Aniversario fin de ETA :: Grupo Noticias

La paz, en la retina

Cinco periodistas analizan el trecho recorrido desde aquel anuncio de ETA que por fin atendía al clamor social, despejaba el futuro y abría la esperanza tras tantos años de muerte y sinrazón.

Un reportaje de Jesús Barcos

“Mi salvapantallas es una foto del primer amanecer sin ETA”

Advierte que “el paso del tiempo tiene cosas buenas pero también malas” para una memoria compartida

“Las generaciones que no han conocido lo que era matar a alguien porque pensaba diferente es que ni se hacen a la idea de lo que ha sido esto”. Juan Carlos Etxeberria (Donostia-San Sebastián, 1968), recuerda con mucha nitidez la jornada siguiente al anuncio de ETA. Este periodista trabajaba en Miramon, el centro de ETB en Donostia. Aquella mañana salió temprano en moto en dirección a su trabajo, y de camino salió el sol. Paró, se bajó y fotografió ese amanecer. Esa foto la guarda de salvapantallas en su móvil desde entonces. “Porque era el primer día sin ETA”.

Aquel día hizo un cierre especial para el informativo, porque así le “apeteció”, recalca. Era una canción de Itoiz, que dice Egunon Egun berria, egunon! Agur gaua. (Buenos días, bienvenido día nuevo, adiós a la noche). Con esa música de fondo, las imágenes del amanecer que había sacado, y las que luego grabó con un cámara, se introdujo “una especie de secuencia con personas públicas o anónimas sonriendo, “porque la gente tenía la sonrisa puesta aquel día”.

Etxeberria rememora también sus primeras emociones. “Te acuerdas de un montón de cosas, pero pensé más en lo que nos quedaba por delante que en lo que habíamos pasado. Pensé muchísimo en mis hijas, en la gente que no iba a conocer lo que para mí había sido parte de mi vida durante cuarenta y tantos años. Luego reflexionas más, y por supuesto me acordé de todo lo que había pasado, pero la sensación era de alegría, y de gratitud”. Un sentimiento inicial de un ‘yo no sé qué habrá hecho cada cual para llegar aquí. Pero a cualquiera que haya hecho algo, gracias, gracias, gracias, eskerrik asko”. En esos primer momento “casi me daba un poco igual por qué se había llegado a eso. Para mí lo importante es que se había alcanzado el fin de ETA”.

Con el paso de los meses, este periodista comenzó a echar “en falta una reflexión más ética y no estratégica por parte de quienes habían dado apoyo a la actividad de ETA”. Entonces pensaba “que el tiempo iba a ayudar a dar pasos en esa reflexión”, y que “se iba a llegar más lejos de lo que hemos llegado en el reconocimiento de que fue injusto y no debió pasar nunca”. Etxeberria cree que “ahí nos hemos quedado cortos y que todavía queda mucho recorrido”. Y advierte de que “el tiempo puede ayudar a restaurar algunas heridas sociales, pero también desdibuja la gravedad de cosas que ocurrieron. Cuantos más años pasan sin que se den pasos necesarios, es más difícil. Ha habido vulneraciones de derechos que no se han reconocido, violencia policial por parte del Estado, y al mismo tiempo a mí los ongi etorris me parecen impresentables” Y concluye: “O asumimos todos lo que ha pasado, o no vamos bien”. Si se quiere “construir una memoria compartida”, dice, mejor que esté aún fresca, para evitar “desdibujarla”, en aras también del un reconocimiento histórico y social claro de las víctimas.

