Isla Busura

Deseos

06.11.2021 | 00:51
Deseos

Mi hijo dirige las campañas de marketing de El Corte Inglés y no lo sabe. Lleva un timing impecable.

  • 8 septiembre. Primer día de clase (reencuentros, alegría, expectativas). Ama, ¿cuándo es Halloween?
  • 31 octubre. Día previo a Halloween (preparación de disfraces a última hora, guadaña, calabaza, txutxes). ¿Cuándo es Navidad?
  • 4 noviembre. Primer frío y advenimiento de las lluvias intensivas (abrigos y plumíferos a los armarios, prueba de katiuskas del año pasado). Ama, ¿cuándo llega eso de que ponen más baratas las cosas?

Al final le entiendo. Todos los anhelos materiales que se acomodan como plastilina entre los pliegues de su cerebro han nacido en los escaparates que nos flanquean y los spots con los que segmentan el contenido en los canales infantiles de TV. Hay una danza perpetua de deseos que se persiguen unos a otros. Un ejército de publicistas, juniors y seniors de Marketing se encargan de que no se detenga. Es su misión. Abrir la puerta del deseo y convertirlo en compra haciéndonos creer que ha atravesado el umbral de la necesidad. También son buenos generando una terminología que codifica la realidad del consumo, que si vives en un centro urbano es casi toda la realidad. He descubierto a los freebies. Son esas personas que mueren por lo que nos dan gratis, las de toda la vida. Las que se hacen fuertes en el aperitivo de una expo sin conocer a la artista, ni ganas, ni intención de ver lo expuesto. Las que recogen todas las muestras de gel, champú y perfume en tiendas de cosmética. Las que prueban el dado de queso, el trocito de bizcocho y la aceituna rellena en el hipermercado. Y repiten tres y cuatro veces y ya almuerzan. Todos hemos estado ahí en algún momento y algunos, en todos. Unos visionarios del sampling (el reparto de muestras gratuitas) sustituyeron a esas chicas –siempre– que nos las entregan por una máquina que las expende. Descargas una app, la máquina detecta tu móvil y la deja caer. En centros comerciales de Barcelona y Madrid generaron colas de cien personas. La magia de descifrar el comportamiento.

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