Tele trituradora

17.12.2021 | 01:13
Verónica Forqué, en una imagen de archivo.

No vi Masterchef, pero en una comida con mi cuadrilla a primeros de noviembre varios me relataron episodios con Verónica Forqué de por medio y por sus palabras se deducía claramente que la excelente actriz y cómica pasaba por evidentes problemas mentales o cuando menos por serios desajustes. No hice mucho más caso, la verdad, puesto que por desgracia es el pan de cada día en nuestra sociedad y, a lo que se ve, una situación que se da con bastante asiduidad en el mundo del espectáculo, más dado tal vez que otros a que se puedan generar desequilibrios. El caso es que poco después Forqué se bajaba en marcha del programa y hace unos días se quitaba la vida, agotada de sufrir, que es lo que normalmente lleva al suicidio a la mayoría de quienes tienen la valentía de hacerlo. El asunto es que luego te queda el pésimo sabor de boca no ya solo por la propia actriz, que ha sido una clásica en nuestras pantallas desde los 80 –recuerdo con especial cariño las noches de los 90 viendo Pepa y Pepe–, sino porque una persona así, en ese estado, fuese admitida para aparecer ante millones de personas y, en segundo término, por el daño que se le hizo desde las redes sociales, que en muchos casos se le lanzaron al cuello con ataques furibundos por su comportamiento. Una persona poco en sus cabales puesta en un escaparate, tirando por la borda una imagen de 40 años y a los pies de los caballos de la borregada que bajo el anonimato escupe sus mierdas y su ira en las redes. Un cóctel tremendo. Evidentemente, tras un suicidio hay causas múltiples y por supuesto las depresiones que ella misma reconocía tener hacía años son la clave, pero seguro que bien no le hizo esa exposición que nunca debió de haberse producido. No es solo ya que tengas que sentir aún vergüenza por contar que tienes ansiedad o depre o que pasas una mala temporada, es que en televisión se hace caja con ello.

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