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Cartas a la directora

Nos ahogan en las piscinas que nos obligaron construir

Nos ahogan en las piscinas que nos obligaron construirPatxi Cascante

Escribimos esta carta desde las instituciones firmantes, con la desazón, la derrota y el desánimo que provocan las situaciones injustas. Estos últimos años tenemos los oídos llenos de discursos sobre la lucha contra la despoblación, la defensa del medio rural y la necesidad de mantener vivos nuestros pueblos. Lo curioso es que, mientras se pronuncian esos discursos, el propio Gobierno de Navarra se dedica a cerrar uno a uno los pocos servicios que todavía conseguimos sostener, entre ellos nuestras piscinas. Las mismas piscinas que, hace décadas, el Gobierno subvencionó generosamente –hasta el 75% de la inversión– para que los pueblos pequeños pudieran ofrecer un servicio básico de convivencia, ocio y refugio frente al calor. Entonces se nos animó a construirlas. Hoy, en cambio, se nos exige adaptarlas a nuevas normativas sin aportar financiación suficiente para hacerlo. Evidentemente, no podemos asumir obras que superan el medio millón de euros con presupuestos municipales de 40.000 ó 90.000 euros anuales, porque ni nos dan los préstamos, ni tenemos financiación. Se nos condena al cierre, así de sencillo.

Porque conviene aclarar algo: no hablamos de ayuntamientos y concejos que hayan mirado hacia otro lado. Llevamos años ahorrando céntimo a céntimo, legislatura tras legislatura, reservando remanentes y esperando unas ayudas que nunca llegaban. Mientras tanto, las exigencias técnicas seguían aumentando. Ayuntamientos grandes han podido afrontarlas con recursos propios o con enmiendas nominativas. Los pueblos pequeños, en cambio, seguimos jugando otra liga: la de sobrevivir.

Resulta difícil no apreciar cierta ironía en todo esto. Se llenan la boca hablando de atraer población al medio rural, pero después dejan a los pueblos sin médicos, sin transporte digno, sin servicios… y ahora también sin piscinas. Justo cuando las olas de calor son cada vez más frecuentes. Debe de ser esta la nueva política contra la despoblación: hacer la vida tan complicada que quedarse en el pueblo se convierta en un acto de resistencia. Lo más grave no es que exista una normativa sanitaria –nadie discute la necesidad de garantizar la seguridad–. Lo grave es exigir obligaciones imposibles de cumplir sin habilitar los medios económicos para ello. Eso no es rigor. Eso es trasladar toda la carga a quienes menos capacidad tienen para soportarla.

Este verano muchas piscinas de pequeños municipios no abrirán. Y probablemente tampoco el siguiente si nada cambia. Luego volverán los discursos institucionales sobre la Navarra rural, la cohesión territorial y el equilibrio entre comarcas. Lo triste es que los pueblos no se vacían solos, sino que se les empuja a vaciarse. A nosotros, nos han empujado al vacío de unas piscinas sin agua en las que nos ahogaremos.

Presidente del Concejo de Igúzquiza