La cuenta atrás para la próxima cita con las urnas, fijada en el calendario para el 23 de mayo del año que viene, ya es una realidad insoslayable. Se trata de unos comicios de máxima trascendencia: elecciones municipales y forales en los tres territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y elecciones municipales y parlamentarias en Navarra. Por la propia naturaleza de estos comicios, que se disputan palmo a palmo en cada pueblo y ciudad, los partidos están abocados a redoblar sus esfuerzos estructurales y organizativos. Esta es, hoy en día, una labor compleja en tiempos en los que la actividad política tradicional y la militancia sufren un fuerte desgaste y una evidente pérdida de atracción ciudadana.

La constante labor de erosión que ejerce el extremismo no ayuda. Por ahora, tanto en Navarra como en la CAV, la cultura política y el arraigo institucional hacen que parezcan, hasta cierto punto, territorios blindados contra estas alternativas radicales. El mejor antídoto contra el populismo es la responsabilidad, el rigor en la gestión y la transparencia, teniendo siempre como brújula el interés general. Es imperativo saber conjugar la legítima y necesaria competencia política y electoral con la ineludible colaboración interinstitucional y partidista en favor del bien común.

Tener este principio presente es particularmente importante en un contexto político tan convulso como el español, del que resulta enormemente difícil que Navarra y la CAV puedan escapar o aislarse por completo. En el Estado, el debate político ha sido secuestrado por la lógica de la trinchera y la polarización extrema. El caso Zapatero viene a añadir aún más combustible. La inestabilidad es tal que el guión que manejan los partidos podría saltar por los aires en cualquier momento si Pedro Sánchez, decidiera adelantar las elecciones al Congreso y al Senado.

Esta opción no parece en absoluto descabellada ante una legislatura con síntomas de agotamiento, sin presupuestos, sostenida sobre una mayoría virtual y acechada por la acción de la justicia. Ante este panorama de ruido e incertidumbre, la agenda política tiene que tener clara su hoja de ruta, marcada por los asuntos que más preocupan a la gente. Hablamos de garantizar el acceso a la vivienda, de fortalecer el sistema público de salud, de impulsar el euskera, de consolidar la economía y el empleo de calidad, o de articular un modelo de cuidados digno. En definitiva,