Síguenos en redes sociales:

Mírame a los ojos

María Caballero, hija del asesinado Tomás Caballero, ha pedido, entre otros, a Pablo Iglesias que evite que Joseba Asiron sea alcalde de Pamplona. Para ello ha hecho público un artículo en el que cita cuarenta veces a ETA, el terrorismo, los asesinatos..., y en cinco ocasiones a su padre. Como familiar tiene todo el derecho a recordarlo. También como concejal. Lo que no parece tan justo es que un aludido le afee el uso de esa memoria personal, que ojalá fuera más colectiva, para influir en una decisión política y ella le conteste así: “Que me mire a los ojos, que mire a los ojos de mi familia, de mi madre, y me diga a la cara que estamos utilizando la memoria de mi padre”. De paso le ha llamado miseria humana.

No es fácil mirar a los ojos, ni a la cara, de alguien a quien le han matado al padre, al marido, al hermano. Tampoco lo es acertar con las palabras o los gestos, ni siquiera con los que se intenta que sean reconfortantes. Y resulta casi imposible discutir, discrepar o disentir cuando el dolor no solo es la sombra de un debate, sino su mismísimo origen. De modo que María Caballero debería aclarar si habla como víctima directa del espanto, condición que fuerza al prójimo a callarse y ahoga toda desavenencia, o como cargo institucional. Pues en este caso, y solo en este caso, cabe la opción de que alguien se atreva a responderle, con razón o sin ella, pero con la sinceridad, y no la compasión, que cualquier adversario ideológico merece.

Cuando una viuda o un huérfano opinan como tales se hace siempre el silencio, estemos o no de acuerdo. Y ni la gestión de una ciudad ni la disputa por su alcaldía han de ser cosa de mudos.