El acceso a la vivienda en Navarra es cada vez más complicado, no tanto por las condiciones de las hipotecas, que siguen siendo relativamente competitivas pese a la subida de tipos, sino por el esfuerzo económico que exige llegar hasta ellas. La hipoteca media firmada este año en la Comunidad Foral asciende ya a 152.871 euros y la cuota mensual ronda los 731 euros. Pero conocemos letras superiores sobre todo en nuevas urbanizaciones en la Comarca de Pamplona y con hipotecas a 30 años que se dice pronto. Aunque las cifras están lejos de las de comunidades como Madrid o Baleares, donde los importes prácticamente duplican a los navarros, la realidad es que afrontar en solitario una letra de este nivel exige contar con ingresos altos y estables, especialmente si se tienen en cuenta el resto de gastos. Además, el principal obstáculo suele aparecer antes incluso de firmar la hipoteca. Los bancos continúan financiando, por norma general, el 80% del valor de la vivienda, lo que obliga a los compradores a disponer de importantes ahorros previos para cubrir la entrada, el IVA y los gastos asociados a la operación. En la práctica, comprar una vivienda nueva de 300.000 euros -un precio cada vez más habitual en parte de la Comarca de Pamplona- requiere contar previamente con cerca de 90.000 euros. Una cantidad difícil de reunir para buena parte de la población joven, incluso teniendo empleo. A ello se suma que gran parte de la oferta residencial nueva sigue concentrada en viviendas familiares de dos y tres habitaciones, en un mercado donde compartir gastos se ha convertido para muchas personas en una necesidad económica. El resultado es que emanciparse o acceder a una vivienda en solitario resulta cada vez más complicado y depende, en muchos casos, de la capacidad de ahorro previa o del apoyo familiar. La vivienda está sosteniendopor lo tanto un modelo profundamente desigual y, en muchos casos, machista. Porque cuando vivir solo resulta económicamente inviable, muchas personas terminan dependiendo de convivencias forzadas o relaciones de pareja para poder acceder a una casa. No se elige compartir vida; muchas veces se comparte porque no queda otra. Y sin contar que en 2025, la edad estimada de emancipación en el Estado era 30,2 años, cuando se deja de ser joven, subraya el observatorio del Consejo de la Juventud; una cifra superior a la media de la Unión Europea, donde la emancipación se sitúa en los 26,3 años.