Los datos a veces son solo datos y a veces llevan tras de sí multitud de interpretaciones. Si no, ya me dirán: en 2015, el 6,12% de los alumnos navarros de Bachillerato -lo que antes era 3º de BUP y COU- obtenían una nota media de sobresaliente. 6 de cada 100. En 2024, la cifra había subido al 14,10%, 14 de cada 100. Un incremento del 130%. En España, se pasó del 11,57% al 18,62%. En comunidades como Murcia, la media de sobresalientes es de 26 alumnos por cada 100. Si nos fijamos en Navarra, las diferencias son enormes entre la educación pública (10 de cada 100 sacan sobresaliente) y la concertada (20 de cada 100). Todas estas cifras, tanto los incrementos como las diferencias, nos llevan a hacernos muchas preguntas: ¿son más listos y mejores estudiantes los y las alumnas de 2024 que las de hace 10 años?, ¿ha mejorado tanto el sistema educativo en todo España como para que casi se haya duplicado la cantidad de alumnado en nota sobresaliente?, ¿es real la diferencia de excelencia entre la educación pública y la concertada o hay algo más detrás?
Lógicamente, carezco –yo y casi todo el mundo– de la información necesaria como para responder a ninguna de estas preguntas y aventurarme a elucubrar apoyado en la encimera de mi cocina sería una insensatez, pero parece obvio que las elevadas notas de corte que se solicitan en muchas carreras universitarias y la necesidad imperiosa de los alumnos por sacar buenas notas tendrán parte de culpa. Lo que no sabemos ni probablemente sabremos nunca es si hay o no hay centros que tengan entre sus dinámicas mejorar algo sus notas para resultar más atractivos a la hora de captar alumnado, un run-run que por supuesto no es nuevo y que lleva años funcionando y de ahí la importancia de que una prueba como la PAU, igual para todos y corregida por los mismos, valga lo que vale en la nota final. Unas cifras, en todo caso, sorprendentes.