MARTXELO OTAMENDI DIRECTOR DE ‘BERRIA’

“El PSE no va a reconocer nunca que sabía lo que pasaba en Intxaurrondo”

Aboga desde el pesimismo por que “todo el mundo reconociera lo sucedido y se pusiera en el dolor del otro”

PAMPLONA – Martxelo Otamendi. (Tolosa, 1957) evoca la antesala del anuncio en Aiete. Aunque “el Gobierno español no estaba implicado y el lehendakari se fue a un viaje empresarial a Estados Unidos”, subraya que Kofi Annan “no hubiera venido sin las garantías de que eso iba a salir bien y rápido, y por supuesto, sin el okey diplomático de Zapatero”. Según explica, “Aiete se adelanta”, porque las Generales se anticiparon a noviembre, y que había a una “especie de compromiso tácito” de que hecho público el cese de la violencia, empezaría un proceso final en Noruega. De hecho, añade, una representación de ETA estuvo en Oslo desde noviembre de 2011 hasta marzo de 2013, con “protección diplomática” del Gobierno noruego, esperando al nuevo Ejecutivo del PP, que no apareció.

Con respecto al momento actual, Otamendi se pregunta si Sánchez hubiera acercado presos con una mayoría absoluta, aunque observa que ha pasado mucho tiempo, que ETA ha terminado y que el alejamiento de presos fue denunciable. “Mandar a un preso vasco a Canarias como castigo porque no se quiere reinsertar no está ni en el Código Penal ni en la sentencia. Es una decisión que tomaron gobiernos socialistas y populares”. Si bien recuerda que Aznar “movió a 200 presos”, y que Rubalcaba le reconoció en un debate en Catalunya Radio que él era el responsable de que no se hubiese movido a ningún preso, pues era partidario de posponerlo hasta el final del proceso.

El director de Berria considera que la exigencia de autocrítica “habitualmente solo se hace a la izquierda abertzale”. Sobre los pasos pendientes, dice que “el que no da ninguno ni va a darlo es el Estado, en versión PSOE o PP”. Destaca que “la izquierda abertzale reunió en 2012 a distintas direcciones y personas emblemáticas de HB, en un acto público en el que se reconoció no haber empatizado con el dolor de las víctimas de ETA. Ese acto pasó como una paloma, nunca se ha considerado importante”. Esta entrevista, como el resto de reportaje, se realiza días antes del discurso de Otegi de este lunes. A Otamendi le da la sensación de que este espacio político “no espera” que el Estado vaya a dar ningún paso en el reconocimiento del GAL o de la tortura, “ni el Gobierno Vasco va a reconocer que la Ertzaintza torturó. Él tampoco cree que el PSE vaya a reconocer nunca “que sabía lo que pasaba en Intxaurrondo, el mayor centro de torturas de Europa occidental”. Pero augura que el relevo político generacional diluirá lo sucedido. Y observa, sin ánimo de minimizar, que la sociedad “está haciendo su vida” y que “quien no ha tenido ninguna víctima directa ha pasado página rápido”, lo que le recuerda a Jesús Eguiguren, “que dijo que la paz era más o menos esto, que la gente pudiese bajar a la calle sin tener que mirar debajo del coche y sin escoltas, y pueda presentarse a las elecciones en el partido que le dé la gana sin que nadie le diga nada”.

JOAN RUSIÑOL SUBDIRECTOR DE INFORMATIVOS DE ‘CATALUNYA RADIO’

“Fue el punto y final a tantos años de sufrimiento”

Cree que Euskadi está en una “digestión muy difícil”, intentando “curar todas las heridas” de la violencia

PAMPLONA – Hace 10 años Joan Rusiñol (Vic, 1979) era corresponsal en Madrid del diario Ara. Recuerda comentar la noticia aquella tarde con una persona de Euskadi que se “echó a llorar y colgó el teléfono de la emoción”>. Pese a la carga emocional que encerraba la jornada, para este periodista la noticia “ya estaba en el ambiente tras Aiete”, y fue “el punto y final de tantos años de sufrimiento”. Desde su punto de vista, ETA, que “nunca había tenido sentido, en 2011 “era una historia acabada y finiquitada”. A su juicio, un anuncio de este cariz “seguramente hubiese tenido un impacto mayor en 2006, cuando se fue todo al garete con el atentado de la T4”. Pero 5 años después “al fin y al cabo efectos políticos tuvo pocos”, aunque sí “muchos a nivel humano y social”.

