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¿Fue la señal, la orden?

En aquel tiempo me encontraba destinado (ya he contado que trabajé para la CIA) en Aslamabad, perdiendo el tiempo y tragando polvo. Polvo y whisky, a todas horas. Pero el día 11 de marzo de 2001 ocurrió algo que llamó mi atención: la milicia ultraortodoxa islámica talibán completó la destrucción de los dos colosos de Buda esculpidos en roca entre los siglos III y IV en la provincia central de Bamiyán. Las dos imponentes estatuas, de 55 y 36,5 metros de altura, fueron destruidas. Los dos colosos, ejemplares únicos del fundador de la fe budista, fueron reducidos a escombros, una catástrofe cultural que indignó al mundo. El representante talibán descartó que el derribo fuera una represalia por las sanciones de las Naciones Unidas (ONU) impuestas a Afganistán para forzarle a entregar al multimillonario saudí Osama Bin Laden, acusado por Estados Unidos de ser el cerebro de los atentados en 1999 contra sus embajadas en Kenia y Tanzania que causaron 224 muertos. "Es un asunto interno de Afganistán que no tiene relación con las sanciones". No me gustó nada, llamé a Washington de inmediato, a la agencia, al FBI, me prohibieron hacerlo a la Casa Blanca. Y de forma "terminante" que volviera a comentarlo, y días después me largaron. A la p... calle. Exactamente seis meses más tarde, el 11 de septiembre de 2001, dos aviones se lanzaron para estrellarse contra las torres gemelas, destruirlas, causar miles de muertos, y dar pie a una guerra con muchos miles más de víctimas. Todavía hoy (hoy) que se cumplen diez años me pregunto: ¿Fue la señal de un acuerdo, o quizás fue el modo de transmitir una orden? No me deja dormir.