrestre que de la constante fabricación de espectáculo político.

Mirad, unos platillos, mientras amenazan a Cuba. Porque los fenómenos verdaderamente anómalos vienen de lo fácil que asumimos aquello que debería provocar repulsa generalizada. Este fin de semana hemos visto la desproporcionada actuación policial en Loiu a la llegada de activistas humanitarios repatriados. Volvían tras sufrir abusos, detenciones y esa exhibición repugnante de un ministro ultra de Israel.

Anómala es la destrucción sistemática de Gaza, los ataques a Líbano, Irán... normalizando prácticas incompatibles con el derecho internacional. También resulta difícil no percibir anomalías aquí en la degradación de la conversación pública. La política convertida en un intercambio permanente de acusaciones, la difusión deliberada de bulos, la utilización estratégica de la polarización o la sospecha creciente de que determinados intereses económicos terminan condicionándolo todo.

Casos judiciales convertidos en armas partidistas, dirigentes que parecen actuar más pendientes del rendimiento mediático que de la responsabilidad institucional con una ciudadanía empujada a elegir entre bandos antes que a pensar críticamente. Y la constatación de que las influencias del poder y la economía derivan en corrupción y lucro. Quizá el verdadero signo de esta época sea este: buscamos misterios en vídeos desenfocados mientras aceptamos como normales hechos inexplicables que deberían parecernos insoportables. Tiempos anómalos