De aquel momento Rusiñol subraya que el Partido Popular, “a pesar de toda la campaña de presión que había hecho años atrás al Gobierno de Zapatero para desgastarlo con este tema, y las manifestaciones de ‘Navarra no se vende’ y ese tipo de cosas”, en el momento “clave”, tras el anuncio, “Rajoy fue prudente en su comunicado y no lo vinculó a supuestas contrapartidas políticas”. Por ello cree que el líder del PP, a punto de convertirse en nuevo presidente, “supo leer con Zapatero el momento histórico, en contraste con otros momentos pasados y futuros en los que el PP ha mostrado “una actitud muy temeraria en este tema”.

Un mes después de este anuncio un 20-N, se celebraron elecciones Generales, en las que, según Rusiñol, “ETA no entraba en los elementos que condicionaban el voto”, sino que “estaban marcadas por el tema económico, básicamente, y por la gestión que había hecho Zapatero de la crisis”. A lo que se añade, según Rusiñol, que Rajoy era “consciente de que le tocaría gestionar a él” la cuestión, lo que explica también su prudencia. “Todo el mundo daba por hecho que gobernaría él y gobernó con mayoría absoluta”, recuerda.

Rusiñol valora los pasos dados contra la dispersión, pues esta “a quien castiga es a los familiares de los presos, que bastante pena tienen con tener un familiar que ha cometido un asesinato o lo que sea y está en prisión. Desde un punto de vista cristiano, humano, moral y obviamente legal, es un mecanismo que hay que suprimir”, por lo que reprocha al PP su balance.

El periplo profesional de Rusiñol posteriormente le llevó en 2016 a ser corresponsal en Euskadi para La Vanguardia, antes de retornar a Catalunya. Así, fue testigo directo de la evolución de la sociedad vasca, y de ese aprendizaje publicó un libro, ‘Partides simultanies’, en el que comparaba la vía vasca y catalana al Estado propio”, en dos contextos históricos “muy distintos” y caminando “en direcciones contrarias”. Con una Euskadi centrada en estos años en “una digestión muy difícil de intentar empezar a curar todas las heridas de tantos años de violencia”, con “el trabajo que todavía queda”, buscando “una estabilidad emocional, política y social que durante muchos años el conflicto con ETA no permitió”.

LOLA GARCÍA DIRECTORA ADJUNTA DE ‘LA VANGUARDIA’

“Al País Vasco actual le han quitado una losa de encima”

Encuadra aquel anuncio de ETA como el fruto de un “proceso de decantación anterior”

Lola García. Foto: Xabier Cervera

PAMPLONA – Lola García (Badalona, 1967) confiesa no tener recuerdos nítidos de la tarde del 20 de octubre de 2011. En aquel momento era subdirectora de La Vanguardia. Hoy, directora adjunta, percibe una Euskadi “como si se hubiera quitado una losa de encima”. Al “País Vasco actual lo veo mucho más alegre y dinámico. Incluso la gente. Es una sociedad que se ha quitado un peso de encima, lo he notado a posteriori”.

Desde la actual perspectiva, García cree que la situación “ha avanzado bastante, yo lo miro con una cierta admiración”. Y que “después de tantos años con esa tensión y ese drama” se han dado “pasos muy importantes” para “una reconciliación”, que pese a todo considera “muy difícil”. El pasado “no se borra de la noche a la mañana ni muchísimo menos”, subraya. Y pone el ejemplo de Catalunya, donde observa que sin haber sufrido “ni mucho menos los dramas del País Vasco”, está “costando mucho” retomar una trasversalidad social.

Para este periodista se necesita “tiempo”, pero también “ganas”, porque “el tiempo cura cosas, pero no lo cura todo”. En todo caso, añade, “las personas que han sufrido en sus propias carnes no tienen por qué perdonar si no quieren”.

