De frente

El día que me pincharon la AstraZeneca

15.04.2021 | 00:27
Una sanitaria sujeta un vial de la vacuna de AstraZeneca.

¿Te he contado alguna vez cuando me vacunaron con AstraZeneca..?". Las generaciones más jóvenes, que no saben lo que fue el Servicio Militar obligatorio, carecen de aquel bagaje de penurias y anécdotas acumuladas a lo largo de un año secuestrados para incorporarlas luego a sus conversaciones. Tampoco se pierden nada. Hay gente que cuarenta años después sigue hablando de sus peripecias cuarteleras, con pequeñas modificaciones en el relato para poner algo de interés a una historia repetida mil veces. Cosas de la edad. Pero cuando los del último remplazo pasen ya al destino definitivo, las generaciones posteriores colarán en sus charletas el día de la pandemia que les inyectaron la dosis de la vacuna de Oxford. Y la narración ya va cobrando cuerpo. Quienes han pasado estos días por Forem o por Maristas son interrogados sobre los síntomas posteriores, el dolor del pinchazo, el tiempo de espera, cuándo te citaron, qué te preguntaron€ Otros, motu proprio, te narran la historia con más o menos carga dramática y detalles: no he sentido nada, apenas he tenido que esperar o me ha dolido la cabeza; o he tenido dolor de huesos o no veas lo difícil que es aparcar. Con todos estos datos hay materia para montar un argumentario y confrontar con otras experiencias.

He conocido gente que volvía medio atolondrada de la mili; ahora, quienes reciben AstraZeneca casi se ven obligados a justificar que apenas han tenido efectos secundarios, aunque los hay también que observando los ojos de su interlocutor (ya somos especialistas en leer en las pupilas porque no sabes la expresión del rostro que cubre la mascarilla) exageran todo lo que pueden para meterle el miedo en el cuerpo. Pasaba lo mismo cuando el recluta se despedía en el andén del tren: "Que no te pase nada, chaval€".

En esta tercera guerra mundial de carácter virológico somos la población atacada y masacrada por un enemigo indestructible y con capacidad de mutación. Nuestras armas no son un fusil cetme para atacar sino una vacuna para protegernos todos y a todos. Sabes que si renuncias a la inoculación ni van a ir a buscarte a tu casa unos tipos uniformados ni te acusarán de desertor por no acudir a vacunarte ni acabarás en la cárcel. Pero cuando en una reunión de amigos (esas sobremesas eternas que nos ha confiscado la covid) hablen de aquel día que les pusieron la AstraZeneca ¿tú qué historia les vas a contar...?

Quienes han pasado estos días por Forem o por Maristas son interrogados sobre los síntomas posteriores, el dolor del pinchazo, el tiempo de espera...

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