Pedro J. es quizás el periodista más influyente de España, y la creación del GAL ha sido el peor delito cometido por el Estado desde que murió Franco. En esa monstruosidad lo más grave fue el secuestro, tortura, asesinato e intento de hacer desaparecer los cadáveres de Lasa y Zabala. En febrero, en el Club Siglo XXI, el director de El Mundo recordó "aquel jueves 16 de marzo de 1995 en el que un servidor público me enseña fotos de esqueletos medio cubiertos por sábanas, uñas arrancadas, restos de apósitos y vendajes... que habían sido salvajemente torturados, antes de ser conducidos y obligados a cavar su propia fosa y de ser sepultados bajo 50 kilos de cal viva. Eran de ellos."

El periodista quizás más influyente de España no publicó enseguida la noticia. Esperó durante cinco días, que en el gremio son cinco lustros, a que se celebrara el matrimonio de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. No quiso que la divulgación de tal escándalo agriara el sarao nupcial. Habría estado feo que la catedral de Sevilla se enlutara por esa desagradable anécdota de dos ciudadanos secuestrados, torturados, asesinados y enterrados de forma clandestina por el Gobierno. Al lado de ese, ya que hablamos de la ex pareja, "cese temporal" del deber informativo, los regalos de boda de Correa son una minucia

Yo tengo muy claro que por encima de profesor y columnista soy hijo y hermano. Supongo que es un sentimiento natural. Hasta la justicia trata de modo excepcional los lazos familiares y perdona ciertas complicidades. Sin embargo no está escrito en la sangre ni en la ley que debamos incumplir nuestro trabajo, en el día más importante de nuestra carrera, por no disgustar a la Corona. No es respeto institucional ni amor de madre; es sumisión y vasallaje. Al menos Pedro J. confesó el detalle. Otros, nunca. Estamos, habrá que repetirlo, en el siglo XXI. Como para que aún nos cuenten que la monarquía es simbólica y la república anacrónica.