En cuanto al clima social, Lola García entiende que “Bildu está haciendo pasos” en la buena dirección, que “a veces le cuesta” y que “tiene que seguir dándolos”. Cree que “a la derecha también le cuesta mucho”, con “determinados discursos del Partido Popular en el Congreso con un lenguaje de hace 15 años”. Pese a todo, considera “que se va en la dirección correcta y que la evolución proseguirá por su propio peso, porque nota en la sociedad vasca “muchas ganas de superar” las dificultades.

Con una dilatada experiencia profesional a sus espaldas, Lola García detecta a modo de trasfondo una desconexión intermitente en medios madrileños ante determinadas realidades como la vasca o catalana. Lo ejemplifica con las elecciones en las que Ibarretxe revalidó la mayoría frente a Redondo Terreros y Mayor Oreja, ante un “desembarco espectacular desde Madrid”. Episodios donde estos medios madrileños “creen que va a ocurrir una cosa y ocurre justamente la contraria”. Para García, este problema perceptivo “va a ser muy difícil de corregir, no tiene fácil salida”, porque “el poder tiende a ser endogámico, se mueve en Madrid, y por tanto acaba mirándose mucho el ombligo”.

LUCÍA MÉNDEZ ANALISTA POLÍTICA EN ‘EL MUNDO’

“La pregunta ahora es cómo fue posible que durara tanto”

Considera que fueron “los sucesivos Gobiernos, y sobre todo, la sociedad, quienes acabaron con ETA”

PAMPLONA – Para Lucía Méndez (Palacios de Sanabria, 1960), “el fin de ETA no tiene solo una fecha, fue un proceso. ETA empezó a acabarse el 11-S, cuando el terrorismo se convirtió en algo insoportable en la sociedad. Luego hubo algunos coletazos”. Otro momento crucial para Méndez fue el asesinato de Miguel Ángel Blanco. “También fue muy relevante la política de Aznar ilegalizando Herri Batasuna”, añade. De esta etapa asimismo valora que se “empezase a reivindicar a las víctimas. Eso lo hizo él”, por lo que cree que hay que “reconocérselo”, por más que “luego su partido las haya utilizado muchas veces”, y que “los siguientes gobiernos continuaran esa labor de poner a las víctimas en el primer plano”.

Para esta periodista, “quienes acabaron con ETA fueron los sucesivos Gobiernos, todos, y sobre todo, la propia sociedad. Lo que nos preguntamos ahora es cómo fue posible que durara tanto”. A su juicio, se han dado “muchísimos avances” en el terreno de la conciencia social. “Que la sociedad esté haciendo su propia catarsis sobre aquello, es muy positivo e importante desde el punto de vista ético, moral y de valores cívicos”. Cree que eso ya es perceptible “incluso en personas que pudieron mirar para otro lado cuando los asesinatos, que no los condenaban por x circunstancias. Ahora mismo, están en una posición claramente contraria”. Si bien es consciente que hay una parte de la ciudadanía de la CAV y de Navarra que no está haciendo esta reflexión, le parece que “ya no se pueden presumir de determinadas cosas”, lo que ve como un “avance de la calle en general”. Según Méndez también es “muy positivo” que el Gobierno Vasco “se haya puesto al frente de la defensa de las víctimas, que el nacionalismo vasco haya tomado esa causa, que no siempre la hizo suya”.

Lucía Méndez tuvo una interlocución fluida con Alfredo Pérez Rubalcaba. “Fue la persona que dirigió esas operaciones, y el interlocutor del Estado no como Gobierno, sino como nación, y el garante de sus intereses. Él siempre pensó que esto se iba a acabar. Cuando la T4 fue un golpe durísimo a las expectativas que había. Ahí se llevaron un chasco muy grande. Pero en las conversaciones que tenía con él, explicaba con toda claridad que el proceso era inevitable, que no había más remedio, que esto tardaría lo que tardara, pero que era una cosa absolutamente irreversible. Él te lo contaba no en plan operativo, sino como evolución política del país”.