Isla Busura

Un paso adelante

05.03.2021 | 00:56

Los cortes profundos no son fáciles de curar. Llevan su tiempo. Hay que limpiarlos bien, airearlos y cuidar de que no se infecten. A Inés y a Carmina lo que les dieron en mayo de 1977 no fue un corte, fue un hachazo. A Inés le arrancaron a su padre cuando tenía tres años y a Carmina a su marido. Fueron dos policías. En la Semana Pro Amnistía de Bilbao. A Francisco Javier Núñez le pillaron paseando con su hija de vuelta a casa y le dieron una paliza que fue lo de menos. Al salir del juzgado donde los denunció llegó lo demás. Los dos policías lo metieron en un furgoneta y le obligaron a beber litros de aceite de ricino y coñac. Aguantó 13 días en el hospital. Reventado por dentro. Consciente. En aquella agonía dictó a Carmina un diario que te quema leer. Su hija me lo dejó en 2012 mientras preparábamos el documental Por quién no doblan las campanas en el que recogíamos los testimonios de víctimas de abusos policiales ocurridos entre 1960 y 1978. Un decreto del Parlamento Vasco empezaba a reconocerlas. No fue sólo un trabajo, fue una experiencia dura y un regalo. De los que te llevas. Hijos e hijas de un campanero de pueblo, de un comercial de ciudad, conservadores, de izquierda, con y sin formación, gente anónima y conocidos exmiembros de ETA. A todos la policía o la guardia civil les había matado un familiar impunemente. Torturas, ejecuciones, asesinatos. Porque podían. Porque tenían el respaldo del Estado. Estos días hemos escuchado las conversaciones entre un coronel del Cesid y un capitán de la Guardia Civil reconociendo que a Mikel Zabalza lo mataron las torturas que le infligieron en Intxaurrondo. No ocurrió recién muerto Franco. Fue en 1985. Hay muchos cortes profundos que siguen supurando. Inés Núñez de la Parte hoy tiene 47 años, es abogada, directiva y madre. Ha conseguido que el odio no infecte su herida todo este tiempo. Tras muchos años peleando para que el Gobierno español incluya a las víctimas de abusos policiales como a las de ETA en el relato histórico, en la reparación económica y en el material didáctico que llega a los centros escolares, ha conseguido que la semana pasada el secretario de Estado de Memoria Democrática la recibiera en Madrid. Un paso adelante. Ayer lo hablamos. Ahora el corte puede empezar a cicatrizar.

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