Antes de atravesar la experiencia de la muerte, hemos experimentado un proceso de vida. Y llevando la atención a lo que llamamos salud (la armonía del cuerpo y de la mente), podemos decir lo mismo. Antes de inventarse la enfermedad se ha inventado la salud. Digo esto porque tenemos la tendencia de dar por hecho que ya deberíamos existir y que siempre deberíamos tener buena salud, porque sí. Lograr la comida tiene un esfuerzo, lograr la buena salud también tiene un esfuerzo.

Es importante observar ese detalle. Porque entonces, al buscar solución a todo este tipo de problemas (incluida la salud social de la humanidad), partimos de una pregunta diferente a: ¿por qué ha inventado Dios el dolor? Y nos centraremos mejor en decir: ¿Cómo podemos aplicar mayor armonía a la existencia individual y colectiva? Dios ha inventado el dolor para despertarnos, hablando en el sentido de buscar mayor consciencia, responsabilidad, y en definitiva lo que llamamos conocimiento y sabiduría de nuestro interior del ser.

Creo que en el futuro se dará más importancia y atención para aprender nociones, técnicas y hábitos de vida más correctos en el sentido de enfermar menos y aprender a regular mejor nuestra salud. Esto será una ventaja en la economía del gasto público y en la mejora de la armonía social. Sugiero a todas las personas interesadas y especialistas, leer el libro titulado El arte del chi-kung, de Wong KieW Kit. Allí se explica el funcionamiento de las energías internas y métodos sencillos para ejercitar diariamente. También habla sobre un aspecto de la espiritualidad, viendo cómo todas las religiones en su origen y profundidad transmiten mensajes semejantes. Pero en principio, lo más importante es tratar de comprender el concepto. Hasta qué punto nuestra mente influye poderosamente en nuestra salud. Se trata de conocer el funcionamiento de uno mismo a un nivel más directo e íntimo del que nos transmite, por ejemplo, la psiquiatría o la psicología convencionales.