UPyD ha organizado para hoy un debate en Madrid, continuación de otro similar celebrado en febrero en San Sebastián. Vencedores y vencidos, así han llamado al encuentro, y en él sus primeros espadas quieren convencer al público de que la lucha contra el terrorismo sólo terminará cuando esté claro que unos han ganado y otros han perdido. Al parecer la victoria final aún está lejos y de seguir así existe el riesgo de que España sufra "una derrota invisible de efectos devastadores". El discurso blandito de Jaime Mayor Oreja se va quedando anticuado. Hay que anticiparse a la catástrofe.

A mí, como a ellos, no me gustan bastantes cosas de la sociedad local -y española-. Y me siento muy incómodo, por ponerlo de forma suave, compartiendo espacio con quien aún se cree vegetariano mientras se forra a chuletones: tras casi mil asesinatos, la piadosa moda de algunos paisanos consiste en lamentar tan luctuosos hechos que acontecieron en la rúa, solidarizarse a ratos con las víctimas y seguir amando a los verdugos. Maite zaituztegu, dicen. Y no es siempre un comprensible amor de madre; a menudo es arrebatadora pasión sectaria. Pero sólo un observador prejuicioso o desorientado o dañado o mentiroso sostendría que ETA no ha perdido. Y de un modo paradójico los solemos hallar entre los más fieros amigos y enemigos de la banda.

Al terrorismo se le ha vencido, ganado y derrotado. Quizás el problema de UPyD es que considera también imprescindible la derrota de una ideología que, respetando las normas, aún gana en tantísimos lugares. Entonces está mezclando una justa batalla legal con una pelea partidista. Debería explicarnos si al exigir que haya vencedores y vencidos habla de urnas funerarias o electorales, de muertos o de votos. Y detallarnos qué es eso de vencer a ETA: encarcelar a sus militantes o si de paso incluye arrebatar alcaldías y diputaciones a un adversario político. Porque no es lo mismo, Rosa, no es lo mismo.